Pinceladas de la historia de Bonares
domingo, 19 de julio de 2026
sábado, 18 de julio de 2026
La Carta Arqueológica Municipal.
Con este nombre
de la Carta Arqueológica Municipal, está basada en los datos recogidos en un
inventario, de la mayor parte de los yacimientos conocidos, junto a los restos
superficiales de aquellos materiales encontrados en su mayoría dentro del término
de este pueblo, realizada por el profesor Pérez Macía.
Siguiendo sus
trabajos, encontramos el paraje el de La Ranosa. En una elevación inmediata al
nacimiento del Arroyo Hondo, y teniendo de vecino el paraje del Corchito, se
encuentra en el límite de los limos arenosos y las arenas de Bonares. El
material cerámico, muy fragmentado a causa de la roturación, con evidencia una
ocupación prolongada de sitio.
A un primer momento
corresponden cerámicas a mano, pequeñas láminas de sílex, y hachas pulimentadas
de pequeño tamaño, que podría situarse en el IV milenio a. C., aunque es
probable que la ocupación se extienda hasta bien entrado el III milenio a. C. a
juzgar por la presencia de algunos fragmentos de plato de borde engrosado. Sin
solución de continuidad el asentamiento volvería a ser ocupado durante el
Bronce Final, y a este momento corresponden algunos fragmentos de cazuelas a
mano, bruñidas, con carena en el tercio superior y borde ex vasado de perfil
almendrado. Finalmente, existen evidencias de un asentamiento rústico romano,
con fragmentos de materiales de construcción, ánforas de la forma conocida como
Keay XXII, Sigillatas Focenses, y algunas formas a mano de bordes exvasados que
pueden situarse en estos momentos a pesar de que la ocupación prehistórica esté
también atestiguada por la cerámica a mano.
Este
asentamiento se encuentra en una viña y la mezcla de estos materiales con
cerámicas modernas por el estercolado y la roturación, no permite situar con
exactitud los límites de cada período de ocupación.
La Suerte I.
Asentamiento en ladera sobre la línea de cerros que separan la cornisa del
alcor de Bonares y el valle del río Tinto. Suelos de margas de tipo Alfisoles.
El hábitat tiene dos períodos de ocupación, uno tardorromano y otro andalusí.
Los restos
tardorromanos, especialmente las Sigillatas africanas que son de los siglos IV
y d.C., y muchos de sus materiales de construcción fueron aprovechados en el
asentamiento posterior.
Los materiales cerámicos andalusíes, cuya dispersión se
correspondería como una pequeña alquería, nos permiten considerar una ocupación
desde el siglo X d.C. a la primera mitad del siglo X d.C., a la primera mitad
del siglo XII d.C.
La Suerte II.
En la misma zona de la Suerte, pero algo separado del anterior, hemos podido
diferenciar un hábitat del Bronce Final y Periodo Orientalizante, definido por
cerámicas a mano bruñidas, con formas de vasos bicónicos y cazuela de carena en
el tercio superior y bordes exvasados de perfil almendrado, asas de ánforas fenecías,
y bordes de pithoi de cuello
estrangulado, bocas acampadas, y asas de sección gemida. Abundan también las
manchas de escorias de plata del tipo de sílice libre y nódulos de gossan,
mineral de las monteras oxidadas de las masas de pirita del Ándevalo.
La extensión de los restos y la abundancia de este tipo de escorias por todo el asentamiento, permiten considerar que una ocupación prolongada, que iniciaría en los albores del I milenio a. C. y se extendería hasta el siglo VII a. C. Ocupa más de una hectárea, lo que evidencia su importancia en el poblamiento de la margen del río Tinto durante estos momentos.
La foto expuesta en la entrada del blog, es la correspondiente a la que encontramos en la parte del cabezo del "Corchito" donde se aprecia parte de una vista parcial, del entrañable paraje que forma "La Ranosa", de frente era el lugar conocido como la cantera de arena "La Campanera", durante siglos servió para abastecer las obras locales, solo para su enlucido ya que eran de muy mala caliadad, por ser muy fina para otra labor de conctrucción.
Durante años, los enlucidos de las fachadas de estas arenas habían admitido el blanqueo por parte de la cal, desde el periodo romano, arabe y demás, pero cuando se comienza a utilizar las pinturas sinteticas metalizadas, para los enlucidos en los años 60 del siglo pasado, estos se venía al suelo, por presentar su baja calidad de conservación.
Mientras en la foto de abajo, aparece de nuevo el bosque de "La Ranosa" en la parte que se encuenta bastante clareada de sus pinos piñoneros, lo que hace de nuevo que el grupo Ecologista Madroño de Bonares, con su lider incombustible Juan Francisco Pérez, diera comienzo el día 5 de junio del 2022, la repoblación en este terreno con unos 250 plantones de retoños, en celebración del Día Mundial del Medio Ambiente.
Las Tozas. Se
encuentra en una de las zonas altas sobre la vega del citado río Tinto, cercano
al término municipal de Lucena del Puerto, sobre el suelo de Arenas de Bonares.
Los restos encontrados son de carámicas a mano y fragmentos de lascas de
desecho que evidencian un pequeño hábitat de corta ocupación del Neolítico
Medio-Final.
Valdecanto. Sobre
una loma en el nacimiento del Arroyo de los Granados, junto al Arroyo Hondo.
Suelo de limos arenosos de tipos Entisoles. Valdecanto es otra pequeña alquería
andalusí que se sitúa en las alturas aterrazadas que van rodeando las cañadas
formada por los arroyos, sobre los mejores suelos de calidades edafológicas,
las margas y los limos arenosos, desde el límite de éstos hacia la vega del río
Tinto. La tipología de la cerámica encontrada presenta tipos conocidos en los
restantes asentamientos andalusíes de la zona, y delimita un período de
ocupación del siglo XI d.C. hasta la primera mitad del siglo XII, sin
perduración en época almohade.
