Cautelosamente,
claro, mientras dure el enfrentamiento de la Iglesia con la Hermandad de Santa María
Salomé, metidos en la víspera de las fiestas de las Cruces de Mayo, que tanto
representa en el folclore popular de este pueblo.
Siendo el martes
día 14 de mayo de 1985, y así se publicó en el diario ABC por parte del
corresponsal local Manolo Barba.
Y todo motivado
por la titularidad de propiedad, de los terrenos que se encuentran en los
alrededores de esta Ermita de su Santa Patrona, que se hallaba en aquellos años
bajo el cuidado de un grupo de monjas ejerciendo de ermitañas, para su cuidado
y mantenimiento.
Este mal clima
entre ambas entidades eclesiásticas, sobre quien son los verdaderos
propietarios de estos terrenos citados, ya se venían incubándose tiempo atrás,
para llegar al límite establecido, cuando estalló en la celebración de una Misa
Dominical, cuando el Cura Párroco provisional don Manuel Cepeda Toresano hace
un comentario, sobre el deber de los católicos en el respeto de las propiedades
que son de la Iglesia, para acabar abucheados por la mayoría de los asistentes,
lo que motivó agravar la situación creada entre ambas partes.
Seguidamente, las monjas ermitañas fueron el
blanco perfecto de la crítica local, donde le cayeron toda clase de habladuría.
Ya era el momento, en que el Presidente de la Hermandad de la Santa junto con
otros miembros, creyó conveniente recurrir a esta Alcaldía para que ejerciera
como mero mediador, antes el cariz que iban tomando los sucesos.
El Ayuntamiento,
que se había quedado al margen de esta situación, ya tomada por los medios
informativos y televisión antes las vísperas de las fiestas. Se pone en contacto
con el Cura- Párroco, para tratar buscar una solución en breve, este le indica
que en su caso tenía que comunicárselo al Vicario, para tenerlo como ayuda
pastoral en esta lamentable situación antes de llegar a sus superiores.
Terminó, en una reunión entre la Alcaldía con
los representantes de la Iglesia, afirmando que ellos actuaban en nombre del
encargo recibido por parte de la Hermandad de la Santa, con la idea de
encontrar una solución posible.
Lo que provocó,
que tomara la palabra el Vicario, para confirmar de entrada que el terreno
colindante con la Ermita era de propiedad solo de la Iglesia, y no había nada
que negociar con la Junta Rectora de la Patrona en relación con la disputa
abierta entre ambas instituciones.
La Alcaldía, tomando nota sobre el asunto se encontró en una difícil situación, sin poder encontrar una salida satisfactoria, antes la soberbia demostrada por parte de la Iglesia.
Ya metido dentro
de las fiestas de las Cruces de Mayo, el Vicario en nombre del Obispo
decidieron seguir con la Iglesia cerrada, creando el oportuno enfado entre los
vecinos locales, que veían como no se podían celebrarse las novenas de sus
respectivas calles, haciéndoles responsables de la actitud tomada a favor de la
Hermandad de la Santa, en contra la opinión mantenida por la Iglesia sobre los
terrenos de la Ermita.
Antes los momentos tensionados, el
Ayuntamiento tomó una iniciativa valiente que fue convocar una reunión con las
12 mayordomas, para que nos informaran sus opiniones sobren si sacarían los
pasos de las Cruces, haciéndose el recorrido oficial por las calles locales si no
se celebrasen las misas correspondientes, o bien desistían de hacerlo.
Haciéndoles constar
a estas representantes que este Ayuntamiento no tomaba responsabilidad en este
complicado asunto, ya que es un hecho interno religioso, pero necesitaba contar
con la información suficiente, para tomar las medidas necesarias que conllevara
suspender la procesión, para anunciarlo en la prensa, radio y la televisión
avisando que la fiesta de las Cruces se suspendía y que no se desplazaran a
Bonares, antes la cantidad de personas del exterior que cada año lo hacían, las
Mayordomas se comprometieron que, aunque no hubiera misa antes de sacarlas, las
Cruces realizarían la procesión con el itinerario de costumbre, como así se
hicieron.
La Alcaldía, no
comprendió en aquellos momentos la actitud tomada por la Iglesia local, ante
una festividad tan representativa para los vecinos de este pueblo como son las
fiestas de las Cruces y su Romería, cuando llevan casi todo el año preparándose
para ello. Además aparece una nota, de la Diócesis de Huelva publicada
en un diario a fines de ellos, firmados por todos los Curas hijos de este
pueblo, criticando la postura tomada por este Alcalde para reunirse con las
Mayordomas, sin contar con el visto bueno de la Iglesia, que es la cabeza
visible como entidad representativa de las Cruces.
Pero todo al final
las fiestas se celebraron, como años anteriores cargadas de alegrías y de buen
ambiente. Para la celebración siguiente del Corpus Cristi, ya los ambientes se
encontraban más relajados entre Iglesia y la Hermandad de la Santa, para otro
mejor tiempo para ambas partes.
Meses después el
Ayuntamiento siguió colaborando con la Iglesia Parroquial, en esta ocasión fue
para concederles una subvención económica para la compra de una nueva campana
para su torre y así quedó la cuestión.
José García Díaz.
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