domingo, 20 de marzo de 2016

!La riada perfecta!

                                                


      Contaban los viejos abuelos bonarense, hasta bien entrado los años setenta del siglo pasado, que algunos fueron testigos de la famosa riada conocida como "La del puente de Niebla". Ya que fue tan grande, que muchas de las traviesa de maderas de la estación de las mallas aparecieron en la playa del Picacho de Mazagón, donde fueron aprovechada, como complemento de la cerca de alambrada de la Almadraba Vieja.
    Y de como el molino de la familia de los Pérez Expósito, se quedaron inutilizado por tiempo, debido que la riada se llevaron parte del mecanismo de las muelas de madera y de como algunas piedras de moler desaparecieron para siempre.
       "El Diario de Huelva", como el de "La Provincia" redactaron la crónica de los terribles hechos de Niebla como los de diferentes lugares de esta provincia, producida por el fuerte temporal de lluvia, ocurrido por estos días del 12 de Diciembre de 1910.
   Estos hechos han producido, que se hayan desbordado los arroyos, como en la misma Sierra, donde los corresponsales continúas enviándonos noticias sobre los temporales que en la cuenca del río Tinto, las aguas han causado enormes daños en la cosechas y el ganado.
    Las poblaciones como Peguerillas, Nieblas y otras tantas, necesitan de la protección oficial para remediar la calamidad presente, pues aunque la caridad particular ya ha empezado a manifestarse, no pueden atender tanto daño. Tiene el gobierno el propósito de atender a los damnificados por las inundaciones y esperamos que la provincia de Huelva no se vea olvidada.
   Los hechos de Niebla por las torrenciales lluvias, en la madrugada del día 10, las aguas del río Tinto tuvieron una crecida de más de 10 metros, según comunicado de la guardia civil del puesto de Niebla.
    El río se salió fuera del cauce, extendiéndose las aguas e inundando varias casas y molinos de aquel término. Y cuando la benemérita se disponía a salir de auxilio de los inundados, tubo que retroceder porque las aguas cubrían el puente de piedra de Niebla.
     Pasó la fuerza por el de hierro del ferrocarril de Sevilla, para auxiliar a varios individuos de una casa sita en la otra margen del río, que corrían grave peligro.
      En efecto, en una casa--pajar propiedad del vecino de Bonares don Cristóbal Carrasco, estaba un vaquero y sus hijos, los cuales, sorprendidos por las inundación que invadió la casa, tuvieron que buscar refugio en el tejado.
       Varios vecinos y pastores con unas cuerdas lograron salvarlos de una muerte cierta. Después la benemérita consiguió sacar, tras no pocos esfuerzos, a unas veinte vacas que estaban en una corraliza, las cuales se sostenían nadando, pues la altura del agua les impedía   tomar pie...Dos terneras perecieron en aquel lugar ahogadas.
                                                       
          Vista parcial de la vega del río, la que más sufrió en las inundaciones, en el fondo, el molino de la familia de Gonzalo Pérez Expócito, así como parte de su parcela que son de su propiedad.


       En el molino harinero de la Puerta del Buey, también se salvaron los dueños por el tejado con la ayuda de los vecinos.
         Del almacén de maderas que junto a la estación del Empalme de Niebla posee el empresario don Tomás Nieto García, se llevaron las aguas más de 1.000 palos de pino y chopo, y a cortados y descortezados de diferentes gruesos y de uno a ocho metro de longitud.
          Todas las casas y molinos del campo quedaron inundadas, experimentando algunas graves daños, y aunque las pérdidas materiales son de consideración, por fortuna no hay que lamentar desgracia personales, ya que empezamos a ver que las aguas del Tinto ha empezado a bajar en consideración.
       Río abajo navegaban vertiginosamente, cerdos, cabras, gallinas y otros animales muertos, confundidos con los modetísimos enseres y muebles de las casas que habían sido arrolladas por las aguas.
        Entre los dueños de aquellas, que son en su mayoría humilde y pobres campesinos, se desarrollaban desgarradoras escenas de dolor, por la pérdida que para los mismos supone, lo que constituía su único capital.
     Las autoridades adoptan muchas precauciones, en previsión de que las aguas vuelvan a experimentar una nueva crecida.

   José García Díaz.


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