El Villar. En el Cerro de este paraje,
junto al Arboreto del Villar, en la carretera de Bonares a Mazagón. Con suelos
de arenas cuaternarias. Las repoblaciones de eucaliptos han puesto al
descubierto un hábitat prehistórico Neolítico o Calcolítico, con cerámicas a
mano con tipos de cuencos al borde entrante, platos de borde entrante, platos
de borde reforzado, e industria lítica de pequeñas láminas de sílex. Algunos
fragmentos de galbos vidriados y un borde de ataifor con cubierta vítrea
trasparente son también indicios de una ocupación andalusí de los siglos XI y
XII D.C.
La Zahurdilla.
Sobre las partes más alta de este pueblo, en las proximidades de la carretera
de acceso al casco urbano desde la comarcal que se dirige hacia Almonte.
Predominan las cerámicas a mano decoradas, con impresiones y acanaladuras, los
molinos de mano, y las hachas pulimentadas. Este registro cerámico y lítico es
ya conocido en la zona a partir de la publicación del asentamiento de La Dehesa
en Lucena del Puerto, al que se ha asignado una cronología del Neolítico
Medio-Final del IV milenio a. C.
José García Díaz.
miércoles, 15 de julio de 2026
Los asentamientos arqueológicos de Bonares.
Dentro de las prospecciones
superficiales desarrollada por el profesor don Juan Aurelio Pérez Macías en el
año de 2001.
El
primero que recoge este catálogo, es el yacimiento del conocido por los vecinos
locales es el Alto de la Piedra. Que se encuentra sobre un pequeño cabezo muy
cerca del río Tinto. Es una de las alfarerías que deben su origen a las
posibilidades de comercio fluvial del cercano asentamiento de los Bojeos y a
las cualidades plásticas de las margas azules sobre las que se asienta la
factoría. En las barrancadas se han puesto al descubierto dos hornos cerámicos
de planta circular y pilar central, un tipo de horno bien documentado en Hispania. No obstante, desconocemos su
producción, aunque es probable, que estuviera diversificada como otras figlinae próximas.
El material
cerámico recogido es de los siglos IV y V d. C., bien definidos por la las Sigilaras
africanas, además de Sigílate Lucense y diferentes variedades de piezas de
ánforas.
La curiosa y bonita foto que se expone en la portada es uno de los hornos catalogado, despés de 24 años pasados, pero los temporales los volvieron de nuevo a la vista, para mostrasno que los romanos, hace ya 2,000 ya notaron la importancia que ha tenido este pueblo en su historia la cerámica como medio de vida.
Lo más curioso de este milinario horno, es como se contempla que en su centro ha servido para criar un olivo, que actualmente cortado y seco por los avatares de los años.
Arenales I. (para los lugareños que somos tan complicado con el vocablo lo conocemos como sitio de los “Cerenales”). Se sitúa sobre una loma de las alturas que dan vista al río Tinto, sobre suelos de limos arenosos de tipo Entisoles, muy próximo a los asentamientos tardorromanos de Alto de la Piedra y en los de los Arenales II. Por su extensión puede considerarse una pequeña alquería, muy conocidas por sus vecinos de las tierras de Manolito Benito.
Aunque no ha
aportado gran cantidad de material cerámico, los tipos representados se
encuadran dentro de los siglos X y XI d.C., son pequeños ataifores con
decoración de verde morado, ataifores con cubierta vítrea transparente, y
marmitas de borde saliente.
Arenales II.
Sobre una elevación cercana al Alto de la Piedra se encuentran los restos de
una villa rústica romana, que puede
corresponder al área de vivienda de le fundus
al que correspondería esta alfarería.
El
material cerámico nos señala un largo período de ocupación que se extiende
desde el siglo I d. C., bien representado por las sigillatas Hispánicas, hasta
los siglos IV y d.C., al que pertenece los trozos encontrados de las sigillatas
africanas.
Arroyo de los
Granados. (Antiguamente conocida como “La Caña del Ganado”, cuyas aguas termina
en el Puente de las Pasas; en el mismo arroyo, según en el año de 1785 el cura
cronista local don Diego Garrido afirmaba que había alojado un manantial de
agua sulfurosa medicinal). Se encuentra
situada al Sur del casco urbano de este pueblo, concretamente en el nacimiento
del citado Arroyo, el asentamiento ocupa un pequeño cerro, cercano a un
asentamiento tardorromano. Suelos de limos arenosos de tipo Entisoles. La
dispersión del material cerámico lleva a considerarlo como una alquería.
Contando que los restos superficiales son muy escasos, los encontrados son
algunas formas de jarras de acarreo que siguen los tipos de los siglos XII y
XIII d. C.
El Belbí. Situado en la allanada que se
encuentra entre el alcor de este pueblo y el río Tinto. Con suelos de margas de
tipo Alfisoles. La dispersión del material cerámico corresponde en extensión a
una pequeña aldea. Presenta dos ocupaciones, una romana y otra andalusí, entre
las cuales seguramente no hay biatus. Los
materiales romanos más abundantes son las siguillatas africanas de los siglos
IV y V d.C., aunque no faltan materiales más antiguos, siguillatas itálicas e
Hispánicas del siglo I d.C. Las cerámicas encontradas son andalusíes más
características son las marmitas de cuello carenado, de los siglos XI y XII
d.C. faltando formas almohades, momento en el asentamiento debería estar
abandonado debido a los fenómenos de concentración de población que hemos
detectado en esta época. Abundan también las escorias de forma de instalaciones
doméstica siderúrgicas.
