domingo, 8 de marzo de 2020

El navío San Julián.


                                                     

                                                        
 Este navío de línea de dos cubiertas portando 74 cañones fue capturado en la batalla que se desarrolló cerca del Cabo de San Vicente, en la costa del Algarbe portugués el día 16 de Enero de 1780 sobre las 13 hora cuando se enfrentaron  la flota inglesa del Almirante Inglés Geoge Rodney,   con la de Juan de Lángara después de haber combatido varias horas acompañado de un tiempo nublado cargado de fuertes oleajes y lluvias ocasionales, fue el último navío español que se rindió en esta batalla debido a la supremacía de la marina inglesa.
      Una vez detenido empezó a ser remolcado por el famoso navío inglés el Royal George con marcha a su base del Peñón de Gibraltar, en donde los oficiales españoles fueron trasladados y subidos a bordo, mientras en el San Julián, solo se quedaron por encontrarse en la enfermería en estado de gran gravedad el comandante Medina y el capitán de fragata Aurelio Martínez.            Mientras tanto su tripulación se hicieron  responsable de  conducirlo, quedado mandados por dos oficiales uno de ellos  que ejercía de Teniente de Fragata, que con el tiempo alcanzó una gran fama a nivel mundial el conocido Alejandro Malaspina.
De nuevo comenzaría una nueva batalla, pero esta vez con el viento del Levante acompañados de fuetes tormentas desde Ayamonte hasta  las Arenas Gordas, que les condujeron enfrente de la "Torre del Oro". (Punto de referencia por aquellos años a la marinería era  uno más el Cerro de los Asperillos, domina la entrada de la comarca y sirve al navegante, hoy como antaño como señal costera de (A.Schuten, Tartesos).
 Quedando la situación en extrema gravedad, donde los  ingleses no conocían las costas de las Arenas Gordas y el San Jacinto se encontraba algo dañado y tocado esa noche con mal temporal, que se vieron obligados antes el peligro de hundimiento que se les venían encima, a pedir ayuda al comandante español el Marqués de Medina y su tripulación española curtidos en las aguas atlánticas. Los españoles accedieron pero pidiendo a cambio estos que el navío San Jacinto  ser llevado a fondear un puerto español.                                                    
                                                                   
El navío San Julián.


  El oficial de mayor graduación del navío del Royal George tuvo que cortar las cuerdas de las amarres de remolque, que se encontraban apresado todo el día de del 17 de Enero, donde los oficiales españoles habían acordado que se declarasen prisioneros a cambio de no perder ninguno de ellos sus vidas.
Por lo que el buque San Jacinto  entró en la Bahía de Cádiz, al mando del ilustre piloto como era Alejandro Malaspina de donde fueron a fondear en la punta de la Cabezuela, llevando un grupo de prisioneros ingleses, que poco antes fueron los dueños del navío con los españoles detenidos.  Pero con tan mala suerte del aventurero navío San Jacinto que naufragó dos día después del combate.
   José García Díaz.

Fuente: De Wikipedia.or.

sábado, 7 de marzo de 2020

Los otro microbios.


                                                            
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    Dado que el diario de mayor tirada en Huelva, por los años de 1884, era el conocido "La Provincia", fiel vasallo de la empresa Inglesa minera Río-Tinto, teniendo entre sus  mayores accionistas los  tres  hermanos abogados de la familia Vizcaínos de Valverde del Camino, que a su vez, letrados y defensores de la Compañía citada, donde uno de sus hermanos era consuegro del Señor de Bonares don José María Carrasco Vega "El Patuo·" ambos socios y dueños de cinco embarcaciones matriculadas en el puerto de Moguer.
   El diario La Provincia era muy prudente con las críticas relacionadas con el caciquismo local implantado en toda la población huelvana.
   No quitabas que ocasiones determinadas los criticasen con la "boca chiquita" ya que su lectura era para un grupo determinadas de personas, puesto que en aquellos años se contaba con una población que la mayor parte de sus gente eran analfabetos.
    Rescatamos de este curioso diario, el siguiente artículo con el nombre de "Los otros microbios". Que tiene que ver con lo que está pasando actualmente en nuestra sociedad.
     " La ciencia, aplicando su atención al misterioso origen de las enfermedades infecciosas, han descubiertos los microbios, esos pequeños organismos productores de terribles males; y el ánimo más entero, cuando se para a meditar en estas cosas, no puede menos de sobrecogerse la considerar como maquina tan bien dispuesta el organismo humano, se halla de continuo amenazada por la acción lenta y perseverante de lo infinitamente pequeño.
     Si, igual atención que en el origen de las enfermedades físicas se emplease en los males sociales, no sería difícil descubrir multitud de bacterias que podríamos llamar morales, y en ellos  hallaríamos el germen de epidemias no menos terribles que las que atacan al hombre en su parte material.
                                                        
El señor de Bonares, don José María Carrasco Vega. Del Archivo privado de Pepe el Carnicero.


