martes, 27 de septiembre de 2016

"El crucifijo que sudaba"

                                                              


    Era por los años de 1850, cuando un periódico de Sevilla publicó este relato curioso y bello documento, sacado del registro de escritura notariales de Moguer.
          En martes de 29 de marzo de 1712, del año de nuestro señor Jesucristo, siendo como a las cinco de la tarde con poca diferencia, con el motivo de haber venido a esta ciudad, un alcalde de la villa de Niebla llamado José Espina en defensa de un pleito que tenía con una mujer de dicha villa sobre casamiento, a casa del señor licenciado don Juan Gutiérrez Villanueva, abogado de los reales consejos, teniente corregidor por S. M. de esta ciudad para que le hiciese su defensa, parece que en el interés que le veía el pleito se salió a ver los templos de esta ciudad en compañía de don Francisco, hijo de don Alonso Coronel, entraron en el hospital del Corpus de Cristhi de esta ciudad, y habiéndose puesto hacer oración al Santísimo  Cristo de la Encarnación crucificado, reparó dicho alcalde que la imagen de dicho crucifijo estaba copiosamente sudando, con cuya novedad salió el dicho coronel, publicándolo y tocaron las campanas, y con este motivo acudieron a dicho hospital el vicario y los eclesiástico de esta ciudad y guardián, y religiosos de nuestro padre San Francisco de ella, y el cabildo secular y la mayor parte de la gente de esta ciudad.
   Los escribanos y notarios que aquí firmamos por quienes se vio plenamente estar dicha imagen sudando, y un purificador que tenía en la mano el licenciado don Juan de la Peña, y beneficiado de dicha iglesia, con que enjugaba dicho sudor, el cual duró hasta poco antes de la oración sin haber sabido desde cuando tuvo principio, y aunque se hicieron ciertas y fijas diligencias sobre averiguar si dicho sudor era motivo de alguna humedad, se vino en el entro conocimiento de que no la hubo, aunque se registraron los paredones por dentro y fuera  de dicho hospital.

    Y habiendo sido llamado a el hermano José Hernández, maestro del arte de la pintura declaró, según ellas, no haber circunstancias para el sudor de dicho crucifijo, lo que motivó a dichos eclesiástico seculares y regulares y cabildo estar toda la noche hasta mañana del día siguiente de guardia en dicho hospital con luces encendidas pidiendo misericordia a Su Divina Majestad. Y para que en todo tiempo conste esta verdad así lo certificamos y firmamos.-- Toribio Reales, escribano.- Gaspar de los Reyes, escribano.-- José Ramírez, notario apostólico.--don Juan José Maldonado, notario apostólico y de la Santa Cruzada.-- don José González Dávila notario de vicaría.--José Polo de Cárdenas, notario apostólico.

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