domingo, 21 de junio de 2026

La carretera de Huelva a Cádiz.

 

                                             


      Casi once años antes del anuncio de la carretera de Bonares-Lebrija-Cádiz, ya había comenzado varios proyectos de enlazar Huelva a Cádiz por la “carretera de la costa”, desde los años cincuenta del siglo pasado, contando con la presión ejercida por los mandos militares, que la veían un problema estratégico ante una invasión enemiga por la costa.

     Es cuando el domingo 23 de enero de 1977, cuando el diario sevillano del ABC, recogía la siguiente información:

Los vecinos de Matalascaña y Almonte declaran que la “carretera por la costa” es una guerra declarada entre dos provincias y el ICONA.

     En la redacción de este periódico, se ha recibido muchas cartas, junto a llamadas telefónicas y telegramas, por parte de los lugareños de la playa de Matalascañas, de los almonteños y de muchos pueblos de los alrededores que se siente afectados por la futura carretera, quieren exponer sus ideas, sus anhelos sobre esos veinte y nueve kilómetros que faltan para que estas dos provincias se unan por vez primera, y se inicien los que ellos llaman “era de prosperidad”. Por donde en el día de hoy, gracia a la amabilidad de don Juan Bermúdez Sánchez, veterano en tiempo de residente en Matalascaña, reunidos en su local “El Faro Rojo” (Una de las primeras discotecas y de más influyente en esta playa, que se encontraba en la misma entrada de ella). El señor Bermúdez es, a la vez, presidente de la asociación de propietarios.

  Con él, don José Luís Fernández Ventura, propietario de la librería Cernuda, al hombre que como periodista le debo esta amable reunión; igualmente están don Federico Wittwer, viejo amigo; don Alberto de Haro Rivadulla; los profesores de EGB don Francisco Santos Suárez y don Francisco Guijarro, así como los industriales de Nicolás de Silva García y don José Romero Serna. En el curso de la conversación, que ha durado muchas horas por la carretera. Todos opinaron.

        -Oigamos- me dicen- el señor De Haro, maestro de obras. Desde hace siete años vive aquí de forma permanente.

      -Soy hombre de la generación de la guerra. La tuve que hacer. Y observé que, si nosotros pegábamos un morterazo, al enemigo, éste procuraba contestarnos con dos. Dentro de la crueldad que encierra toda contienda, existía la posibilidad de defensa o de entregarse al victorioso. Esto de la carretera es una guerra declarada entre dos provincias y el ICONA, en defensa de una carretera que para nosotros es vital.

      -Usted debe saber que hay más oposición que la del ICONA.

        Lo sé. El español medio, el que vive de Despeñaperros para arriba, tiene formada una opinión contraria a la carretera, debido a Televisión Española, que sin permiso de nadie se mete en los hogares y dice esa serie de cosas que hacen pensar a los demás si será mejor sacrificar un sector importante del Sur de España en beneficio de unas aves y unas dunas que, nosotros, somos los primeros en respetar. Por otra parte, hay marcado interés en defender otras playas, mucho peores que las nuestras. Es curioso que TVE no interroga, a este respecto, más que a las partes que ya se ha declarado interesadas en que no se haga esta carretera.

Por otro lado, hablan personas que aquí estuvieron muy de paso y que ahora tienen una ligera idea de lo que contemplaron. Lo demostrar el máximo de interés por las dunas no lo entiendo, ni la idea que sobre las mismas sostienen. En cuanto a los animales, hay que saber, y conocer y ver como los grandes parques nacionales similares a este los visitantes se acercan a los mismos. Y no pasa nada de nada. Claro que el coto de Doñana no es tan visitados.

         ---¿Razones?

         ---Porque, por lo menos, hay que invertir un mes en papeles. En realidad, se trata actualmente de un coto muy privado, privadísimo.

´---Donde—alguien dice a mi lado- se despidió a 1976 y se recibió al nuevo año con una gran fiesta en la que participaron quienes tienen bula para entrar y permanecer en el mismo. Hasta se jugó a enlazar jamones para su curación.

