jueves, 26 de octubre de 2017

La batería de costa del Picacho.

                                         
                                                       

                         Agosto de 1936, en la foto Braulio Soriano sargento de Milicia, natural de la Palma del Condado, el farero Maresca, Antonio Pichardo y el Valverdeño. Todas estas fotografias y sus cámaras fueron requisada por orden de Queipo de Llano y devueltas años después, aquellas que pasaron la censura militar.

                           Era el día 5 de Diciembre de 1936.
    Cuando extraemos la siguiente información de un periódico provincial, de como se está  formando el relevo de la batería del "Picacho". (En realidad lo que era un pequeño destacamento de soldados, que a duras penas sobrevivieron, al bombardeo por parte del crucero Miguel de Cervantes, que en cuestión de poco tiempo, transformó la pequeña base artillera en un paisaje lunar, pues los disparos del buque de guerra era tan potente que las ondas expansivas se oyeron desde los campos de Bonares, concretamente del conocido como el coto "Fraile", en donde los jornaleros fueron testigos, que las ramas de los arboles eran sacudidas y se caían por medio de las vibraciones), y de como el gobernador civil y el militar, fueron a Moguer a despedir a el resto del batallón, que se trasladaba a Sevilla, a ponerse a disposición de la División.
                                               

Después del bombardeo, tuvieron que improvisar en la playa,  preparando una base de material para alojar mortero y ametralladora.
    

      Se les ofreció una misa en el convento de Santa Clara con toda la oficialidad. ( Como era normal, en aquellos momentos metidos de lleno en la Guerra Civil, el no mencionar a los soldados que fallecieron en el bombardeo ocurrido el día 30 de Julio último de este año, no estaba del todo permitido).
   Tras la toma de Huelva, por parte de las fuerzas nacionales, al mando del capitán  de navío don Ramón de Carranza le recomienda al General Franco, sobre la importancia de corregir y organizar de nuevo la defensa de la barra de entrada para el puerto onubense, situada en la zona militar, llamada la del "Picacho".
    Franco reconsidera en aquellos momentos la situación y le pide al general italiano Mario Reata, 8 piezas de mortero de 260/9 modelo del año de 1916. Que llegaron al puerto de Huelva el 8 de Febrero de 1937, dentro de la operación secreta conocida con el nombre de "Espa" donde tres navíos de guerra desembarcaron en este puerto, camiones, pertrechos, municiones y un contingente de 2.500 soldados, sin que nadie lo esperasen dentro del Estado Mayor y menos tener constancia de esta operación. ( En el Archivo fotográfico de la Diputación, tiene una fotografía, sobre el desembarco de este material militar ).
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  Este potente y descomunal mortero, cuyo peso era de unos 12.000 kilos y sus proyectiles pesaban unos 220 kilos podían mandarlos a más de 9 kilómetros de distancia, con un tiempo de de carga de un disparo por cuarto de hora, lo hacía un peso pesado en la línea de fuego.

   Pero estuvo cerca de un mes, cargado en vagones de transporte en el mismo puerto de Huelva tras considerar el gobierno de Burgos, que la situación de las costas andaluzas no corrían en estos momentos mucho peligro por el declive de la fuerzas navales republicanas. Creyendo la necesidad de la potencia de fuego de este mortero era la de mandarlos para el frente Norte, donde participó en casi todas las más conflictivas batallas.
                                                              


   Ya en el año de 1943 la Junta de Defensa Provincial, presidida por el Gobernador Civil y Militar, contando con la colaboración del señor Pérez de Guzmán se dirige nuevo al Estado Mayor solicitando cobertura de fuego para la zona del "Picacho" teniendo en cuenta la marcha que está tomando la segunda guerra mundial.
   Esto hiso que el 22 de Octubre de 1944, llegara al puerto de Huelva tres piezas de artillaría procedente de los restos  de los cruceros que habían participados en la guerra de Cuba, y de aquí en barcaza del puerto, hasta el de la casa del Vigía, según contaba el bonariego Antonio Rasco, el cual participó en este curioso desembarco, realizado con la ayuda de los presos político y presentado.
      Montar estas piezas fue un gran problema, por no tener herramientas y equipos de tornos y fresadoras para fabricar las piezas dañadas y sustituirlas.  El montaje fue todo una aventura, por motivos que los talleres de mecánica más cerca estaba en el puerto de Huelva, y teniendo que venir dos Ingenieros de la Armada destinado en Cádiz, para terminarla de una vez, pero tuvieron que esperar para ajustarla y ponerla a tiro, hasta el verano de 1945, fue todo una aventura colocar estas piezas de artillería, pero como las desgracias nunca vienen solas.
     El martes 6 de Diciembres de 1949, sale en el periódico del Régimen, el Odiel una pequeña nota media escondida. Diciendo que el sábado último día 3, motivado por un rayo provocó, un grave incendio en la base militar en el Picacho, se intentó sofocarlo y controlarlo, pero no pudo ser, porque  el fuego alcanzó una caja de granada de manos, provocando una fuerte explosión, en donde los oficiales mandaron rápidamente el desalojo.
   La noticia llego a Bonares de la mano del industrial, José María el "Churruso" y de su ayudante el "Cabo Vela", puesto que iban todas las mañanas por el pescado al cuartel del Loro, teniendo que pasar por delante da la base militar.
 Los comentarios hubo de todo tipo, incluso tiempo después se escuchó en una emisora clandestina de la radio, lo mismo que cuando explotó el polvorín de Niebla, algunos años antes, el bulo era un sabotaje por el personal de izquierda.
   De los comentarios se reducen en que un rayo entró por la barraca de transmisiones por la antena, alcanzando algunas cajas de municiones provocando las explosiones. No hubo comentario de desgracia humanas, ni de heridos como casi siempre en aquellos tiempo tan difícil, si no lo que ocurrió fue que se quemó un pequeño corral con algunas gallinas y varias bestias sin especificar.

      José García Díaz.






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