sábado, 12 de septiembre de 2015

Recordando al río Tinto.

                                                             
                                                                        
                                


       De la revista Quercus de Septiembre de 1994, cuaderno, 103.

Página: 19, 20 y 21.

   El río Tinto se ha citado siempre como ejemplo de cauce contaminado por residuos procedente de una actividad minera cuyos inicios se remontan a la Edad del Cobre.
   Sin embargo. Las aguas de este curioso río han tenido siempre una elevada acidez y notables concentraciones de varios metales, producto de las peculiares características geológicas de su tramo alto. Pero, sobre todo, las aguas del río Tinto en apariencia muertas, albergan una nutrida comunidad de organismo perfectamente adaptados a un medio poco propicio para la vida.
     El río Tinto, que debe su nombre al color rojo intenso que caracteriza a sus aguas, nace al pies de la sierra de San Cristóbal, al noroeste de la provincia de Huelva, y recorre ochenta kilómetro hasta la desembocadura donde, junto al Odiel, forma la ría de Hueva. La sierra en la que se origina forma parte de la llamada franja pirítica  peninsular, formación geológica de origen volcánico marítimo, compuesta básicamente  por piritas, calcopiritas y minerales con elevadas cantidades de sulfuros complejos. Los afloramientos de estos materiales han dado origen a una de las zonas de más antigua explotación minera que se conoce.
      Hay vestigios de este tipo de actividad que datan de la Edad del Cobre (3.000 años a. C.), aunque en la época de la dominación romana (siglo primero I y mitad del siglo II d.C.) cuando se inicia una explotación masiva, principalmente de minerales de hierro. La actividad minera decae durante la Edad Media y deja de tener importancia hasta que, en 1873, un consorcio inglés compra gran parte de este territorio y funda la Río Tinto Company  Limeted, con el propósito de extraer fundamentalmente cobre, dando  origen así a una de las explotaciones más importante a escala mundial.
   En 1954 la compañía pasa a manos de españoles con el nombre de Río Tinto Minera, S.A. En la actualidad  la extracción del cobre ha dejado de ser rentable y la actividad se reduce a la extracción y procesado de gossan, un mineral rojizo del que se obtiene oro y plata.
  Las características geológicas de la zona donde se asienta la mina no solo han influido decisivamente en el modelado del paisaje por el hombre desde la prehistoria, si no que resultan esenciales a la hora de explicar la naturaleza del río. Las aguas del Tinto que nacen dentro de la explotación minera tienen un pH (grado de acidez) muy ácido, en torno a 2.5 acompañado de una alta concentración de metales, principalmente hierro, cobre u zinc. Estas características,  consideradas muy extremas para el desarrollo de cualquier organismo han hecho pensar que el Tinto era un río muerto carente de vida. Sin embargo sus aguas albergan una gran variedad de seres vivos que son, en realidad, los responsables directos de sus  peculiaridades.
    Las características fisicoquímicas de las aguas del Tinto son constantes incluso fuera de la mina, por lo que nosotros creemos que este río no es producto en exclusiva de la actividad minera, si no que sus propiedades han sido generadas por multitud de factores que en algunos casos son ajenos a dicha actividad.
      Desde 1.670, la extracción de metales en las minas de Ríotinto se realiza mediante el proceso llamado lixiviación que, tal y como explicaron Taylor y Whelan en 1943, consiste en las solubilización de los metales contenidos en los minerales gracias a ciertos ácidos. El primer dato sobre esta actividad microbiana (biolixiviación)  data de 1.947 cuando ColmerHinkle describieron un microorganismo aislado del río Tinto que era capaz de obtener toda la energía necesaria para vivir oxidando determinadas sustancias inorgánicas, como el azufre elemental (S), y cationes metálicos, como el hierro ferroso (Fe 2  -I-). Este microorganismo, denominado más tarde  Thiobacillus ferroxiadans   (una de las bacterias más utilizadas en la solubilización de metales).
     Los seres vivos capaces de obtener energía de esta forma ( usando compuestos inorgánicos), normalmente utilizan dióxido de carbono (C02) como única fuente de carbono, por lo que son denominados litoautótrofos (del griego litros: piedra y autotropho: alimentarse a sí mismo). Las bacterias litróficas son muy abundantes en el río, no sólo en el origen, sino a lo largo de todo su recorrido. Sin embargo, no son estas bacterias los únicos habitantes de las aguas del Tinto, puesto que  en él existen multitud  de organismos  eucariotas (con células cuyo material genético se encuentra en un núcleo separado del citoplasma por una membrana). Ya que en su nacimiento, el río registra una alta productividad biológica al estar su  lecho literalmente tapizado por algas y filamentos de hongos. En estas mismas condiciones viven los hongos y levaduras que se puede encontrar a lo largo del  río.
     La variedad de estos organismos es asombrosa: se han aislado 274 hongos filamentosos durante los muestreos estacionales realizados entre el invierno de 1.992 y el de 1.993. Es habitual encontrar levaduras que son capaces de crecer en condiciones ácidas y no es sorprendente hallarlas también en el río. El género aislado con mayor frecuencia en las  aguas del Tinto es la Rhodotorula, aunque también están presentes de manera  notable los géneros Cándida y Criptococcus.
   En el río Tinto, son las  bacterias litotróficas de las que hablamos antes las principales responsables de las características del río, al degradar los minerales produciendo ácidos y liberando los metales. Estas propiedades, muy valoradas por las industrias.
                                                                              