En la foto encontramos el curioso paraje, que lleva en su espalda el nombre de Matamujeres, para tras de su macabro apelativo, lo encontramos documentado en el plano local de don Tomás Lopez, del año de 1785.
También, por parte de estudiosos del A.M.N., creen encontrar que este nombre podría estar definido, como una matanza de mujeres cristianas por parte de los serracenos, pero sin definir el lugar o paraje ??
--------------------En Bonares. Del casco urbano de este pueblo procede un vaciado de tierras arrojadas en las escombreras del río de esta localidad, en las que hemos recogido cerámica a mano del III milenio a d. C. Entre las forman predominan los platos de bordes almendrado, los cuencos paraltados, y los cuencos de borde entrante. Con estos materiales permiten suponer la existencia de un hábitat de la Edad de Cobre, aunque desgraciadamente no hemos no se ha podido encontrar la zona exacta donde se extrajeron estas tierras citadas.
Buenavista. Se
encuentra una pequeña meseta que bordean el Arroyo Hondo y el Arrollo de la Huerta
Vieja, muy próximo a los asentamientos contemporáneos de la citada de Huerta
Vieja y Herrería, con los que formaría una unidad de poblamiento disperso. Con
suelo de margas de tipo Alfisoles. Se trataría de una pequeña aldea, cuyo
núcleo central sería el asentamiento de una pequeña aldea, cuyo núcleo central
sería el asentamiento de la Herrería, topónimo que está relacionado con las
escorias que aparecen en la zona, una pequeña producción siderúrgica por la
explotación de las costras ferruginosas de los alrededores. Los tipos de
ataifores y marmitas situarían el asentamiento entre el siglo XI y la primera
del siglo XII, e incluso en los comienzos de época almohade.
Cañada de las
Vacas. Este asentamiento se encuentra en la penillanura que bascula ligeramente
hacia la red hidrográfica de Guadalquivir, en los alrededores de la carretera
de Bonares a Rociana del Condado. El material arqueológico aflora por el
trazado de un camino vecinal que se dirige hacia una granja de pollo próxima, y
es imposible conocer sus dimensiones exactas, aunque debe inventariarse como un
establecimiento rural. Suelos de limos arenosos de tipo Entisoles.
Las cerámicas y
el material constructivo son de época romana, y aunque falten especies de mesa
pueden en el siglo I d.C. Entre las cerámicas destacan los dolios, las orzas de
borde saliente, y las ollas de cocina. Faltan comunes africanas, que se introducen a partir de finales del siglo I y
comienzos del siglo II d.C.
Los Charquillos. Asentamiento rural romano en
suelos de limos arenosos en los alrededores del cruce de las carreteras de
Lucena del Puerto-Rociana del Condado y Bonares –Mazagón. Ha sido parcialmente
destruido por la construcción de una gran balsa de agua para el riego de una
plantación de fresas. El material cerámico responde a formas tardías de los
siglos IV y V d. C., momentos bien definido por las siguillatas africanas.
La Cruz del
Calvario. Próximo a la carretera que desde este pueblo se dirige a Lucena del
Puerto, en los alrededores de esta peana, abundan los materiales de
construcción de módulos y tipología romana. El material cerámico es escaso, y
se destaca como índice cronológico un fragmento de galbo de sigillata africana
estampillada, que fecha el asentamiento en época bajo-imperial. Debe tratarse
de una pequeña villa rustica.
Cuesta
de la Venta. (Antigua Venta de Isidro el Manco) Junto a la Casa del Pino, a la
entrada al casco urbano de este pueblo. Suelos de limos arenosos de tipo de
Entisoles. La extensión del asentamiento se corresponde con una pequeña
alquería. El registro cerámico es uniforme, y se destacan los ataifores con
decoración de verde y morado y las marmitas de cuerpos ovoides y bordes
salientes. Este elenco puede situarse en el siglo X y la primera mitad del
siglo XI d.C. (esta venta tenía incorporada en su trastero una cueva almacén y
cuadra excavada en la barranca).
Los Espinos. En las
proximidades del nacimiento de una de las barrancadas que forma el Arroyo
Hondo, que desagua al río Tinto.
Suelos de limos
arenoso de tipo Entisoles. El asentamiento ha sido muy afectado por el arado
superficial y el resto de material está tan fragmentado que casi imposible su
descripción. No obstante, en uno de los barrancos se ha podido recoger una
pátera de sigillata africana del siglo IV d.C., que coadyuva a asignar una
cronología tardorromano, pero no puede descartarse totalmente una ocupación en
siglos anteriores.
La Cerca. Junto
al asentamiento andalusí de la Barrera, pero solo sobre las partes más altas
del mismo, en el Cabezo Molino de Viento, abundan las cerámicas a mano,
pequeñas láminas de sílex, y hachas pulimentadas, que delatan una ocupación
asignable en el Neolítico Medio Final, similar a otros asentamientos conocidos
en la zona.
Majada del
Avispero, En las inmediaciones del Arroyo de la Vaqueriza, que drena a la
cuenca del Guadalquivir, en su intersección con la carretera de Bonares a
Mazagón. Suelos de arena cuaternarias. Este terreno está plantado de eucaliptos
y abundan en superficie cerámicas a mano atípicas y escorias de plata del tipo
de sílice libre. Debe de tratarse de un asentamiento de Bronce Final y Período
Orientalizante, que se aprovechó del comercio de Minerales entre el Ándalo y la
costa. La situación del asentamiento señala una línea de contacto y comercio de
minerales de plata entre la ribera baja del río Tinto y la desembocadura del Guadalquivir.
