jueves, 17 de febrero de 2022

¿ Excavaciones arqueológicas de nuevo en Niebla ?

 

                                                                      


 

 

     Por Ramón Ortega, que he tenido el gusto de saludar y acompañar en sus primeras investigaciones arqueológicas en nuestro pueblo, al joven arqueólogo del Instituto Español de Prehistoria, perteneciente al Museo Arqueológico Nacional, don Pedro Garrido Roig.

   Actuando de introductor con una fina carta el elegante y magnífico poeta onubense serrano, ese querido y viejo amigo Jesús Asencio, le hemos atendido en cuanto ha sido posible en el corto posible de tiempo que estuvo en esta, debido a la ausencia del alcalde y conservador del Museo, en el que deseaba tomar algunos datos para la orientación de la misión que trae encomendada para llamar la atención oficial hacia las excavaciones en Niebla, las cuales se encuentran paralizadas desde el fallecimiento da la ilustre arqueóloga inglesa, doña Elena M. Whisarw.

   El señor Garrido Roig visitó distintos sitios de los alrededores y al pie de las murallas para hacer estudio sobre yacimientos arqueológicos en general y muy particular sobre la época pre-´romana, tomando algunos datos con los que se mostraba muy animado en cuanto a los vestigios que desean descubrir.

  El distinguido arqueólogo onubense, que acaba de dirigir unas excavaciones en Ampurias, ofreció visitarnos de nuevo con más tiempo de nuevo en el próximo mes de octubre y recoger aquellos datos más interesantes para poder llevar al ánimo de las autoridades la necesidad de estas excavaciones que tanto pueden importar a la arqueología nacional.

  Ni decir tiene que para todo cuanto afecte a su misión y particularmente, nos tiene a su disposición, como así también entendemos lo estarán nuestras autoridades, siempre prestas parea el mayor nombre y prestigio de nuestra histórica ciudad.

    Destacamos también, que su vista tiene que ver con el comienzo en breve con la reconstrucción parcial de la Puerta de Sevilla, esperando que no sea de nuevo una verdadera decepción, lo que, hasta la fecha de hoy se ha estado realizando.

   O se reconstruye o se deja como estaba en principio, pero poner parches aquí y allí sin ton ni son, no debe permitirse de ninguna manera por el Conservador de las murallas ni por las autoridades; se le está dando un aire nuevo, moderno a la entrada de la misma que no va con la vetustez de la referida Puerta; las esquinas de la parte deben ir exactamente igual a como estaban antes de su derrumbamiento; es decir, construidas de grandes piedras que en ningún lugar cercano dejan de encontrarse con gran porfusión y si estas piedras no existieran, deben construirse para darle a dicha entrada el tono serio e histórico que corresponde. Para que esta obra se lleva a efecto con la ortodoxia natural en esta clase de obras de interés histórico.

  En la semana siguiente y gracia al interés que todos los hijos del pueblo han puesto para que se lleve a cabo la reconstrucción de la iglesia parroquial que se encuentra en ruina, van a dar comienzo en breve tiempo las obras proyectadas, quizá en esta misma semana del 20 de septiembre de 1963.

                                                   

  La presenta postal es de marzo de 1970 de la editorial Everet. Se aprecia el carro de "Monolo el Tarritero" de Triguero. Del Archivo  de Pepe el carnicero.
    

   Las aportaciones que se han conseguido, tanto con la ayuda del pueblo como por otros medios son importantes y marcan un principio de reconstrucción muy halagüeño, ya que ello será base para que cuantos estén interesados en que la histórica iglesia de Santa María de la Granada se conserve, pongan a disposición de las autoridades encargadas de las obras todo cuanto sea preciso y haga falta.

   No creemos que nadie regatee su óbolo para para estos trabajos y estamos seguros que entre los interesados, se encontrará la Compañía de Río Tinto, que tanto interés ha puesto siempre en las cosas de Niebla, no solo por los muchos trabajos que viene desarrollando en esta, con excavaciones y extracción de piedras, sino por la multitud de obreros de Niebla que tiene a su servicio y confían todos en que la Compañía preste su ayuda decidida y material.

   Felicitamos a nuestro párroco, y a todas las autoridades por el tesón y energía que han puesto en todo momento para conseguir la culminación de estos comienzos de la citada obra, que tan lejos parecían encontrarse hace poco tiempo.

  José García Díaz.

 

 

miércoles, 9 de febrero de 2022

El tesoro de Saltés.

