Nos
referimos sin duda al Obispo Visigodo Vincomalo. Donde se atreve a relatar como resultó esta grata
experiencia, que fue la de rescatar a tan ilustre personaje histórico, que ha
puesto este hallazgo arqueológico en el más importante localizado en la
Historia hasta ahora en este pueblo, explicándolo de la siguiente manera:
Corría el mes de julio de 1991, cuando el
vecino Cristóbal Borrero Avilés se encontraba realizando las faenas agrícolas
volteando con los arados con el tractor las tierras calmas de los “Bogeos” del
término municipal de Bonares, cuando observa asombrado como los arados levanta
una lápida de mármol con unas inscripciones paleocristianas, quedando inclinada
de pie saludando a toda la vega del río Tinto.
Tal fue el asombro del hallazgo del señor
Cristóbal Borrero que, sorprendido y con inmediatez se acerca a la Cooperativa
Santa María Salomé para comunicarle a don José María Martínez Bueno (El
Barbero), la noticia del hallazgo que, antes la curiosidad y ganas de conocer dicho
hallazgo, el señor citado Martínez le dice que se lo enseñe, sin más nos
montamos de nuevo en el tractor y cuando llegamos al lugar aparecía majestuosa
la lápida iluminada por los rayos del sol de modo resplandeciente.
Una vez, observando la lápida le pregunta
José´ María a Cristóbal que pensamiento tenía con la lápida, porque no le
importaba quedarse con ella a eso que le contesta que lo sentía mucho, pero que
él tenía un compromiso con el señor José Gómez_ Feria Prieto de entregarle
todos los materiales que se encontraran. Sin más, fue el señor Gómez quien días
posterior se acercó con su coche a recoger la lápida.
Pero pasado unos años….
Un sábado de una noche de verano tomando unas
copas en la Plaza de España, el señor Martínez con unos amigos (Juan Antonio
Romero Velo, Manuel Pérez Limón y José Padilla Coronel), comenta el hallazgo
del señor y les proponen ir al día siguiente a visitar y excavar la tumba no
sin antes repartir el tesoro, vaya broma. Ni corto ni perezoso nos ponemos en
marcha en un coche de Juan Antonio Romero Velo con la compañía de un azadón
grande, un martillo y una pica.
Llegamos a la zona de referencia y
dejamos el coche a la sombra de los olivos más cercanos, andando nos
aproximamos al lugar indicado por el señor Martínez, pero al principio me
parecía todo diferente y extraño porque la fisonomía del campo había cambiado
en ese momento.
No obstante, el señor Martínez, dejándose
llevar por la intuición y cuatro referencias notables (hallazgo anterior de la
cañería y túnel, el abrevadero, doseles y cerámica partidas,,.) indica una zona
donde creía que estaría la lápida encontrada por el señor Cristóbal.
Al principio y turnándonos con el azadón
excavamos una superficie sin resultados, sólo barrancas secas, llegando después
unas horas a la desesperación y al desistimiento, pero llegó la sorpresa:
El señor Juan Antonio Romero Velo que con
el martillo y la pica estaba agujereando el terreno, en unos de los golpes de
suerte tropieza con un material duro que no deja pasar la pica, es entonces
cuando cavamos la zona y profundizamos hasta encontrar los restos, no sin antes
perforar la tierra seca y luego la húmeda fácil de manejar.
La primera pieza fue el sarcófago de
“MURENSIS” de gran tamaño y mármol bien cuidad, paralelamente y debajo de la
sepultura estaba la tapa del mismo con la inscripción en el lateral de “ANNOS”
y otros trozos grandes algunos pequeños se quedaron allí y por último la parte
de la lápida de “VINCOMALOS”, complementaría a la que entregó el señor Borrero
al señor Pepe Gómez-Feria, lo curioso de esta lápida, valiosísima
históricamente, que estaba más profunda que las anteriores piezas, es que
cuando la levantamos se nos vino pegada a ella una gran cantidad de restos
óseos que, procedían de una fosa común quedando los demás en la fosa donde se
apreciaban calaveras, todo tipo de huesos, maxilares, etc. casi todos los
desechos y entremezclados.
Ante esta situación el señor Martínez
recoge parte de los huesos más completo y una dentadura (maxilar inferior) con
algunos incisivos y molares en una bolsa de plástico. ´
Cargamos las piezas y de retorno dejamos las
lapidas en casa del señor Martínez donde fueron visitadas, fotografiadas y
difundidas por profesores de la Universidad de Sevilla, Huelva, Instituto,
Colegio, Obispado, monjas y hasta un investigador alemán (se llevó más de tres
horas haciéndose fotos) y todo aquel vecino que hubiese querido.
Hoy en día se encuentra expuesto en el
MUSEO DE HUELVA donde se ha donado.
Referente al destino de los huesos, tiene su
anécdota, ya que cuando el padre del señor Martínez vio a su hijo lo primero
que le dijo que los tirara que eso no traía más que enfermedades y el hijo le
dijo que ni se ocurriera tirarlo que tenía que hacerle la puebla del carbono 14
para saber la edad del fallecido, sabéis cual fuel el resultado:
“SE LO HA COMIDO UN PERRO”.
Escrito entregado el 26/12/2024 en la
recepción del Museo Provincial de Huelva para adjuntar expediente de acta de
entrega y depósito del 31 de marzo.
José García Díaz.