Matamujeres. En los alrededores del casco
urbano de este pueblo, camino del Corchito, se encuentra sobre un manto de
costras ferruginosas y las arenas cuaternarias. Cuyo el registro arqueológico
está formado por cerámicas a mano, en su mayor parte en forma de cuencos,
abundante industria lítica, laminitas, núcleos, y puntas de flechas, que
remiten a un ambiente de Neolítico Final.
Los Matillos.
Asentamiento en alto junto Arroyo Hondo. Entre la cerámica recogida destacan
algunas formas a mano, bruñidas, con arena alto, borde ex vasado, y algunos
fragmentos de asas amorcilladas de ánforas fenicia. Abunda también la escoria
de plata del tipo de sílice libre.
José García Díaz.
lunes, 13 de julio de 2026
¿La escritura es de Huelva o de Sumeria?
Así se expresaba un artículo, rescatado de la
revista mensual de Muy Interesante, en agosto del 2006, sobre la piedra alojada
en el Museo de Huelva, que mantiene unos signos escritos que pueden replantean
la historia del Mediterráneo.
Hasta ahora, se
creía que la escritura había llegado a la península ibérica con los fenicios
–entre 900 y 800 a. de C.-, tras haberse sido inventada en Súmer 2.500 años
antes. Pero una profesora de Historia Antigua de UNED, Ana María Vázquez Hoys,
acaba de descubrir que tal vez no fuera así. Después de examinar algunos útiles
–un pulidor de flechas y una pequeña urna –del Museo Arqueológico de Huelva
encontrados en las tumbas megalíticas de una antigua cultura onubenses -4.000-3.000
a. de C.-, comprobó que en dos de ellos aparecían signos escritos.
Transcribió los
mismos y vio que algunos eran similares a las letras N, W y Ñ, y que en
ocasiones los signos se repetían. Ya se habían encontrado escritos del mismo
periodo en otras zonas de Europa, por lo que Vázquez Hoys pensó que tal vez
alguien hubiera llevado estos objetos hasta Huelva. Pero no, la arcilla con la
que se hicieron era local. Esto apoya la mención de Estrabón de que los
turdetanos, habitantes del sur de la península ibérica, poseían leyes escritas
en versos de 6.000 años de antigüedad. Aún no se ha descifrado el significado
de la grafía, pero el descubrimiento cuestiona que la escritura llegara a
Europa procedente de Oriente. “Se han encontrado en Europa signos de escritura
anteriores a Súmer y en las cuevas de Altamira -18.000 a. de C.- puede que haya
algunos que revelen la firma del artista”, explica la investigadora. Con estos
hallazgos, no es descabellado plantearse si no fueron los habitantes del sur de
la península quienes enseñaron a escribir a los fenicios.
Este hallazgo,
fruto del azar y de la curiosa mirada de la historiadora, pone en evidencia
muchas teorías hasta ahora defendida, y, sobre todo, otorga a Huelva una
importancia que nadie daba a la provincia en esa época. “Nadie suponía que en
aquella época pudiera haber signos de escritura aquí, ni en Huelva ni en
España”, asegura Ana Vázquez Hoys. De hecho, “las más altas cronologías en
contexto arqueológico para escritura paleo hispánicas correspondían al siglo
VIII, últimamente al 900 antes de Cristo”, como lo explica en unos de los
artículos publicados en su web a raíz del descubrimiento. Todo esto quiere
decir que encontrar estos signos en Huelva ha sido como “de repente
encontráramos un ordenador en la época de Jesucristo”, compara gráficamente.
Si hasta entonces
estos estos útiles con sus signos escritos habían pasado desapercibidos ha sido
a causa de una pequeña confusión. “El excavador que descubrió los útiles (y que
más tarde se convertiría en el primer director del Museo Provincial onubense),
Carlos Cerdán, y el matrimonio alemán Leisner, especialistas en megalitismo de
la Península Ibérica, (en aquellos años los que afirmaban los alemanes, había
que admitirlo como una verdad verdadera) se refirieron a ellas en 1947 como
escrituras ibéricas, sin embargo, los investigadores superiores que se referían
a Ibéricas, de los íberos, más o menos del 500-300 a. de C.-. Esta es
probablemente la causa por la que estos signos escritos estén expuesto en el
Museo de Huelva sin que nadie reparara en ellos, al menos hasta el pasado año
que tropezó la profesora con ella.
La importancia que
tiene este descubrimiento es que “toda la protohistoria de la Península se va
al garete” afirma claramente la profesora Vázquez Hoys, aunque suaviza su
afirmación añadiendo que todo hay que tomarlo como un inicio, “hay algo
diferente a lo que pensábamos, ahora hay que estudiar, investigar, buscar…El
abrir el camino es lo más difícil.” Dado que todo esto es hipótesis de trabajo,
y es lamentable que en Huelva no se esté haciendo nada al respecto, ya que sus
nuevos planteamientos sobre la Protohistoria Peninsular, está basado en la
existencia de antiguos signos de escrituras en Huelva están siendo escuchadas
por especialistas de toda Europa, pero lo que “yo no puedo hacer es meterme en
el campo de los prehistoriadores de Huelva, son ellos los que se tienen que dar
por enterados”.
El descubrimiento
de la profesora Ana Vázquez en Huelva junto con otros nuevos hallazgos en
Europa, ya viejos, puestos que los investigadores llevan refiriéndose a ellos
desde el primer tercio del siglo XX, que adelantan miles de años antes de C.-
la presencia de signos escritos en nuestra cultura europea. Donde se puede
suponer, que algunas de sus afirmaciones obligan a entender la importancia y
dimensiones de este citado descubrimiento que, pese a todo, está pasando
desapercibido en Huelva. Supondría que este replanteamiento, no afectaría
exclusivamente a la península, sino al mundo Mediterráneo entero.
