Gracias al riguroso trabajo que
realizó en su día el arqueólogo alemán Hugo Obermaier, tras su descubrimiento
en 1923 del Dolmen de Soto, se esperó cerca de 40 años después, para que otro
destacado erudito en esta materia, siendo además un gran historiador del arte
como fue don Antonio García Bellido y gran impulsor de los estudios de arqueología
en aquellos años publicase un artículo sobre este monumento prehistórico.
Afirmando que va a
dedicar hoy nuestra atención al Dolmen de Soto. Está enclavado en la finca “La
Lobita” del término Municipal de Trigueros, situado en la margen izquierda de
la carretera de Huelva a Sevilla. Hay un monolito que señala el comienzo de un
ramal de carretera que conduce hasta el hipogeo.
Cronológicamente se puede situar
este importante megalítico en los albores de la edad de Cobre. Es uno de los
más importantes monumentos de este tipo en Andalucía y tal vez de toda España,
según la autorizada opinión de Obermaier, que le dedicó especial atención y un
meticuloso estudio. Parece ser que su antigüedad se remonta a unos tres mil
años antes de Cristo.
En “La Lobita”, cerca de la
casa del guarda, se alza sobre el suelo llano el Cabezo del Zancarrón. No es
esta otra cosa que un túmulo artificial en cuyo interior se encuentra el dolmen
que venimos estudiando. El diámetro aproximado de este cabezo de forma
semicónica, es en su base es de uno 60 metros. El hipogeo construido en su
interior es de los llamados de corredor o galería cubierta; su longitud,
excepcional en esta clase de monumentos, es de 21 metros; está orientado de
Este a Oeste. El corredor se desvía de la horizontal desde la entrada,
inclinándose en ligera pendiente que vuelve a nivelarse en la proximidad de la
cámara para mantenerse ya horizontal hasta su final.
En la actualidad la altura en la
entrada es de un metro cincuenta centímetros aproximadamente. Son de gran peso
y dimensiones tanto las piedras que forman sus paredes como las de su cubierta.
La más pequeña de estas pesan unas siete toneladas y la mayor de ellas, que
cubre la cabecera de la Cámara, unas veintidós aproximadamente; siendo sus
dimensiones de tres metros cuarenta centímetros de altura por tres metros
quince centímetros de ancho.
Tanto las paredes como la
cubierta están formadas exclusivamente por manolitos, graníticos en su casi
totalidad. Hemos de hacer notar que la cantera de granito se encuentra más
próxima se hallan en Escacena del Campo, a unos 37 kilómetros, sorprendiendo,
por tanto, la preferencia que dieron a este material para la construcción del
gigantesco enterramiento. Para el transporte de estas enormes piedras debieron
construirse pistas especiales y emplear gran número de trabajadores que las
arrastraron sobre grandes rodillos de madera, que debían ser mojados
constantemente para evitar que se incendiasen por el gran calor producido por
el roce. Por el mismo procedimiento llevarían hasta el lugar las grandes
piedras de arenisca que formaban parte del monumento.
Las técnicas empleadas para
la construcción del dolmen debían ser la siguiente: En primer lugar, debieron
acumular la arcilla y pequeñas piedras de la cubierta es casi seguro que su
trabajo con tanto esfuerzo realizando, retirando dicha tierra una vez colocadas
y consolidadas las citadas piedras coberteras.
Grabados en estas piedras que
forman las paredes del dolmen aparecen extraños signos, siendo de notar que
todos los restos humanos descubiertos en las excavaciones efectuadas
aparecieron siempre al pie de las piedras que ostentaban estos signos o
dibujos. Varios de estos grabados parecen representar de manera esquemática
figuras humanas y parece ser el resultado de una larga evolución de la
representación de tales figuras que puede seguirse a través de las pinturas
rupestres esparcidas a lo largo y ancho de la Península. Es muy significativo
un grabado que aparece en una de estas losas laterales representando en
esquemas a una persona mayor protegiendo a otra más pequeña. Efectivamente al
pie del mismo se hallaron los esqueletos de una mujer y un niño.
Todos los dibujos sepulcrales
coinciden con otras manifestaciones artísticas de la época de la piedra pulimentadas
o época del cobre en España. Vemos en algunas losas dibujos en forma de puñales
contrapuestos, con empuñaduras en forma de bolas y al parecer metido en vainas
cuya punta parece estar protegida por un regatón. Se repiten estos grabados
representando puñales triangulares típico de la Edad de Cobre. También se
aprecia en otra losa unos grabados en formas de pequeñas cazoletas de significado
probablemente religioso. Según Obermaier estos problemas arrancan sin duda del
periodo Aziliense, cuyo foco más importante parece extenderse en la Península a
lo largo de la costa cantábrica.
Creemos con Vernet, que estos
grabados esquemáticos están en íntima relación con el culto de los antepasados.
Posiblemente cada uno de ellos es el símbolo del difunto que recibió sepultura
a su pie. Y como, según las ideas de la época, el alma de los muertos seguía
morando en el cuerpo hasta tanto se descomponían, así como los egipcios recurrían
a la momificación de los cadáveres, nuestros coterráneos del Eneolítico
llegaron a la misma solución por un camino más especulativo, más especulativo,
más ideológico, más intelectual; la pervivencia mágica del alma sobre un
esquema simbólico que representa a la persona bajo el yacente.
José García Díaz.