Corría el año de
1997, cuando el 20 de febrero un diario nacional recogía en sus páginas el
siguiente artículo en el apartado sobre el MEDIO AMBIENTE:
Científicos de la Universidad Autónoma de
Madrid han pedido a la UNESCO una moratoria para “salvar” el río Tinto, ante
los planes de la Junta de Andalucía de descontaminar sus aguas, en las que se
encuentran un gran número de microorganismos que viven en situaciones extremas.
Según señaló a
Efe Ricardo Amils, de la Facultad de Biológicas de la Autónoma, quien analiza
desde hace cinco años el ecosistema del río, “encontrar tal biodiversidad en lo
que se consideraba un río muerto, hace de él un modelo atípico, único en el
mundo y esencial para la investigación”.
Este
científico indicó que “si los romanos le llamaban el río que quema, significa
que sus aguas ya contenían ácido sulfúrico cientos de años antes que los
ingleses empezaran a explotar las minas a cielo abierto”.
El
grupo de la Universidad Autónoma, en contacto con la Fundación Río Tinto.
descubrió numerosos hongos, algas y protozoos, organismo llamados extremófilos
por las condiciones en las que viven, “difíciles de catalogar por tratarse de
una biodiversidad muy extraña”, comentó Ricardo Amils.
Tras presentar
los resultados de los estudios en diversos foros internacionales, entre otros
en la reunión ecología microbiana que se celebró en Israel el verano de 1986,
donde los decidieron “pedir tiempo, para poder analizar el río Tinto más a
fondo”.
Por su parte, la
Junta de Andalucía ya ha decidido construir en este año dos pequeñas plantas
experimentales para evaluar la capacidad de depuración y recuperar los metales
disueltos en las aguas que podrían ser comercializados en el sector de la
minería.
En la primera
planta quedarán atrapados los metales, que se extraerán mediante un sistema de
tratamiento biológico basado en cultivos de bacterias que absorben los citados
metales disueltos en el agua. Según comenta el mismo diario, la planta
industrial se construirá a unos catorce kilómetros del nacimiento del río
Tinto, en el área donde se produce la mayor parte de los vertidos contaminantes
de la industria minera, con el objetivo de no alterar la peculiar diversidad
microbiológica del primer tramo.
Esta noticia fue
resaltada, por motivo que en aquellos días un diario de esta provincia hacía
público el siguiente comunicado sobre el otro vecino río Odiel: La Junta
recupera las aguas de este río con un plan descontaminante.
Ya que la
Consejería de Medio Ambiente ha finalizado los planes de descontaminación de la
cuenca minera del río Odiel, en esta provincia, pese que todavía se desarrollan
algunos trabajos en la zona de Minas de Tharsis.
Según señalaron
fuentes de esta Consejería, aunque aún no se dispongan de datos contrastado
sobre la carga contaminante que tiene actualmente, el color rojizo de las aguas
del río aparece ya atenuado como consecuencia de los trabajos cometidos.
No obstante, y
pese a la regeneración ambiental de sus aguas, se prevé que todavía persista durante
largo tiempo una contaminación de fondo en los lechos fluviales donde ha venido
acumulando un gran volumen de sedimentos contaminados desde que se iniciara el
desarrollo minero en la zona.
La foto expuesta en la portada, titulada "relejos del río Tinto" es propiedad de Kusworo, y la siguiente el río Odiel actualmente descontaminado.
Medio Ambiente
`puso en marcha este plan de descontaminación en cuatro frentes distintos, destacando
la entrada en servicio de una planta de tratamiento en el Arroyo Asperón, en
Calañas, para depurar los vertidos procedentes de las explotaciones en activo
de Minas de Almagrera.
Así, las
primeras medidas consistieron en la recogida, agrupamiento y sellado con
materiales impermeables de todos los residuos piríticos que se encontraban
expandidos en escombreras y vacíos, para evitar así su contacto con el agua y
su posterior transporte a través de los ríos.
Otras medidas
trataron de evitar el drenaje natural de las aguas ácidas que se producen en
los socavones, galerías y pozos de las explotaciones abandonadas.
También se pusieron
en marcha tratamientos de neutralización basados en la canalización de las
aguas ácidas de escorrentía para su mezcla con carbonato cálcico en
instalaciones denominadas “trampas alcalinas”. El carbonato cálcico, principal
constituyente de la caliza, tiene la propiedad de eliminar la acidez,
incrementando el PH hasta niveles aceptables.
Los elevados índices
de contaminación del Odiel, provocado en gran medida por la actividad minera de
la zona, han causado reiteradas críticas de diversos colectivos ecologistas,
los cuales advertían la “alarmante” degradación del río.
José García Díaz.
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