La lista de
cuestiones que el hallazgo onubense empieza a ser interminable cuando la
profesora Vázquez Hoys hace referencia a un historiador griego, Estrabón, “quien
hablaba de la existencia de leyes en versos de más de seis mil años de antigüedad
de los turdetanos, herederos de los tartesios en el sur de España.”
“¿Recogía el
historiador de la época de Augusto una tradición de “antiguas escrituras”, cuyo
primer documento ahora se ha apreciado en Huelva? ¿Fue el recuerdo de un “glorioso
pasado protohistórico” lo que los historiadores griegos reflejaron en las
fuentes escritas de “Tartesos”, ese Tartesos que no terminase de aparecer… y
que, tal vez, no acaba de desvelar uno de sus secretos?” (P.Nogales).
José García Díaz.
viernes, 10 de julio de 2026
Prospección arqueológica superficial en Bonares.
Dentro del Anuario Arqueológico de
Andalucía 2001.Por el profesor don Juan Aurelio Pérez Macía.
En este trabajo
es donde se da a conocer el resultado desarrollado en el término de este pueblo
de Bonares, y se ofrece una evolución del poblamiento en la zona, que alcanza
las mayores densidades durante el Neolítico, el Bronce Final y Periodo Orientalizarte,
juntos con las épocas romana y andalusí.
La prospección
arqueológica superficial desarrollada en el Proyecto Niebla (Pérez, Campo, y
Gómez, 2002), nos permitió conocer que en el aledaño término municipal de Bonares,
que comparte algunos asentamientos en la linde municipal con Niebla, se estaba
procediendo a roturar con potente maquinaria grandes superficies para la
ampliación de los cultivos de fresas y olivos. Dado que algún asentamiento ya
conocido había sido afectado por estos trabajos, propusimos al Ayuntamiento de
este pueblo que sufragara los gastos de prospección de su término municipal e
incorporara el catálogo de yacimientos a las Normas Subsidiarias de
Planeamiento, que estaban redactándose entonces. (no se ha encontrado hasta
ahora, documento que se afirme que este Ayuntamiento colaborase económicamente con esta
importante actividad). El interés mostrado en la realización de estos trabajos,
nos llevó a la redacción de un proyecto de prospección arqueológica superficial
como actividad puntual, que fue aprobado por la Dirección General de Bienes
Culturales.
En este artículo
vamos a tratar de los resultados de esta prospección había inventariados en
éste término municipal tan solo cuatro ayuntamientos romanos, Los Bojeos,
inspeccionados por el cura Mariano del Amo, director del Museo Provincial de
Arqueología en la década de los años ochenta, un asentamiento romano en la
cercanía del cementerio, según noticia oral J. Luzón, (de oral nada señores
presencial por mi persona, que fui testigo como José el Sepulturero, sacaba en
unos olivos junto al arroyo Roenero en varios trozos un mosaico, que más tarde
desapareció?), que ha sido después confirmado en la prospección,
Es el lugar que se expone en la foto, es el camino del
Cementerio, para coger el de San Lázaro manteniendo el Código 210140002.
Periodo Genérico y Espeficico: EPOCA ROMANA.
Coordenadas: 295 Q B 051340. Información en periódico ODIEL,
con fotografía, que por los años se encuentra el papel distorsionados para su
observación.
Le sigue una
necrópolis romana situada en el lugar de El Alcornocal, en la raya divisoria
con Niebla, en cuyo término municipal se encuentra situada y localizada por el
arqueólogo don José María Luzón, también en el año de 1974, donde se daba
noticias sobre la existencia de vestigios de una población antigua en varios
lugares de los alrededores, de la parcela de viñas de José Ramos “el Farol”. Cuya
tipología genérica es CONSTRUCCIONES FUNERARIAS EPOCAS ROMANA. Coordenadas: 295
QB 063348.
Y un asentamiento
andalusí en la zona del campo conocida como el Molino de Viento, enfrente del
Calvario y recogido en el Inventario de Yacimiento Arqueológicos de la
Provincia de Huelva para la prevención de Urgencias (Tebas, Bedia y Pérez,
1986). El conocimiento de la arqueología de la zona era pues escaso, a lo que
hay que añadir la existencia de localizaciones erróneas o dudosas. Pero por
suerte actualmente, este yacimiento se encuentra localizado y
protegido e inventariado en el (PGOU) de este pueblo, Catalogado como
Bien de Interés Histórico (Grado I) bajo la referencia A-7, que se pone en
evidencia que es una ocupación histórica importante cerca del pueblo.
El término
municipal de este pueblo se extiende desde la margen izquierda del río Tinto,
en la plena tierra Campiña, hasta las proximidades de la playa de Mazagón.
Junto al río y hasta el casco urbano está formado por margas de color azul
claro y amarillentas, del Mioceno (Andaluciense), que pueden contener zonas más
calcáreas en forma de bolos, yeso e impregnaciones de óxido de hierro. Por
encima de ellas se encuentran limos arenosos-calcáreos amarillos, del Plioceno,
que se extienden del casco urbano hasta unos dos Kilómetros al Sur. Hasta la
línea de costa, ocupando la mayor parte del término municipal, como son las
Arenas de Bonares, con algunos tramos de conglomerados, gravas, arenas,
arcillas y glacis de tiempo cuaternarios (Rodríguez Vidal, 1988).
