sábado, 30 de mayo de 2026

Cuando José María "El Barbero" descubrió a su Obispo.

                                                                   


            

            Nos referimos sin duda al Obispo Visigodo Vincomalo. Donde se atreve a relatar como resultó esta grata experiencia, que fue la de rescatar a tan ilustre personaje histórico, que ha puesto este hallazgo arqueológico en el más importante localizado en la Historia hasta ahora en este pueblo, explicándolo de la siguiente manera:

      Corría el mes de julio de 1991, cuando el vecino Cristóbal Borrero Avilés se encontraba realizando las faenas agrícolas volteando con los arados con el tractor las tierras calmas de los “Bogeos” del término municipal de Bonares, cuando observa asombrado como los arados levanta una lápida de mármol con unas inscripciones paleocristianas, quedando inclinada de pie saludando a toda la vega del río Tinto.

   Tal fue el asombro del hallazgo del señor Cristóbal Borrero que, sorprendido y con inmediatez se acerca a la Cooperativa Santa María Salomé para comunicarle a don José María Martínez Bueno (El Barbero), la noticia del hallazgo que, antes la curiosidad y ganas de conocer dicho hallazgo, el señor citado Martínez le dice que se lo enseñe, sin más nos montamos de nuevo en el tractor y cuando llegamos al lugar aparecía majestuosa la lápida iluminada por los rayos del sol de modo resplandeciente.

      Una vez, observando la lápida le pregunta José´ María a Cristóbal que pensamiento tenía con la lápida, porque no le importaba quedarse con ella a eso que le contesta que lo sentía mucho, pero que él tenía un compromiso con el señor José Gómez_ Feria Prieto de entregarle todos los materiales que se encontraran. Sin más, fue el señor Gómez quien días posterior se acercó con su coche a recoger la lápida.

     Pero pasado unos años….

 Un sábado de una noche de verano tomando unas copas en la Plaza de España, el señor Martínez con unos amigos (Juan Antonio Romero Velo, Manuel Pérez Limón y José Padilla Coronel), comenta el hallazgo del señor y les proponen ir al día siguiente a visitar y excavar la tumba no sin antes repartir el tesoro, vaya broma. Ni corto ni perezoso nos ponemos en marcha en un coche de Juan Antonio Romero Velo con la compañía de un azadón grande, un martillo y una pica.

                                                               


 

      Llegamos a la zona de referencia y dejamos el coche a la sombra de los olivos más cercanos, andando nos aproximamos al lugar indicado por el señor Martínez, pero al principio me parecía todo diferente y extraño porque la fisonomía del campo había cambiado en ese momento.

    No obstante, el señor Martínez, dejándose llevar por la intuición y cuatro referencias notables (hallazgo anterior de la cañería y túnel, el abrevadero, doseles y cerámica partidas,,.) indica una zona donde creía que estaría la lápida encontrada por el señor Cristóbal.

    Al principio y turnándonos con el azadón excavamos una superficie sin resultados, sólo barrancas secas, llegando después unas horas a la desesperación y al desistimiento, pero llegó la sorpresa:

      El señor Juan Antonio Romero Velo que con el martillo y la pica estaba agujereando el terreno, en unos de los golpes de suerte tropieza con un material duro que no deja pasar la pica, es entonces cuando cavamos la zona y profundizamos hasta encontrar los restos, no sin antes perforar la tierra seca y luego la húmeda fácil de manejar.

     La primera pieza fue el sarcófago de “MURENSIS” de gran tamaño y mármol bien cuidad, paralelamente y debajo de la sepultura estaba la tapa del mismo con la inscripción en el lateral de “ANNOS” y otros trozos grandes algunos pequeños se quedaron allí y por último la parte de la lápida de “VINCOMALOS”, complementaría a la que entregó el señor Borrero al señor Pepe Gómez-Feria, lo curioso de esta lápida, valiosísima históricamente, que estaba más profunda que las anteriores piezas, es que cuando la levantamos se nos vino pegada a ella una gran cantidad de restos óseos que, procedían de una fosa común quedando los demás en la fosa donde se apreciaban calaveras, todo tipo de huesos, maxilares, etc. casi todos los desechos y entremezclados.

       Ante esta situación el señor Martínez recoge parte de los huesos más completo y una dentadura (maxilar inferior) con algunos incisivos y molares en una bolsa de plástico. ´

  Cargamos las piezas y de retorno dejamos las lapidas en casa del señor Martínez donde fueron visitadas, fotografiadas y difundidas por profesores de la Universidad de Sevilla, Huelva, Instituto, Colegio, Obispado, monjas y hasta un investigador alemán (se llevó más de tres horas haciéndose fotos) y todo aquel vecino que hubiese querido.

        Hoy en día se encuentra expuesto en el MUSEO DE HUELVA donde se ha donado.

  Referente al destino de los huesos, tiene su anécdota, ya que cuando el padre del señor Martínez vio a su hijo lo primero que le dijo que los tirara que eso no traía más que enfermedades y el hijo le dijo que ni se ocurriera tirarlo que tenía que hacerle la puebla del carbono 14 para saber la edad del fallecido, sabéis cual fuel el resultado:

“SE LO HA COMIDO UN PERRO”.

     Escrito entregado el 26/12/2024 en la recepción del Museo Provincial de Huelva para adjuntar expediente de acta de entrega y depósito del 31 de marzo.

José García Díaz.

 

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