Hacía más de
cuarenta años, cuando un grupo de bonariegos fotografiaron para la historia de
esta bonita playa de Matalascaña, la famosa y conocida ballena, cuyos restos
óseos fueron sacados de las arenas del vecino Coto Doñana, para colocarlo
colgada en el techo de lo fue en su día el “Museo Marítimo” sin duda el más
importante en toda la zona costera de esta Provincia, que sufrió un ajuste de
cuenta por parte de las Autoridades almonteñas, que consiguieron provocar su
cierre, afirmando que el Ayuntamiento no disponían de medios económicos para
poder mantenerlo abierto, y la subvención aprobada por la Junta de Andalucía de
100,000 euros, nadie supo su destino final de la citada partida económica.
Pero hablando de
monstruos marinos playero, lo encontramos de nuevo en una publicación en un
diario de Huelva, el martes 12 de septiembre de 1995, con el siguiente título: “En
las playas de Matalascaña, hallan un pulpo de siete metros y medio de longitud”.
Este curioso
cefalópodo fue encontrado en la misma playa y estuvo siendo estudiado por
científicos del Centro de Doñana, después de ser trasladado.
Tras
un efectivo análisis forenses, por parte de los biólogos del citado Parque
Nacional este animal apareció en la orilla de la playa de Matalascaña el sábado
pasado, por donde hasta el lunes de mañana no se pudo ser recogido por el día
festivo por medio y encontrarse libre los empleados para realizar este
cometido.
El hallazgo de un
animal de estas dimensiones sólo se produce cada bastantes años, por lo que los
científicos del Parque se han puesto en contacto con expertos de las
universidades de Sevilla y Madrid para que le ayuden en su estudio.
Fuentes del Parque Nacional, manifestaron
después que transcendió la noticia al diario La Voz de Huelva, que el nombrado
pulpo gigante apareció en el amanecer del sábado en la zona de la playa del
camping Rocío, aunque la marea lo desplazó hasta la roca, en plena playa de
Matalascaña, desde donde fue recogido y su traslado a Doñana para su posterior estudio.
Según estas las
primeras investigaciones tomadas, los tentáculos del pulpo medían seis metros y
treinta centímetros y su cabeza tiene un metro y veinte centímetros más, lo que
suman siete metros y medio, “una longitud enorme pero no extraña en comparación
con la de animales similares aparecidos en otras costas del mundo. El record
está en un ejemplar tremendo de nueve metros, incluyendo la cabeza y los tentáculos.”
El pulpo pesaba
varios cientos de kilos, lo que hizo muy complicadas las tareas de transporte
de la playa a Doñana, mediante un tractor de palas.
Lo inusual del
hallazgo ha provocado gran expectación entre los biólogos de Doñana que se
encuentran recabando datos sobre estos animales. “Lo normal es que vivan en el
fondo, en las profundidades abisales, de ahí que, pese a que hayan encontrado
en otras ocasiones, sea una auténtica sorpresa que en las costas de Huelva haya
aparecido un ejemplar de estas grandes características”, aseveraron las
fuentes.
El pulpo podría llevar muerto alrededor de
un mes y la marea haberse encargada de traerlo a la playa, de momento no hay
ninguna hipótesis definitiva que provocará su muerte, aunque los biólogos
prácticamente descartan una de ellas: que la hélice de un barco hubiera sido la
causa. El pulpo presenta varios de sus tentáculos cortados o rotos y
entrelazados entre sí, lo que podría avalar esta posibilidad. No obstante, la
gran profundidad a la que viven estos animales la hace inviable. Esas fuentes
insisten en que posiblemente muriera mar adentro por causas naturales y las
corrientes lo arrastraran.
También de nuevo sabemos, que los
científicos de Doñana estaban ayer esperando de que los departamentos de
Biología de las universidades de Sevilla o Madrid contestaran a la solicitud de
que se envíe un grupo de expertos, por donde de momento se ha recibido
notificación desde Madrid, donde en lo menor tiempo posible saldrá para el
Parque de Doñana, una inminente doctora en zoología e investigadora del
departamento de Biodiversidad, Ecología y Evolución en la (UCM). Está
especializada en meiofauna marina y taxonomía. Y fue la encargada de elaborar
el informe técnico del animal antes de ser enterrado en el citado Parque.
Días después en este mismo diario, un articulista
publica un curioso e irónico soneto dedicado “Al pulpo de Matalascaña”:
No crea, lector que ha llegado el 28 de
diciembre (día de los Santos inocentes), no; que el “episodio
marítimo-ecológico-pedrero de hoy, es verídico, como otros que escribe
Agripina.
Resulta que en Matalascaña apareció muerto
un pulpo, más bien grandote, que habitan los “fondos abismales”; no en los
reservados nuestros. Se cuenta que cuando el Difunto Paco pescaba en el Azor,
ya estaba “enredado” el pez a babor o estribor del barco para que éste, al
tirar anzuelo acertarse. Las malas lenguas cuentan que el pulpo iba destinado a
Doñana, para que don Felipe González se hiciera las fotos de rigor.
La cosa ¡tiene castaña!
Que aparezca
el pulpo muerto, en
en sus playas, pues no hay puerto,
en nuestra
Matalascaña.
en la arena que te bañas,
quedó el pulpo al
descubierto,
y lo cuento porque cierto, que no hay cuento ni patrañas.
Pero en tan sólo un año después, el 15 de mayo de 1996.
Una raya-manta de 500 kilos se enreda en
las artes de un pesquero. Donde los marineros del pesquero “Angeles y Elena”,
que tiene su base en el puerto de Isla Cristina, descubrieron subir los artes
de pesca como una raya-manta de unos 500 kilos se encontraban enredada en
ellos.
La raya-manta, que popularmente se le
conoce con el nombre de “vaca”, tiene unos dos metros de largo por tres y medio
de ancho y fue capturada por la embarcación dedicada la pesca “artesanal del
pulpo”, cuando las aletas de este pez se enredaron en los cajirones lanzados
desde el barco y que son unas especies de botijos-trampa donde se meten los
cefalópodos para resguardarse.
La raya manta fue pescada en la madrugada
de ayer y posteriormente se depositó en la antigua lonja de esta localidad
isleña, donde quedó expuesta para la observación de los curiosos y aficionados
a contemplar estos raros animales.
Dada la mala conservación de animal, se
pensaba trocear su cuerpo y arrojarlo al mar.
José García Díaz.
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