lunes, 28 de septiembre de 2015

El molino harinero "El Currito Pérez"


           Decía el párroco de la villa de Niebla, don Pedro Valiente en el año 1790, que donde está alojado el último molino de pan de este río, se encuentra enfrente de las colinas  que forman un muro natural, hasta que se pasa a la otra seguida que es conocida con el nombre de la Gapa, que  donde se encuentra el camino por donde transita las carretas que van hasta el vado que llaman de Marisuares, que es pequeño puerto, por donde llegan las embarcaciones que entran por la ría de San Juan del Puerto,  a cargar madera, vinos y demás que ocurre con el comercio para la ciudad de Cádiz; Arsenal de la Carraca e Isla de León.

(Del Diccionario del Geógrafo Real D. Tomás López pag.211).

         Este molino harinero, fue heredado, por la familia de José María Carrasco el “Patuo”. , por Doña Josefa Coronel Guzmán.

       Se encuentra situado en la ladera baja, del sitio llamado Bermejales, término de Niebla, lindando por arriba, con una suerte de tierra, cubierta en gran parte solo, por mata de palma, cuyo propietario es el vecino de Bonares, Ignacio Pérez Bueno, encontrándose en esto momento partida en dos parcelas, que se encuentra frente el molino, conocido con el nombre, de Carril de los Moriscos, hasta llegar al Norte para lindar con el antiguo camino Real de Coches.

         Por el Sur, linda con el arroyo de Los Carrascales, cuyas aguas desemboca en el río Tinto. A mano izquierda del molino, se encuentra otro manantial de agua dulce, parecido al “Charquito Dulce”, pero mucho más pequeño, y protegido por una pared natural, teniendo a su lado de  vecino una de las zonas más pintorescas y curiosa, propio de un paisaje lunar, conocida antiguamente como una zona importante de este río, destinada para la elaboración del cáñamo y del lino.

         Frente el molino, por la parte de atrás y a pocos metros de distancia se encuentra, uno de cal de gran tamaño y al lado, lo que antaño fue una cueva muy profunda; otros de que sus padre le contaban que era una antigua mina, de la época de los moros y que llegaba, hasta el cabezo del alto San Cristóbal.
Pero todo coincide, que era de gran tamaño, pues lo molineros, guardaban, los mulos y los aperos y le servía de complemento de almacén, hasta llegar a un tramo que la galería o mina se encontraba cortado por un derrumbe.

     Hasta que le paso, lo mismo, a la entrada de dicha cueva, allá por los años veinte del siglo pasado, debiéndose, según contaron, a las grandes sacudidas de las vibraciones producidas por las explosiones de los barrenos de las minas de piedras caliza, incluso la muerte en ocasiones de algunos de los trabajadores, como el joven almonteño de 23 años, hermano de Juan “el Palada.”

      En los años buenos de lluvias, como fueron el 1974-75; se apreciaba perfectamente lo que era la entrada de dicha cueva y se podía ver  un agujero, que casi nos permitía a una invitación para poder entrar a visitarla; nos preparamos un grupo de amigos, con la intención de explorarla por medios de antorchas fabricadas de suela de alpargata. Pero, al asomar la lumbre, empezó a salir tal cantidad de murciélagos, que nos vimos obligado, a suspender la bonita aventura.

    No encontramos más material escrito, sobre este famoso y curioso molino harinero, por motivo de la poca colaboración, de los últimos arrendatarios, por lo que hemos de recurrir a los dos cronista oficiales de esta santa localidad; el longevo y con excelente memoria don José Pérez Camacho “Pérez” y como no el fiel colaborador en todas las ocasiones que se le pide ayuda, como lo es don Antonio Barroso “Cortina.”

    El conocido molino  con el nombre de “·Currito Pérez” encontraba en régimen de alquiler, a esta familia de molineros bonariegos desde el primero de años del siglo veinte, mantenido hasta bien entrado los años 50 del siglo pasado, donde los molinos eléctricos  industriales abarataron la mano de obra, y mejor calidad y higiene  en la elaboración del producto de la harina, el alquiler se efectuaba en pago anuales en metálico y en especie.

    Tuvo sus mejores años durante la guerra civil, y luego mejor la posguerra, cuando empezó el trasperlo, donde la harina, como materia prima escasa de primera necesidad, formando parte diaria de la dieta local.

   La dificultad de poder vigilar y controlar este molino, por las autoridades y la guardia civil se debía a la situación complicada y a veces muy peligrosa en que se encontraba alojado, ya que las mayorías de las veces, trabajaban de noche.

    Además de moler el grano de trigo, para extraer la harina, sacaban el afrecho, que antes de ponerse de moda el conocido pan integral, era aprovechado por los animales, entre ellos, el mejor amigo de los lugareños, puesto que habitaba en los corrales de nuestras casas, el querido, apreciado y sufrido cochino, que mezclado con los higos secos formaba unas su dieta alimenticia.

    Se molían las conocidas y sabrosas algarrobas; las harinas de los altramuces y los garbanzos tostados, que servían de sucedáneo del café, como lo mismo le ocurría al grano de la cebada horneada, de hecho la famosa marca sevillana malta “La Braña” perduro en las tiendas locales hasta los años 70 del siglo pasado. Además de ser un remedio eficaz, contra el estreñimiento matinal.


José García Díaz.



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