Los modos de
explotación se adaptan a estas formaciones geológicas y a las potencialidades
de cada tipo de suelos. Las margas miocénicas y limos arenosos forman las
“albarizas”, el “área de campos”, mientras que las arenas cuaternarias han sido
aprovechadas como masa forestal, con pinos y eucaliptos repoblados en los años
setenta, que suplantaron casi totalmente al antiguo sotobosque mediterráneo de
jara, romero, jaguarzo, aulaga, almoradux, y escasas encinas.
En
los suelos terciarios las margas son los suelos más ricos, del tipo Alfisoles,
de fácil drenaje y buenas capacidades agrológicas, donde predominan los
cultivos de olivos y cereales. Sobre los materiales pliocenos de limos arenosos
los suelos son de tipo Entisoles, de buen drenaje, pero de menor cualidades
agrícolas por su contenido deficitario de arcilla, y sus cultivos característicos
son los viñedos, higueras, y almendros.
Las
prospecciones citadas estuvieron centradas en las zonas de la campiña, en
tierra de sembradura. En las arenas cuaternarias existieron también
asentamientos, como el que da nombre al El Villar (Cerro del Villar), pero la
densidad de ocupación se reduce drásticamente, y solo sería asiento de pequeños
grupos dedicados a actividades silbo-pastoriles, la caza, el pastoreo
extensivo, y el carboneo. Donde su toponimia está relacionada con estos usos,
Palomera, Corchuelo, Avispero, Esconboncillos. Espartillos, etc.
De forma previa realizamos una prospección
de reconocimiento de toda la zona, de carácter extensivo, en la que se recorrió
toda el área seleccionada al cien por cien. Una vez, localizados los
yacimientos, la prospección fue de carácter intensivo y la recogida de
materiales de forma aleatoria, estrategia de muestreo que vino impuesta por las
condiciones del terreno, en su mayor parte roturado con potente maquinaria, lo
que hace poco efectiva la determinación de sectores dentro de los asentamientos
por el alto grado de dispersión del material cerámico.
Habiéndose valorado
la dispersión de material en superficie para establecer la extensión de los asentamientos,
pero no se ha valorado el factor de la abundancia no tiene que ver con la mayor
categoría de los mismos, sino la potencia y profundidad de la maquinaria
empleada en la roturación. No obstante, el análisis espacial del poblamiento es
válido en tanto que nos indica su relación son los distintos tipos de suelos y
ofrece una densidad que puede servir de modelo a comparar con otras zonas de la
campiña onubense.
José García Díaz.
martes, 7 de julio de 2026
Las ánforas romanas estilo Huelva.
Son las que se van añadir en esta ciudad al
catálogo de la vida de los romanos, según el artículo publicado en el Huelva
Información, el domingo 20 de mayo del 2004 por el periodista E. J. Sugrañez.
Estas ánforas
son las que se encontraron en la barriada de la Orden en un montículo asociado
al poblado romano, que fue excavado en el año de 1975, donde aparecieron hornos
de cerámicas dedicada a la fabricación de vasijas de barro con las que podían
comerciar cualquier producto, que formaban parte de la vida romana.
De
esta manera Huelva se introduce así en una de las parcelas más dentro de la
arqueología a nivel internacional. Ahora los arqueólogos Marco García y
Aquilino Delgado Domínguez han podido comprobar cómo las siete ánforas que
encontraron en seguimiento de las obras de canalización que realizaba la
empresa Ono, donde se tratan de unas ánforas muy especiales, debido a que son
única, ya que los distintos tipos de las citadas ánforas romanas se han podido
catalogar siguiendo otros hallazgos.
Estas ánforas que
con su tamaño marcaban una medida de capacidad y con su forma en concreto un
tipo de producto para su transporte, así se encuentra las ánforas vinarias, las
olearias y las salarias. Las ánforas “eran como los tetra-Brik en la vida
actual”, destaca Marcos García, para quien es importante este hallazgo por lo
que pueda aportar al conocimiento de la vida romana en un periodo concreto en
la historia de Huelva.
Estas ánforas aparecieron
en la calle Niágara en un montículo de cabezo entre la acera y las viviendas
que en ningún momento se había tocado, como por el contrario había ocurrido en
toda la zona de la Orden. Los arqueólogos Marco García y Aquilino Delgado,
destacan que se encuentran contextualizadas dentro de lo que fue la intervención
arqueológica que realizo el cura arqueólogo Mariano del Amo en 1975, cuando se
encuentran un horno cerámico de gran capacidad, junto a un poblado cercano y su necrópolis. Todo ubicado en la zona de la
barriada de la Orden Baja, junto con la gasolinera que se encuentra junto a la
orilla del río Odiel.
Se trataban de cuatro hornos cerámicos, de
gran tamaño lo que hace intuir a los arqueólogos su producción industrial.
Ahora a escasos 25 metros de aquel hallazgo del día 12 de junio de 1973, por
parte de Mariano del Amo entonces ejercía como director del Museo Provincial de
Bellas Artes, aparecen las nuevas ánforas que se denominado como Tipo de
Huelva, por lo que los arqueólogos manifiestan que “cabe la posibilidad de que
fuera en estos hornos donde se cocieron”.
Tras el hallazgo
y una vez las piezas trasladadas al Museo de Huelva, estos arqueólogos han
llevado a cabo un profundo estudio de los restos encontrados que, han dado como
resultado la definición del nuevo tipo anfóricos Tipo Huelva. Pero después de
constatar que sólo está documentada en los hornos de la Orden, ha sido
documentada la parte superior de un ánfora tipo de Huelva en las excavaciones
llevadas a cabo en la plaza de la Encarnación de Sevilla, en un contexto de
vertedero. Lo cual, según los arqueólogos onubenses, demostraría a priori un
comercio entre Onoba (lugar de fabricación del ánfora) e Hispalis (que es el
lugar de recepción del mismo).