    Aplicad el microscopio a la política, a la administración, al estado intelectual y moral de la sociedad en que vivimos, y veréis surgir, alentar, extenderse por todas partes innumerables especie de microbios.
    Mirad esa población rural pobre, inculta, abandonada; mirad esos vecinos que no pueden con la carga que sobre ellos pesa que se sienten oprimidos por mil trabas. ¿Que tienen? Una enfermedad terrible que los agobias; un microbio destructor los devora; es el cacique que acapara los bienes de todos, que forma expedientes que se resuelven a su gusto, que extiende a todas partes su perniciosa influencia.
    Ved esas oficinas donde solo se atiende a las recomendaciones, donde los asuntos que no convienen resolver se eternizan, donde lo que importa al bien del país se olvida. ¿Quién ejerce allí imperio tan funesto? Otro microbio; el político influyente, cortesano del ministro, que cobra en pernicioso favor su adulación constante, su apostasía continuada.
    Reparad lo flaco y desmedrado que se haya nuestro sistema parlamentario, mientras sus hermanos gozan en otros países robusta vida. ¿Qué tiene? ¿Cuál es la causa de su mal?.
    No es difícil averiguarlo; el manantial de su vida ser la opinión pública, libre e ilustrada, se ha enturbiado con la influencia oficial, y en la corrupción, han tomado aliento multitud de microbios. Vedlos como se agitan; aquel que guarda en el exterior forma estética es el jovenzuelo que perdió en disipada vida su caudal y a quien el favor abre las puertas de la política para que espigue en su campo y halle en él sus Indias; aquel otro que tanto se mueve es el político aventurero tránsfuga de los partidos, que ha hecho de su consecuencia en papel de Bolsa; aquel otro más reposado es el que por vanidad tan grande como su insuficiencias, llega a los cargos públicos  usurpando puesto que debía ocupar el mérito.
  El microbio está por todas las partes; el microbio a envenenado la atmósfera de la Hacienda pública que es un gran fraude, ese cólera de los intereses públicos, enflaqueciendo la Administración, que es para el país como nodriza de estériles pechos.
   La ciencia ha hecho prodigios en lo que refiere a la enfermedades contagiosas; el cólera no es hoy tan terrible como en otras épocas. Higiene, higiene dice continuamente  la voz autorizada de los doctores, y con buen  régimen higiénico se combate el funestísimo huésped asiático.
    La honradez es el orden moral, lo que la higiene en el físico, y mientras no purifiquen la atmósfera pública con el desinfectante poderoso de la buena administración y del buen gobierno, podremos librarnos de los microbios del doctor Koch, pero no nos libraremos de los microbios políticos, que son más funestos que aquellos que nos gobiernan en estos momentos.
  En Huelva a 22 de Junio del año de 1884.
  José García Díaz.
    
    

jueves, 5 de marzo de 2020

El navío llamado Hubber.


                                                           
 
  Teniendo en cuenta la rentabilidad económica en los  negocio del transporte de la cera para las Indias contando con la bendición del clero. Hace que encontremos varios naufragios en nuestras playas de Castilla, donde se hace resaltar la importancia que tenían las velas de ceras de abejas para las Iglesias del Nuevo Mundo y para los nuevos ricos allí asentados.
   Mientras en los hogares de los humildes, las velas era fabricadas del sebo, extraído de las grasas de las vacas de las ovejas y de ganado cabrío, siendo la de este último la más barata, pero presentaba un olor tan desagradable, que mientas en toda las España se permitan su venta, en países como en Francia y Alemania se quedó prohibida por ordenanzas municipales. Ya que el fétido olor se debía a la glicerina que contiene el sebo animal.
   Expediente de segundo navío naufragado en las costas de Mazagón, teniendo como parte de su transporte la cera de abeja:

  "Sobre el navío que se hace llamar Hubber, naufragado en esta costa.
   En la ciudad de Sevilla del año del Señor Jesucristo a 10 de Marzo de 1731 y antes del señor Juez de la Santa Madre Iglesia hago certificar:
 Que Joseph de Ezquivel en nombre de don Tomás Burget de nación Irlandesa, que es hombre de comercio vecino de la ciudad de Cádiz, que en la mayor forma haya lugar las averiguaciones a cerca de lo sucedido a este navío.

