De la
revista Ciencia Es. De febrero del 2022.
Bajo nuestros
pies, agazapados en la roca dura que lo sustenta, existe una enorme variedad de
vida capaz de sobrevivir sin oxígeno, sin agua líquida y sin luz. Esas criaturas,
comenta el señor, Ricardo Amils, investigador senior del Centro de
Astrobiología, constituyen, según ciertos autores, el 80 % de la biodiversidad
microbiana de la Tierra. Investigar su existencia no solamente ayuda a conocer
los habitantes pequeñísimos de nuestro planeta, sino que abre una ventana a la
posibilidad de que exista un tipo de vida semejante en otros lugares, como, por
ejemplo, Marte. En la superficie del Planeta Rojo, llamado así por el color que
reflejan la abundancia en óxidos de hierro del terreno, la radiación cósmica es
letal para cualquier ser vivo que intente sobrevivir al aire libre, pero en las
profundidades esa radiación no puede penetrar y bien podría haber algún tipo de
vida aferrada a la roca dura. En la Tierra sí que existen microorganismo así,
como ha demostrado Ricardo Amils y un nutrido grupo de investigadores gracias a
un proyecto que, durante 10 años, ha perforado y extraído información de la
biodiversidad que puebla una capa subterránea rica en mineral de hierro y azufre
conocida como la Faja Pirítica Ibérica. Es la dominación con la que se conoce a
una vasta concentración de sulfuros masivos que se extiende a lo largo de gran
parte del sur de la Península Ibérica. Tiene alrededor de 250 km de largo y de
30 a 50 de ancho, abarcando desde la zona de Alcácer do Sal (Portugal) hasta la
provincia de Sevilla.
Uno de los lugares
más emblemático relacionado con la Faja Pirítica Ibérica es Río Tinto, en
Huelva, un lugar donde, gracias a una larga actividad minera, emergen aguas con
elevado contenido en hierro y ácido sulfúrico que le dan color que recuerda al
vino tinto. Allí existe una biología que, adaptada a condiciones extremas,
tóxicas para la mayoría de los seres vivos. Algunos investigadores piensan que
en las condiciones tan especiales eran debidas a la actividad minera, pero
otros sostienen que es debida a la actividad de ciertos microorganismos ocultos
en la roca primordial como así quedó demostrado.
Para corroborar
esa segunda hipótesis en 2012 comenzó una investigación enmarcada en el
proyecto (IPBSL). Financiado con una fuerte cuantía económica por parte de
(ERC). Gracias a los fondos recibidos se pudo llevar a cabo una campaña de
perforación para extraer muestras de la Faja Pirítica Ibérica en distintos lugares
y a distintas profundidades. Los testigos de roca obtenidos desde entonces, han
permitido el estudio de los microorganismos existente en la roca dura situada a
más de 600 metros de profundidad.
Distintos métodos
aplicados han logrado demostrar la existencia de microorganismos cuya actividad
nunca antes había sido observada, así como la existencia de biopelículas que se
consideraban improbables dadas las condiciones limitantes de energía existentes
en el subsuelo.
Las secuencias de
las huellas genéticas existente en las muestras han revelado que, en la roca
dura, en ausencia de luz, existe una gran biodiversidad de organismos que
forman lo que hemos denominado “Biosfera oscura”.
El equipo al que
pertenece, Ricardo Amils, ha logrado demostrar la existencia de microbios
capaces de oxidar el hierro en ausencia de oxigeno generando en el proceso el
hierro soluble y el ácido sulfúrico que aparecen en las aguas ácidas y
corrosivas del Río Tinto.
En la foto don Ricardo.
Utilizando las
más avanzadas técnicas, los investigadores han logrado identificar y observar
en laboratorio 17 tipos diferentes de microorganismos, los “17 principales”,
dice Ricardo Amils en esta entrevista. Estos resultados no solamente hablan de
la existencia de esa biosfera oscura en nuestro planeta, sino que plantea la
posibilidad de que exista también una vida de características semejantes en
Marte y en otros cuerpos del Sistema Solar.
De esta forma lo explica el catedrático de
Microbiología de la Universidad Autónoma de Madrid, el hombre que desde hace
más de 30 años se postuló a enfrentarse con los políticos de turnos, que
animado por la Junta de Andalucía cuando estos intentaron destruir el poquito
río que nos quedaba, con la idea de transformarlo en uno con caudal para
emplearlo como medio para el regadío, y de camino se perdiera alguna cuantía
económica, ya que contaban con un presupuesto de cerca de dos mil millones de
las antiguas pesetas.
Don Ricardo, en la
más completa soledad recurrió a la Unesco, pidiendo una moratoria para salvar
este Río, por la importancia que podía tener a nivel europeo para su
investigación y dejarlo como uno de los más interesante a nivel mundial, y así
lo consiguió.
José García Díaz.