El ánfora además de
ser el contenedor más usado en el comercio, es en muchos casos la única
evidencia arqueológica de que este se produjo por lo que el estudio de las ánforas
durante los últimos cien años ha aportado mucha información sobre qué se
producía, donde se exportaba o quien lo realizaba.
El comercio en el
mundo romano se vio alentado por la tranquilidad que supuso para los
territorios imperiales la paz romana, otro hecho que favoreció, las relaciones
comerciales fue la homologación del sistema monetario, así como de las pesas y
medidas para todo el imperio. En este sentido también hay que resaltar que las
ánforas tenían formas, tamaños y capacidades normalizadas por el estado romano,
tan es así que la unidad de medida para líquido era el quadrantal o ánfora de
unos 364 litos.
domingo, 5 de julio de 2026
La fábrica de cerámica romana de Pinguele.
Que se encuentra
alojada en los olivos de las Gagas, frente al río Tinto dentro del término de
este pueblo, donde este taller esta también compartido con la parcela olivarera
de propiedad de Manoli Limón “Petaca”.
Este
trabajo arqueológico, se encuentra elaborado por el ilustre Profesor Titular en
esta materia en la Universidad de Huelva, Juan Aurelio Pérez Macía a quien
tanto le debemos los amantes de la Historia local, ya que cuando apareció por
este pueblo, sobre el año 2.000 del siglo pasado trayendo bajos los brazos un
difícil y complicado trabajo, como era reabrir y, investigar el comienzo de la
Historia de este pueblo, desde los primeros tiempos primitivos hasta la
conquista de Niebla por el Rey Alfonzo X el Sabio.
Durante años,
tanto en invierno como en verano, con la ayuda de un matrimonio local, este
humilde y sencillo profesor repasaron
todo el campo de este término buscando restos superficiales, que sirvieran para
su catalogación y previo estudio para colocarlo en su lugar histórico, así como
aquellos yacimientos arqueológicos que demostraran interés, para la formación
de una propia “Carta Arqueológica”, por donde Bonares puede presumir de tenerla
elaborada, dentro de los pocos pueblos andaluces que la tiene.
El trabajo de este profesor sobre la fábrica
de cerámica de Pinguele, está publicada en el año 2002 en una revista francesa
que publicamos en la portada, afirmando lo siguiente:
“Me ha parecido
oportuno contribuir a este homenaje a B. Liou con la presentación de los
primeros resultados de la investigación en un alfar romano situado en el
término de Bonares. Dentro de este alfar se destacan tanto las producciones
anfóricas como de cerámicas común. Por la significación que ha tenido la obra
de B. Liou en el tema citado de la circulación anfórica y del comercio en la
época romana, vamos a detenernos en el estudio de un tipo de ánfora fabricada
en este alfar, es la forma Haltern 70, cuya caracterización morfológica quedó
fijada desde la publicación encontrada en el pecio de Port Vendrés II. Contando
además de varias modalidades, que adquieren un significado menos marcados en el
asunto que vamos a tratar a continuación, los inicios de la colonización rural
romana en el suroeste de la Península Ibérica a partir de la época augustea,
dentro de un amplio programa de explotación del territorio, en el que se
destacan los metalla del Cinturón
Ibérico de Piritas y las tierras de la campiña, donde era preciso producir los
alimentos necesarios para un correcto abastecimiento de los vici mineros que se crean en estos
momentos.
Desde el punto
de vista cronológico de la villa rustica
se va imponer como forma de explotación agrícola a partir de tiempo augusteos,
y esto trae consigo la aparición y difusión de los recipientes anfóricos
béticos en el occidente romano, un índice de las cantidades y calidades de la
agricultura y de la pesquería en la Provincia
Ulterior en aceite, vino y salsa de pescado.
Pero hasta el
momento las áreas productoras se habían situado en el Valle del Guadalquivir y
Bahía de Cádiz, en las investigaciones arqueológica ha sido más intensa por
haberse encontrado los primeros alfares de su recipiente más señeros. La actual
provincia de Huelva ha sido considerada como un área marginal, en la que Roma
sólo se interesó de una manera directa por la explotación minera, pero una más
detenida prospección de los asentamientos romanos demuestra que también
participó en el relanzamiento económico que viven otros lugares de la Bética a
partir del cambio de Era, como ocurre con la producción de salsas en la cetariae de la costa y los productos
agrícolas de los fundi de la campiña,
con la estaría esta figlina de Pinguele que, vamos a comentar y otras aún
inéditas.
El alfar romano de
Pinguele se encuentra a orillas del río Tinto, a escasa distancias de Onoba (Huelva),
donde éste desagua en el Atlántico, y de Ilupa
(Niebla), en cuyo territorium debía
situarse. Hasta aquí llega todavía la influencia mareal, y por la calidad de
las arcillas que rodean al asentamiento (margas azules), de buenas cualidades
plásticas. En la zona se conocen otros alfares romanos de los siglos IV y V
d.C., en el Barro de San Pedro y en el Alto de la Piedra, que sucedieron en el
tiempo a las producciones de Pinguele.
La implantación
rural romana en su entorno está salpicada de numerosas villae, que se extienden cronológicamente desde el siglo VI d. C.,
y tienen razón de ser en las bondades agrícolas del suelo, margas (cretosis) y limo arenoso (salulosi), cuyas condiciones alaba
Columena para el desarrollo de la vid y el olivar.