                                                             



  En cuyo naufragio han desaparecido, más de de cuatrocientas arrobas de cera, poca más o menos que venían consignada a mi parte para su venta.
   Este navío naufragó en las costas y cercanías de Moguer, en la tempestad última acaecida el mes de Febrero y entre las mercancías que se perdieron fue la dicha cera, para que de mi parte he hecho varias diligencias para descubrir su paradero, que no lo he podido conseguir, y teniendo noticias, que la han sacado de la mar, y que se la llevaron diferentes personas vecinos de Moguer, Almonte y San Juan, para que la hubiesen ocultado parte de ellas las restituyan y sean entregada a mi parte, y las que hubiese noticia que la declaren.
  Suplico a usted mande a despachar sus cartas de Censura Generales para que se publiquen en las Iglesias de las dichas ciudades de Moguer, San Juan y la villa de Almonte, y lo hago en nombre de mi parte por no tener otro recurso.
        Joseph de Ezqivel.
  Su merced mando a despachar las costas de censuras.

  A.H.M.M.
  José García Díaz.

martes, 3 de marzo de 2020

La polacra San Diego.


                                                           

 
       Esta polacra o pinque "San Diego" alias "La Esperanza" era de  fabricación catalana, se encontraba bajo licencia de la Universidad de Cargadores de Cádiz de 216 6/8 toneladas, cuyo dueño era Jacinto de Arizón, estuvo durante muchos años bajo control económico de un grupo de comerciantes catalanes; se encontraba al mando el Capitán y Maestre Salvador Cruañas oriundo de Canet, y su propietario el naviero Salvador Arizón, que no pudo el navío realizar su viaje a Cartagena de Indias debido a que cuando se encontraba en el puerto el día 17 de Enero de 1752, le entró un fuerte temporal del Levante acompañado de violentas tormentas, que la desamarró quedando a deriva por la costa para venir a naufragar, enfrente la "Torre de los Asperillos".
  Donde por suerte una parte de la carga pudo ser recuperada mediante buceo, para empezar de nuevo su preparación y trasladada dos días después a otro improvisado navío la nao llamada Nuestra Señora del Buen Viaje, (Curioso y bonito nombre de "Santa" de este navío catalán, que detrás se escondía su participación en un lucrativo negocio, dado que se encontraba metido en muchos despacho con numerosos registros de transporte y negocios de esclavos, que saliendo de los puertos de Sevilla, Sanlúcar, Cádiz, Lisboa y las Islas Canarias, para cargar nativos en Cabo Verde, Guinea, Angola y la Mina y sus ríos en virtud de licencias reales. A.G.I. Contratación-1633).
                                                        
Arrieros de costa en las Islas Canarias.


  Pero de ninguna manera pudieron llevarse toda la mercancía rescatada del San Diego, entre cosas desaparecidas no apareció por ninguna parte  un baúl de la  catalana Compañía Macé con más de 2.800 pesos de a 150 cuartos, asegurado en riesgo de ida y vuelta, sobre el primer tercio cargado a nombre del comerciante de Francisco José Vanhemet e hijo, junto a ciertos géneros denunciado por empresarios catalanes, que se suponen que fueron saqueados por la gente de la mar de la playa de Castilla.
 Además se documenta que el mismo capitán y maestre Cruañas participó en poner a salvo parte de la mercancía citada junto con los harrieros contratados en Moguer, Trigueros y San Lucas. Y como era tan normal la costumbre en la oligarquía financiera catalana los fiadores del navío de Nuestra Señora del buen viaje, eran ya los mismos de la polacra San Diego, Cristóbal Arizón propietario y hermano de Savador, Jaume Campins, Félix Almera y Félix Pera. Quedando como abonadores de las expedición citada, se dan nombres catalanes, como Tomás Prats y Pérez Marsal.
                                                            


  Pero algo debió de pasar cuando la embarcación de los negreros catalanes transportaban mercancías rescatadas que no habían pasado por registro de los oficiales de la mar para que los Jueces de Rentas de Moguer, crearan un Auto de Oficio para  tomar declaración jurada al mismo Capitán y Maestre Salvador Cruañas, que tuvo suerte que el día 21 de Enero, fuera absuelto de toda responsabilidad sobre los hechos acaecidos.
Registro de ida de Tierra Firme. A.G.I.
  José García Díaz.

lunes, 2 de marzo de 2020

Las nao San Miguel y la Gallega.