 

                                                             


  Todos los huelvanos, al ir a Punta Umbría, hemos pasado multitud de veces junto a la Isla de Saltés, arenosa y baja con algunos olivos y pequeños cabezos destacándose contra el añil del cielo, que se ven desde la canoa, en el plácido paseo por la ría; todo esto constituye para nosotros un cuadro hermoso y familiar.

   Pero lo que no todos sabemos sobre esa isla de nuestro estuario es una vieja y fascinante historia, muy ligada a la de nuestra bella y querida Huelva. No sucedió en los tiempos más antiguos, cuando los fenicios elevaron allí un templo a Hércules, que por su grandiosidad y belleza fue famoso en todo el mundo entonces conocidos; no fue tampoco en los tiempos en que los griegos fundaron en Saltés la orgullosa ciudad de Heracieous Nexos, ni cuando una tribu celta, la más meridional de todas, se estableció en la entonces llamada Certare, hoy Saltés. Esta historia ocurrió en tiempos relativamente más reciente: cuando, en el siglo XI, Huelva fue la capital de un culto y próspero reino taifa.

  En el año 1011, el aumento entre los huelvanos del ansia de independencia, coincidiendo con la debilidad del Califa de Córdova, permitió que un hijo de Huelva, Mohamed-Ibn Ayún-Abú Zaid-Al- Becri, segregase la comarca del califato, y la proclamase reino independiente, con el cómo rey y su capital en Huelva.

  Nuestra ciudad se convirtió pronto, bajo su inteligente gobierno, en un emporio industrial y mercantil, famoso en su tiempo, y pleno de riqueza y prosperidad. En tal ambiente, pronto brilló el genio huelvano, y las artes, las letras y las ciencias se cultivaron con sin igual esplendor; aquí florecieron literatos de la colosal tala de Aben Hazám, el mayor poeta y pensador hispanomusulmán, geógrafo del islam después del El-Edrisí, y tantos y tantos otros. También se llamó la ciudad de hermosos y nobles monumentos, que según frase de Abú-Obaid el Beerí, fueron “el ornato del mundo”.

                                                           


                                                        

  Desgraciamente, esta prosperidad y riqueza no pudo menos que excitar la codicia del rey de Sevilla, “Almothadir, conquistador brutal, ya se había apoderado de los reinos de Morón, Ronda, Jaén, Niebla y Santa María de Algarbe, cuando, en el año 1051, puso sitio por tierra y mar a la ciudad de Huelva.

  Aunque los huelvanos eran gente eminente culta y pacífica, se aprestaron animosamente a la defensa, y mandados por su rey que era Abdul-Aziz Abú-I- Mossablese, defendieron heroicamente hasta el último extremo. Pero la desigualdad de los combatientes era demasiado grande, y los sitiadores lograron al fin expugnar la ciudad no sin la feroz resistencia de los Huelva.

   Mientras los invasores se dedicaban a la matanza y al saqueo, al incendio y a la destrucción, Abdul- Aziz consiguió, a favor de la confusión del momento, pasar desapercibido y huir llevándose consigo el tesoro real. Eludió las tropas de Almothadir y se refugió en la isla de Saltés, donde se escondió por cuatro días, al cabo de los cuales, viendo lo inseguro que se volvía su refugio, intentó escapar en una barca, disfrazado de pescador. Pero el tesoro se quedó escondido en la isla de Saltés, en espera de mejores tiempos.

     A poco de cruzar la barca la Boca de la Barra fue interceptada por una de las galeras de bloqueo y Abdul-Aziz fue reconocido y preso. Le llevaron a Sevilla, donde negó a confesar el lugar de Saltés donde escondió  el tesoro; más tarde, le arrancaron los ojos, fue torturado, y, por último decapitado. Su cabeza fue clavada en una escarpia de los muros del Alcázar de Sevilla, antes de confeccionar con ella una pieza más para la “vajilla” del rey Almothadir.

    De la Huelva de los reyes becritas, nada queda, salvo una lápida y otros pequeños objetos encontrados en los patios de casas edificadas sobre el solar de las ruinas del palacio real de Huelva, que estuvo situado donde hoy están la iglesia y el convento de las Agustinas y calle Millán Astray arriba.

   Pero nadie ha encontrado hasta nuestros días, y por tanto permanece en su escondite, en algún lugar de la isla de Saltés, el tesoro de los reyes de Huelva.

Manuel Pizán Domínguez.