Corría
el año del 2002, cuando el 24 de julio el Presidente de la Junta de Andalucía,
inauguró el Museo Marino de Matalascaña, recibiendo un gran abucheo por parte
de los asistentes al acto, que quedó bien deslucido por donde el Chávez nunca
lo perdono semejante faena.
El
museo que iba a revolucionar el ocio cultural en esta sufrida y maltratada
playa, con este gran complejo turístico, dentro del dominado “desarrollo
sostenible”, donde los que tuvimos la suerte de conocerlo quedamos
impresionados por su gran e interesante labor expositoras sobre el Mundo
Marino, ya que se podía estar catalogado dentro de los primeros e interesantes
de toda la región andaluza centrado especialmente en los cetáceos como los delfines,
ballenas etcétera. junto con sus esqueletos reales y réplicas a tamaño natural
para demostrar una parte de los secretos que guarda la mar costera para dejarlo
poco tiempo después y colocarlo en una de las más grande de las “chapuzas
andaluzas”.
Su nacimiento fue por los años 90 del
siglo pasado, cuando un grupo de expertos escogidos para este fin desarrollaron
varios proyectos que fuesen óptimos, para la creación de este museo en el
citado Parque Dunar. Los dictámenes elaborados redactados por estos citados
expertos aclararían que sería una gran oferta de cara a fomentar el turismo
recreativo, manteniendo el aprovechamiento y la conservación de todos los
recursos naturales que ofrece este espacio para el disfrute de la duna y de los
ecosistemas que regalan este hermoso lugar.Que terminó con un sobrecoste de 20
millones de euros y diez años para terminar su construcción y luego en pocos
años dejarlo abandonado por no contar con la ayuda pública necesaria para
mantener su labor cultural.
Tan
solo tres meses después de su inauguración más de 11.000 persona habían
visitado el Museo Marítimo, contando que los primeros 15 días fueron de
jornadas abiertas, entraban una media diaria de 200 a 300 personas. Según el
gerente “José Luís Nieva” la alta valoración de los visitantes y sus
recomendaciones a terceras personas están siendo una de las mejores armas de
difusión de este complejo turístico”, cuyo precio de la entrada era de cinco
euros los adultos y los niños acompañados gratis.
Fuimos muchos los visitantes que firmamos en
el libro de visita, haciendo constar la gran labor cultural que representaban
en toda la zona de la Provincia de Huelva, donde no podíamos imaginarnos los
pocos años que le quedaba de vida, a pesar de la gran inversión realizada en
semejante proyecto por los fondos europeos del desarrollo regional, como los
conocidos Feder.
El gerente y monitor, que tuve la suerte de poder conocerlo.
La
segunda visita realizada fue en verano del 2008, donde pude observar como
complemento al mundo marino una exposición sobre los invertebrados del mundo,
(Como hacía constar la hoja publicitaria informativa) formada por corales y
moluscos de todo el mundo junto con un grupo de pequeños animales marinos,
además, de una recopilación de fósiles del campo de la provincia, donde se
destaca varias unidades del pueblo de Bonares.
El
diario Huelva Información, calificaba en aquellos días que esta exposición la
componen unas 4.000 piezas formando una de las colecciones privadas más
importante de España, haciendo destacar el centenar y medio de corales
recolectados en diferentes puntos del territorio nacional, y muchos de ellos se
encuentran alojado en el fondo del mar, por lo que lo hace muy difícil
obtenerlo y más aún conocerlo. Pero lo que más destaca de las cosas expuesta y que
más estaba llamando la atención, es una de las especies de almejas más grande
del mundo cuyo peso ronda en torno de 50 Kilos de peso.
Estuvo
un breve tiempo competiendo en visitas con el museo más importante que en
aquellos años tenía Huelva, como era su Museo Provincial, que contaban y
cuentan con más de veinte trabajadores por parte de la Junta de Andalucía.
Pero
casi en diez años después, este grandioso Museo Marino cayó en las mayores de
las desgracias, por donde cada año entraban a visitarlos menos visitantes,
demostrando el poco interés que demostraba turísticamente como alternativa cultural
playera, por donde las deudas se iban acumulándose por no contar con las ayudas
necesaria en subvenciones para su mantenimiento por parte de las autoridades competente,
tanto de la Junta de Andalucía, como el Ayuntamiento de Almonte, que veían que
la cultura no da votos a los interesados políticos de manos largas.
José
García Díaz.
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