                                                           


    Orden por parte de Felipe II el día 16 de Julio de 1561: "Porque conviene al aumento el aumento, conservación y seguridad del comercio y navegación de nuestras indias establecemos y mandamos que en cada  un año se hagan y formen en el río de la ciudad de Sevilla, puerto de San Lucas y Cádiz dos flotas y una armada real que vayas a las indias".
   De esta rentable actividad por aquellos años para el reino destacamos la ocurrida y conocida por la "Armada flota de don Diego Flores de Valdez, que salió el 27 de Septiembre del año de 1581 del puerto de San Lucas de Barrameda que terminó en unas de las grandes tragedias de la mar, motivadas por el naufragios de dos navíos de la citada flota.
  Empezando que estuvo con serios problemas ya antes de salir del puerto, motivadas por partes del  responsable de la citada flota, con el que se suponía que ejercía de segundo, el citado Diego Flores con el ilustre Sarmiento Gamboa.  Las disputas entre ambos  se basaba que el citado Flores era un gran marino de espada en mano curtido en la vida militar, mientras que Sarmiento, era todo lo contrario fue un culto historiador, geógrafo, explorador y hombre de bien que tuvo  con el anterior la negativa para que fuese Gobernador y capitán de la región del estrecho de Magallanes. De hecho el general Florez Valdes, propuso a su Majestad Felipe II hasta los nombres de siete generales, antes de Sarmiento, puesto que este y el piloto Antonio Pablo Corzo no tenían el suficiente saber sobre lo que  era la marinería.
  Aunque hay además documentada parte de alguna rencillas, ya que Sarmiento de Gamboa contaba con un contrato por parte del Rey para esta jornada de 5.000 pesos de salario, mas de 3.000 ducados de de ayuda de costa, por llevar el encargo de Capitán General y el de Gobernador del Estrecho de Magallanes que obligó al general Flores pedir su dimisión al Rey, y este no la aceptó. 
    Teniendo que  venir a poner orden entre ambos, el mismo capitán general de la mar de Andalucía, el Duque de Medina Sidonia y ordenando lo más pronto posibles la salida de la flota, el Jueves día 27 de Septiembre de 1581, no sin antes tener en contra la opinión dada por Sarmiento y los pilotos de las naves, afirmando la negativa que suponía la salida a la mar los días seguidos del equinoccio de la luna de otoño, trayendo fuerte temporal del Levante  muy normal en estos mares. El citado temporal duró más de 60 horas, se vieron obligado a volver al puerto de Cádiz, dejando en el camino más de 800 personas, entre ahogados, heridos y desertores con ciento setenta que no se supo más de ellos.
                                                
                                                                     


    De este hecho la nao Gallega, al mando de su capitán Martín de Quiroz junto con su Maestre Juan de Hormaeches, de 300 toneladas siendo su propietario Juan de Oribe Apallua fue tragada por la mar, dando una voltereta quedando sumergida boca  abajo sin que se pudiese salvar ningún hombre de los marinos soldados, frente al paraje conocido como "Higuera" en la playa de Castilla que sus costas estuvo recibiendo ahogados durante días. (Citado en el parte del informe recogido por los Jueces de la Casa de Contratación quedando muy completo por desarrollarse los dos naufragios cerca de la costa de Mazagón: "Relación sumaria del jefe de la Armada del Rey deforme que ha referido de Magallanes ha tenido del día de la ribada. partió de la playa de San Lucas el año pasado del ochenta y uno,) Aportada por el general Diego Flores Valdés.  (Instituto de Historia y Cultura Naval).
     El segundo naufragio fue la de la nao San Miguel, cuyo capitán era Héctor Abarca, y su Maestre Martin de Lozoya que era propiedad de Bartolomé de Pola, que tuvo más suerte que la anterior por tener menos ahogados que la Gallega, por dar en tiempo utilizar la chalupa y encontrarse lo más cerca de la costa de Moguer, teniendo como referencia encontrarse enfrente del paraje conocido como "El Picacho".
 Como viajeros de este grueso navío de 400 toneladas se encontraba con la marinería un grupo de pobladores solteros y tres frailes, contando además como pasajero el Capitán de Ingenieros y arquitecto militar al servicio de Felipe II Antonelli Bautista con la misión de construir una fortaleza en el estrecho de Magallanes, con la suerte de salvar su vida, pero no del material y pertrecho que acabaron hundiéndose con la nave.
 José García Díaz.