lunes, 13 de abril de 2026

Cuando el aguardiente, era la bebida típica de Bonares.

 

                                                     


 

   Donde se fabricaba en esta villa en sus alambiques, según documento del Archivo de Mediana Sidonia desde cuando empezaba hacerse lugar o pueblo, ya que el Duque cobraba tributo con su impuesto de Derecho de las Alcabalas. Tuvimos que esperar al año de 1785, cuando el cura más antiguo del pueblo de los cinco que los habitabas, Diego Garrido recibe la orden de parte del Geógrafo Real Tomás López elaborar un cuestionario sobre la vida local, donde ya resaltaba, que en esta fecha había cuatro fábricas de aguardiente que fabrican cada año 600 arrobas, den tan apreciada y placentera bebida alcohólica con ese sabor intenso, de regaliz ardiente y chivato. Cuyo consumo ha ido vinculando a la historia de este pueblo.

   En la década de 1850, pagaban la tasa de impuesto de consumo local, otras dos fábricas. Pero de lo más curioso lo encontramos en 1875, cuando una de ella, bajo la propiedad de una señora Mariana Guzmán y la otra en manos de Isidro Quintero, pagando la alta tasa que abonaban las bebidas alcohólicas de alta graduación.

    En primero del año de 1900, Bonares era una gran productora de esta bebida tradicional, reconocida en la importante guía comercial e industrial de España como era el Anuario Riera, donde se resalta la labor que tiene sobre el abastecimiento en todo el Condado, y parte de Andalucía el industrial ex militar don Antonio Grueso y Delgado, donde encontramos su publicidad de su empresa “Lacove y Compañía” en el “Diario de Córdoba” como en el influyente “Correo de Andalucía”.

        Mientras la otra destilería, era más pequeña era propiedad de don Rafael María Prieto, dedicada a la elaboración de licores, pero en especial el conocido como el “vino dulce o mistela.” Don Rafael mantenía como empleados de esta fábrica 8 empleados, mientras don Antonio Grueso, a unos 15 bonariegos, para la destilación y el acarreo de la leña para el alambique.

                                                 


                

     Don Antonio Grueso y Delgado, tío político del conocido industrial local vinatero y aceitero, “Juanito Mánele”, no siguió con la explotación de la fabricación del aguardiente, ya que según los mayores tenían en el recuerdo, que cuando comenzaba la construcción del Cine Colón, por los años 30 del siglo pasado, se encontraba alojada parte del alambique del aguardiente, propiedad de este señor citado que, fueron retirados.

        Es en este tiempo cuando aparece el aguardiente importado de Zalamea la Real, ya que mantenían por aquellos años hasta cuatro fábricas de destilación de este fuerte licor. Tuvo que ser la marca de “Las Tres Casas” la que mejor que quedó establecida por su sabor y precio, para su comercial en este pueblo, el tendero Salvador Saiz, venían en garrafas de una arroba.

   La “palomita” entonaba a los trabajadores de la madera, que marchaban de madrugada para su labor, y a los restantes antes de comenzar el trabajo diario. Ya que la copita del aguardiente, mezclada con el agua, blanqueaba el vaso con la misión de rebajar los 50 º grados que mantenían su alcohol, para ser más suave su entrada en la garganta. Era la bebida de los hombres madrugadores que, les gustan echar un traguito después del desayuno, o bien como abridor del apetito antes del almuerzo.

    Los taberneros de Bonares, eran grandes maestros de los mostradores, donde comentaban que en su momento en este pueblo se despachaba cerca de una garrafa de aguardiente de una arroba, es decir 16 litros a 22 copas la botella, contando con las derramadas, que viene a formar 352 vasitos que se consume desde los cuatros de la madrugada hasta las 12 de la noche.

     Pero sobre los años de 1980, en el Economato Coborja, se podía encontrar en las estanterías, la botella de aguardiente las tres casas al precio para el público de 400 pesetas el litro, el de 45 grados especial. Mientras la botella del guizquil “Dick” al precio de 350 pesetas, no se podía comprender como subía el precio del vasito del aguardiente a sus adeptos, mientras con el coñac era más aceptables por parte de los parroquianos.

                                                          


       Este anisado seco se obtenía de la destilación en alambiques de un determinado alcohol, en el que habían macerado previamente las semillas de la planta tan común en este pueblo como es del “anís” que la encontramos por todo el alrededor de este pueblo; las citadas semillas la conocemos también como la “matauba”. En pequeñas calderas de leña de pinos se calentaba el preciado líquido, el azúcar y el agua. El resultado de la blancura dependía de la concentración del aromatizante, debido a una larga tradición local.

      Pero con los años el consumo de esta bebida, ha dejado de estar de moda por la juventud que apenas la conocen, quedando las pocas copitas reservadas para algunos mayores nostálgicos.

    Lo más curioso e increíble, es que los orígenes de los alcoholes, dentro de un hecho probado es que fueron los árabes los primeros en la historia en destilar el vino para obtener el alcohol de una forma regular. También fueron ellos los inventores de nuestras “tortas de almendras con la sidra”, el dulce típico de Bonares, donde era costumbre, por algunos acompañarla con una copita de aguardiente, para que fuese mejor ingerida tan delicioso manjar.

José García Díaz.

 

   

 

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