                                                             


   

   ---Hay, por otro lado—continúa hablando el señor De Haro--, algún que otro error con eso de los animales que viven aquí. De vez en cuando vemos cosas en TVE que nos hacen reír, y no comprendemos a quién se trata de equivocar. ¡Ah!, y no olvidemos a los sufridos arroceros, aquellos que alimentaron a buena parte de España cuando pasábamos hambre, y que hoy están sembrando con un mil y un apuro. ¿Y este complejo turístico aprobado por el Gobierno? Se echaron campanas al vuelo. Matalascañas sería un emporio de riquezas para todos, incluso para el Estado. Pero esa propaganda contra la carretera, ese tesón en defender lo que no tiene defensa, ha paralizado todo tipo de obra. Virtualmente, todo está parado.

    Es de risa pensar que la masiva entrada de divisas y los puestos de trabajo que podrían ofrecerse en Matalascañas estén supeditados a que se diga si o no se perjudica a un sector de la fauna. Entonces, pensamos, si hay que respetar a la fauna, que se nos acoja a los hombres de aquí como fauna y se nos de la protección del ICONA. Así, el Instituto para la Conservación de la Naturaleza, para protegernos nos dará la carretera ansiada. Nada, nada. ¡Queremos ser fauna! Y que viva nuestra futura protectora: ICONA.

    ---Mire –me dices el señor Fernández Ventura--. La actual urbanización se levanta en una zona de dunas fijas. Su construcción fue debidamente supervisada y aprobada. El ecosistema de dunas móviles o vivas se extiende desde Caño Guerrero hasta la desembocadura del Guadalquivir. Como se sabe, estas alturas de arena –llamadas también médanos, conocidas aquí con el nombre degenerado de “meanos”- se alimentan de arena y avanzan desde tres hasta diez metros por año, según la situación. Al construir la carretera es lógico que se altere parte de su asentamiento. Pero de eso a vaticinar la desaparición del sistema dunar hay un perfecto disparate.

   El alimento de las dunas seguiría el curso normal de siempre: el del viento del SO, que, como se sabe, es el agente principal. Si se hubiera tomado unas vistas de la reserva, colindante con la urbanización, a la izquierda de los cuatro kilómetros de carretera construida—antes de hacer ésta—y la comparásemos con la vista actual, nos daríamos cuenta – y para ellos no hay que ser ecólogo ni biólogo—que la vegetación indígena, al abrigo de las construcciones, ha mejorado, presentando una vegetación uniforme que antes no existía.

     ---Si el ecosistema dunar o, mejor dicho, los médanos móviles, siguen avanzando en dirección NE, dentro de un cierto tiempo las arenas taparán parte del bosque de Doñana, por la acción lógica de estos agentes geográficos, reduciendo por ello la superficie de lucios y lagunas. Observemos el mapa   topográfico (levantado por el general Lammerer a instancia del arqueólogo Adolfo Schulten, para intentar situar Tartessos), y veremos el avance efectuado por las dunas móviles en lo que era bosques y marismas. Igual puede verse cómo las dunas, al cubrir los pinos plantados cerca de la playa, los mata, convirtiéndolos en troncón seco, los que se llama “pino esqueleto”.

      Para los que hemos visto nacer esta urbanización, arena húmeda y salina, cubierta a trozos de matorral típico, donde sólo anidan las víboras y escorpiones, nos no ha causado sorpresa verla hoy florecer como un vergel, y donde bandadas de diversos pájaros, entre los que abundan jilgueros, viven y se reproducen, en unión de las vistosas urracas. Tampoco es sorpresa ver recortarse en el cielo las parejas de rapaces que han ampliado su campo de caza hasta estas edificaciones, a las que se acercan en su acción predadora. No hay que ser un Konrad Lorenz –biólogo laureado con el Nóbel –para ver que, si algo ha cambiado la faz de esta parte, ha sido mejor.

   Si tuviera la menor sospecha que esta carretera iba a ofrecer el mínimo peligro Doñana, sería el primero en alertar a todos. Duele que algunos científicos se expresen o a bien ex cátedra sobre el tema. He oído quejarse a más de un visitante extranjero –que el pasado año pudieron recorrer el coto--, señalando que más daño hace al suelo las rodadas de tractores y otros vehículos que una vía de acceso interior. Por último, desde que se hizo la urbanización, hemos visto pasar de la reserva a ésta toda clase de animales de su fauna, desde el famoso meloncillo, nuestra mangosta, hasta el desconfiado lince, sin olvidar gamos, ciervos y jabalíes, lo que desmiente de forma palpable que las edificaciones y sus habitantes alejan la fauna de la reserva.

 José García Díaz.

    

No hay comentarios:

Publicar un comentario