El alfar de
Pinguele representa el momento más antiguo de actividad de estas figlinae de la margen izquierda del río
Tinto. El asentamiento está formado por dos zonas bien diferenciadas, una
doméstica, en la que abundan el material de construcción (tégula, ladrillos,
imbrices, lastras de mármol, etc), cerámicas finas de mesas, pesas de telar,
etc, y otra industrial, en la que predominan los fragmentos de paredes de
hornos (adobes escorificados al interior) y gran cantidad de material cerámico
con fallos de hornos, con paredes en algún caso vitrificadas y en otros
deformadas. Ambas áreas funcionales están separadas por unos cien metros.
En el registro
cerámico de la zona de vivienda se destacan las ánforas en varios modelos, y
segillata itálica. Estos materiales abarcan una cronología desde época
julio-claudia hasta el siglo IV d.C., aunque el momento de máximo florecimiento
debe situarse a lo largo de los siglos I y II d.C., al que se adscriben la
mayor parte de las cerámicas de mesa, sigillata hispánica, sigillata sudgálida
y las sigillatas africanas, algunas de ellas indican la permanencia de la
actividad en el siglo III d.C.
Del alfar lo más
representativo es el testar, el lugar donde arrojaban los recipientes
desechados por defectos de cochura. El testar tiene forma circular de uno diez
metros de diámetros, y se encuentra completamente relleno de fragmentos de
cerámica y paredes de hornos. Por su forma, pensamos que el testar fue en
primer lugar el sitio donde se extrajo la arcilla (margas) para el torneado de
los recipientes, una pequeña barrera en forma de cantera circular de pequeñas
dimensiones, y vez agotada la veta de arcilla se utilizó como escombrera hasta
rellenarse completamente. Según los dueños de la parcela donde está el testar,
plantada actualmente de olivos, a profundidad no dejan de aparecer fragmentos
cerámicos completamente compactados, y algunos casi completos se encuentran en
algunas colecciones de los vecinos de este pueblo. Por su significación, entre
los fragmentos de cerámica y paredes de hornos hemos encontrado también algunos
utensilios de alfarero, como un anillo- soporte de torno. A partir de la
recogida de material cerámico del testar se deduce una producción muy
diversificada. De cerámica común aparece formas como el dolium,
operculum, mortariun, leves, urceus, y caccabus.
Resulta novedosa la
producción anfórica de formas hasta ahora relacionadas con las fábricas de
salsas de pescado de la Bahía de Cádiz, pero no debe olvidarse que algunos de
estos recipientes pudieron servir también para el envasado de productos del
campo. Tampoco puede descartarse que parte de la producción de este alfar se
destinara al abastecimiento de ánforas para las factorías de salazones del
litoral, con el que existía una fácil comunicación fluvial a través del río
Tinto.
La forma que sin
duda cabe relacionar con la producción agrícola es el tipo Haltern. Es el tipo
de ánforas que más abunda en el testar junta con otra variedad. La pasta de los
bordes correspondientes a esta forma es coloraciones sienas o anaranjadas, con
desgrasantes de cuarzo y feldespato, y texturas hojaldradas en sección. Los
perfiles de las embocaduras son ligeramente salientes, biseladas o almendrados
al interior. Las asas tienen una fuerte acanaladura central, y los pivotes son
macizos, con muñón central interior. El área de producción de estas ánforas se
había situado en el Valle del Guadalquivir y en la franja litoral gaditana, en
Puente Melchor, Venta del Carmen, y Puerto de Santa María.
Por tanto, este
tipo de ánfora nos sirve como indicador de la dedicación económica de estas
villas rústicas de la campiña de Huelva, y de la extensión en ellas de los
cultivos del olivar y el viñedo. En este mismo sentido apuntan los primeros
datos de la prospección de algunas de ellas, donde son elementos corrientes los
contrapesos de las prensas de viga, lo que confirmaría las existencias de “torcularia”
en la mayor parte de estos asentamientos rurales. Conocemos incluso por las
fuentes de época musulmana que estos cultivos seguían siendo los principales de
la zona del medievo.
En un nivel más
general la dispersión de este tipo de recipientes por todo el occidente romano
avala la potencialidad de la agricultura bética desde e comienzos del siglo I
d.C., antes de que la forma Dr. 20 certifique los altos rendimientos de su producción
aceitera. Esta forma se individualizó como tipo en las excavaciones que, se
encuentra en la mayor parte de los asentamientos de Germania, y demás lugares
europeos.
En la Península
Ibérica aparece en asentamientos del interior, Astorga, Campa Torres y demás
lugares, con en Italia en Roma, Ostia, y Pompeya. Su distribución a partir de
Augusto se produce en Hispania, costas mediterráneas, de donde a partir del
Ródano llega hasta las fronteras del Rhin, y en costas atlánticas hispanas y
británicas, circuito comercial que va a coincidir a grandes rasgos con el
desarrollo por la Dr.20. En definitiva, el modelo de Pinguele abría paso a los
productos béticos en el occidente romano en época de Augusto-Tiberio, antes que
el aceite bético alcanzara las cotas comerciales que nos dibuja la dispersión
de la Dr.20 a partir de Claudio-Nerón. La posición de estos alfares se organiza
alrededor de un enclave que puede considerarse el verdadero lugar de embarque
de esta producción. Los Bojeos, de donde se conserva todavía parte de un
malecón de opus incertum con más de
dos metros de altura. Así, en este caso puede proponerse que las alfarerías son
industrias que surgieron en el lugar donde se embarca esta producción, con
independencia de las áreas de producción agrícola. No cabe duda de que también
jugó papel importante la existencia en esta zona de banco de arcilla, pero las
posibilidades del transporte fluvial han de ser subrayadas, hasta tal punto que
parte de este alfar de Pinguele pudo estar destinada a las fábricas de
salazones costeras.
José García Díaz.