jueves, 21 de diciembre de 2017

María Salomé Patrona de mi Pueblo.

                                                               

La foto es del año pasado cuando estuvimos en Santiago de Compostela. La fachada de la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora María Salomé.


   Por Cristóbal Gómez Conejo,en agosto de 1937.

   Llegó la hora de cumplir la terrible sentencia. El populacho seguía con grandes alaridos y manifestaciones canallescas, pronunciando de vez en cuando aquellas palabras de !! Crucificadle !! Había llegado el momento de cumplirse en todas partes la profecía: el Hijo de Dios caminaba con paso lento, pero firme, hacia el Monte Calvario.
    Sólo un grupo de mujeres mezcladas con la multitud que los hombres le imputaba. Ellas, con palabras de consuelo endulzaban aquellas llagas que la mano del hombre impío había producido desgarrando su Sagrado Cuerpo.
      Llegaron al pié del Monte y ellas presenciaron el terrible suplicio. Ellas escucharon sus últimas palabras perdonando a la multitud frenética de odios y venganzas. Ellas, al expirar, recogieron su Cuerpo ensangrentado y con albas vestiduras lo llevaron al Santo Sepulcro.
    En estas Santas mujeres, estaba Salomé, mujer del Cebedeo.
     Ella fue quien en cierto encuentro con el Divino maestro pidió como gracia especial que colocara a sus benditos Hijos Santiago y Juan uno a su diestra y otro a su siniestra en el Trono Celestial.
      En esta petición se comprende hasta donde llegaba el Santo Egoísmo de aquella Madre, madre de los apóstoles predilectos, Santiago, Patrón de España, héroe de la batalla de Clavijo, que venera en Compostela y Juan Evangelista.
    Esto sucedía hace muchos años. Todos hemos lo hemos oídos en boca de nuestras madres al calor de la lumbre. Todos sus buenos hijos llevamos en nuestro interior esta Santa Tradición.
                                            *************
    Han pasado años y más años, María Salomé aparece sobre un árbol en este rinconcito de la provincia de Huelva, llenando de santa veneración a nuestros abuelos que le erigen una Ermita en el lugar.
     Así la hemos visitados desde pequeños, así la hemos llevado en nuestro corazón en cuantos momentos difíciles se nos has presentados. Pero llegó un día fatídico que los escribas y fariseos que antaño hicieron acto de presencia en Rusia, invadieron todo el orbe. Se cumplía aquella maldición divina sobre los judíos, de que no formarían nación y se dispersarían por el mundo.
     Absorbida con su codicia las finanzas, acapararon el comercio y la industria, eran dueño del mudo económico, pero de un mundo erróneo, lleno de miserias y engaños. Las predicaciones invadieron las naciones europeas. De algunas fueron echados por indeseables, por voluntades férreas como Hitler y Mussolini.
  En otras más débiles encontraron acogida. Esto último sucedió en nuestra España. La semilla fue próspera y el egoísmo de estos fariseos se antepuso a todo sentimiento y toda tradición.
    Nuestra España, decían, dejaba de ser católica. El Santo Crucifijo era arrojado de los centros de enseñanza; el laicismo imperaba por la razón de la fuerza y honrados padres de familia veíamos con lágrimas en los ojos que nuestros hijos; los españoles del mañana, iban a educarse en un ambiente donde se había sustituido la palabra de Dios por la repugnante y grosera de Salud.

                                                               

Pepe el Carnicero en el interior de la Iglesia.



    Todos los hombres dignos pedíamos al Todopoderoso por la pronta terminación de este caos. Pero tenía que surtir efecto el veneno soviético. El drama, de la misma forma que un día se desarrolló en el Sinaí, había de repetirse.
    Los días calurosos de Julio del pasado año de 1936; las persecuciones de las personas dignas cada día en aumento, los elementos derechistas se iban encarcelando poco a poco; las peticiones del socorro rojo aumentaban por procedimiento cada día más violento; los edificios públicos como el Centro Benéfico de derechas, era asaltado por los fariseos y convertidos en mataderos de reses para sus orgías.... Pero una mañana un grupo de desalmados marxistas asaltó nuestro Templo; las imágenes fueron destrozadas y sus restos como pesada carga echados en un camión que se dirigía a las afueras de la población. A poco eran pasto de las llamas imágenes tan veneradas y todo se había reducido a un montón de cenizas.
   Pero faltaba algo.... Un mal hijo de este pueblo advirtió a la legión de fariseos y escribas que nuestra Santa Patrona nuestra María Salomé se había olvidado y había que quemarla igualmente.
    Las hordas desenfrenadas volvieron por ellas. No estaba en su camerino no estaba en la Parroquia. Había que buscarla....
     Al fin la encontraron; se la llevaron de su escondiste, donde manos piadosas la habían ocultado, fue echada al camión y conducida al Sinaí marxista, y arrojada sobres  las ascuas Santas y a poco todo había desaparecido...
   Nosotros, los buenos hijos, los que al recordar su trágico fin nos llena de dolor, levantaremos e este Santo lugar una cruz conmemorativa y entre vítores y aclamaciones recibiremos en breve la nueva imagen que hará su entada triunfal rodeada de los suyos mientras en el espacio resonarán gritos de !Viva España Católica! !Viva Santa María Salomé! !Viva el Glorioso Ejército Salvador de nuestra España.


 José García Díaz.

No hay comentarios:

Publicar un comentario