Corría el año de
1964, cuando el día 16 de mayo el corresponsal titular de esta ciudad hacía
público el citado artículo:
La estación de Las Mallas es hoy en Niebla una
nueva incógnita para toda la gente locales y de los alrededores; puesto que no
sabemos a qué carta quedarnos; los que ineludiblemente tenemos la obligación y
necesidad de ir diariamente a esta estación, estamos perplejos ante el porvenir
que se nos avecina, como así también a aquellos viajeros que visiten nuestra
ciudad.
Cuando en el
pasado año iniciamos la campaña pro-reconstrucción del muro que divide la vía
férrea con la carretera general y pedimos con insistencia el alumbrado de la
estación (incompleto hasta ahora a pesar del tiempo que se puso), no sabemos
porque causa, se nos cerró el acceso a la misma, alegándose que era un peligro
pasar las vías y se nos abrió una especie de “ratonera” en el paso a nivel,
unos cien metros más hacia Huelva, con unas traviesas de madera puesta
perpendicularmente y otras para evitar entrasen las caballerías por donde
tenían que entrar las personas, tan estrecho todo, que cualquier señora un poco
gruesa, tenía que hacer violentos esfuerzos para poder pasar por aquel curioso
“paso de peatones” y dejarse en las aristas de madera parte de sus vestidos.
Se nos puso en
dicho sitio un cartel muy “mono”, en el que amparándose en determinado artículo
del Código Penal, nos quitaba todo derecho a reclamación a la RENFE caso de que
un tren nos arrollarse al pasar por una entrada que la RENFE había abierto para
evitar que, precisamente frente a la misma taquilla del ferrocarril donde están
todos los empleados vigilantes, pudieran arrollarnos un tren; es decir, que
mientras que se nos obligaba a pasar por un “paso” donde no había absolutamente
ninguna vigilancia (cadena echada y
ratonera abierta), sino un letrero haciendo dicha advertencia, se nos prohibía
circular hacia la estación por un sitio done cualquier peligro podía ser
evitado por los citados empleados que frente a este “paso” que llevaba
utilizándose hacía más de cuarenta años, están estacionados continuamente.
Ahora, puestos a
cerrar a este paso y a colocar un muro que cierre todo acceso a la estación se
han comenzado las obras y según tenemos entendido, se va a construir una
estación para la RENFE - ¿ya era hora? -, pero esos cien metros más hacia
Huelva que decimos, hacen que el viajero, tanto de Niebla como de fuera, que
tanto han clamado porque la estación estuviera más cerca del pueblo, se vean
condenados a andar los mismos en vez de disminuirlos; parece ser que en
principio se acordó por los altos cargos de la RENFE en Huelva que tanto
interés se toman por todo cuanto pueda beneficiar al público, que al cerrar con
este muro toda la parte descubierta de la carretera desde un paso nivel a otro,
dejar una pasarela frente a lo que es hoy el despacho de billetes de la citada
Compañía –propiedad de la de Río Tinto -, pero parece ser también que esto, a
última hora, no ha cuajado, sin duda, porque es más fácil “facilitar” a los
viajeros el andar unos cien metros más, que abrir esta pasarela que sería, a
nuestro juicio, al de todos los viajeros y al de los empleados de la RENFE, lo
mejor que se hubiese realizado.
No hay duda, que
hay otra solución, magnífica a todas luces y es que entre el paso a nivel que
existe frente al muelle de mineral de la Compañía de Río –Tinto, hasta la
casilla de la RENFE más hacia Niebla, hay un espacio magnífico para montar una
estupenda estación y si ésta no fuese posible –todo es posible cuando se
quiere-. Por exigencias técnicas, si un apeadero servido por un factor para
atender a los viajeros en las horas de esta clase de trenes –ocho en total
entre ascendentes y descendentes- con lo que la distancia de la misma se
acortaría en unos setecientos metros o más desde donde se pretende hacer la
estación hasta el sitio que proponemos; de esta forma, la estación o apeadero
estaría mucho más cerca del pueblo y la Compañía ganaría a todas luces, aparte
de que daría satisfacción a esos viajeros.
Sería
conveniente que las autoridades de Niebla se interesasen por este importante servicio,
pues no creemos sea difícil de llegarse a una inteligencia, máxime cuando
conocemos el gran interés y deseos que tienen los referidos jefes en servir
siempre los intereses de los viajeros y sus empleados, como así también los del
pueblo general, más aún, cuando estamos con la perspectiva urgente de montarse
una “fábrica de cemento”, precisamente frente adonde insinuamos debiera
estacionarse este apeadero o estación.
José García Díaz.