sábado, 31 de octubre de 2026

El triste final del Museo Marino de Matalascaña.

 

                                                       


          

 

    Corría el año del 2002, cuando el 24 de julio el Presidente de la Junta de Andalucía, inauguró el Museo Marino de Matalascaña, recibiendo un gran abucheo por parte de los asistentes al acto, que quedó bien deslucido por donde el Chávez nunca lo perdono semejante faena.

    El museo que iba a revolucionar el ocio cultural en esta sufrida y maltratada playa, con este gran complejo turístico, dentro del dominado “desarrollo sostenible”, donde los que tuvimos la suerte de conocerlo quedamos impresionados por su gran e interesante labor expositoras sobre el Mundo Marino, ya que se podía estar catalogado dentro de los primeros e interesantes de toda la región andaluza centrado especialmente en los cetáceos como los delfines, ballenas etcétera. junto con sus esqueletos reales y réplicas a tamaño natural para demostrar una parte de los secretos que guarda la mar costera para dejarlo poco tiempo después y colocarlo en una de las más grande de las “chapuzas andaluzas”.

        Su nacimiento fue por los años 90 del siglo pasado, cuando un grupo de expertos escogidos para este fin desarrollaron varios proyectos que fuesen óptimos, para la creación de este museo en el citado Parque Dunar. Los dictámenes elaborados redactados por estos citados expertos aclararían que sería una gran oferta de cara a fomentar el turismo recreativo, manteniendo el aprovechamiento y la conservación de todos los recursos naturales que ofrece este espacio para el disfrute de la duna y de los ecosistemas que regalan este hermoso lugar.Que terminó con un sobrecoste de 20 millones de euros y diez años para terminar su construcción y luego en pocos años dejarlo abandonado por no contar con la ayuda pública necesaria para mantener su labor cultural.

     Tan solo tres meses después de su inauguración más de 11.000 persona habían visitado el Museo Marítimo, contando que los primeros 15 días fueron de jornadas abiertas, entraban una media diaria de 200 a 300 personas. Según el gerente “José Luís Nieva” la alta valoración de los visitantes y sus recomendaciones a terceras personas están siendo una de las mejores armas de difusión de este complejo turístico”, cuyo precio de la entrada era de cinco euros los adultos y los niños acompañados gratis.

      Fuimos muchos los visitantes que firmamos en el libro de visita, haciendo constar la gran labor cultural que representaban en toda la zona de la Provincia de Huelva, donde no podíamos imaginarnos los pocos años que le quedaba de vida, a pesar de la gran inversión realizada en semejante proyecto por los fondos europeos del desarrollo regional, como los conocidos Feder.

                                                       


             El gerente y monitor, que tuve la suerte de poder conocerlo.

        La segunda visita realizada fue en verano del 2008, donde pude observar como complemento al mundo marino una exposición sobre los invertebrados del mundo, (Como hacía constar la hoja publicitaria informativa) formada por corales y moluscos de todo el mundo junto con un grupo de pequeños animales marinos, además, de una recopilación de fósiles del campo de la provincia, donde se destaca varias unidades del pueblo de Bonares.

         El diario Huelva Información, calificaba en aquellos días que esta exposición la componen unas 4.000 piezas formando una de las colecciones privadas más importante de España, haciendo destacar el centenar y medio de corales recolectados en diferentes puntos del territorio nacional, y muchos de ellos se encuentran alojado en el fondo del mar, por lo que lo hace muy difícil obtenerlo y más aún conocerlo. Pero lo que más destaca de las cosas expuesta y que más estaba llamando la atención, es una de las especies de almejas más grande del mundo cuyo peso ronda en torno de 50 Kilos de peso.

     Estuvo un breve tiempo competiendo en visitas con el museo más importante que en aquellos años tenía Huelva, como era su Museo Provincial, que contaban y cuentan con más de veinte trabajadores por parte de la Junta de Andalucía.

   Pero casi en diez años después, este grandioso Museo Marino cayó en las mayores de las desgracias, por donde cada año entraban a visitarlos menos visitantes, demostrando el poco interés que demostraba turísticamente como alternativa cultural playera, por donde las deudas se iban acumulándose por no contar con las ayudas necesaria en subvenciones para su mantenimiento por parte de las autoridades competente, tanto de la Junta de Andalucía, como el Ayuntamiento de Almonte, que veían que la cultura no da votos a los interesados políticos de manos largas.

 José García Díaz.

     

 

 

 

 

 

 

 


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