  Han permitido el desarrollo de métodos de desulfuración de carbones, ya que ciertas bacterias como Thiobacillus ferroxiadans son capaces de utilizar el azufre que se encuentra como impureza en los carbones. Este azufre es la principal causa de la contaminación, durante la combustión de los carbones. Este azufre es la principal causa de contaminación durante la combustión de los carbones y el responsable de la lluvia ácida.
         Por otro lado las algas y los hongos son objeto de estudio al ser capaces de retener y acumular, bien de forma extracelular, cantidades apreciables de metales como oro, cobre, aluminio y uranio, lo que puede ser muy importante en la descontaminación de metales encontrados en las aguas residuales procedentes de industrias pesadas.
    La gran capacidad metabólica de los hongos para generar multitud de enzimas y otras sustancias especialmente útiles para el hombre nos ha hecho pensar en la posibilidad de estudiar las especies aisladas del río Tinto, ya que por su particular hábitat podrían producir sustancias desconocidas ahora y de potenciar utilidad.
     Tenemos que considerar el río Tinto no como un río muerto, producto de la contaminación industrial, si no como  a un ecosistema que existe tal y como hoy lo conocemos desde hace mucho tiempo. La selección natural a lo largo de sus historia ha dado lugar a una serie de organismos adaptados a estas condiciones todo  ello hace que el río Tinto sea un hábitat único en el mundo, con  una biodiversidad y un altísimo interés científico y, aunque resulte paradójico también ambiental debido a sus características extremas.
   En la actualidad el Gobierno autónomo de Andalucía, en colaboración  con el Ministerio de Obras Públicas, Transportes y Medio Ambiente, (MOPTMA). Proyectan embalsar las aguas del río Tinto y desviarlas al mar como medida de descontaminación del río. Sin embargo, como hemos visto, la verdadera naturaleza del río es producto de las características geológicas y biológicas de la comarca en el cual está situado.
   Por lo tanto, pensamos que la construcción de embalses haría desaparecer un paraje natural singular y supondrían la extinción de muchos de los organismos que habitan en el río, de manera que se perdería la posibilidad de encontrar nuevas e interesantes formas de vida y conocer en profundidad un hábitat tan complejo como único.
   Los autores del trabajo:
  D. Ricardo Amils es catedrático de Microbiología de la Universidad  Autónoma de Madrid (UAM); Irma Marín es doctora en Biología Molecular y profesora ayudante en la (UAM); David Moreira es licenciado en Biología  ha centrado su doctorado en el genoma de las bacterias quimiolitótrofas; Anabel López es licenciada en Biología Ambiental y ha dedicado su doctorado al estudio de la ecología microbiana del río Tinto.
José García Díaz.

 

 

  

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