viernes, 3 de febrero de 2017

El Dolmen de la Lobita


                                                   

                               Marzo de 1974, el Dolmen ,foto de Indalecio Iglesia con Pepe el Carnicero.

     El Dolmen de la Lobita.

     Acabamos el Domingo 26 de Enero de 1925 de visitar un grupo de amigo el Dolmen de La Lobita o mejor aún el dolmen de Candón, ya completamente restaurado y que a nuestro juicio, tiene el defecto de la poca Luz que se ha dejado que penetre en su inferior.
     Cierto que en sus tiempos primitivos estaba completamente cerrado; pero como en nuestro días ha pasado a ser un monumento de estudio, fastidia no solamente al profano, sino al arqueólogo que no puede hacerse de velas o antorchas, la poca claridad que se le ha dejado para apreciar en singular estructura y los grabados de las piedras.
         Pues si el objeto ha querido ser restablecido todo en su punto, no ha debido de ponerle esa  puerta de hierro macizo con alambrada, pues lo típico hubiera sido colocarle una puerta de piedra, como la tuvieron la mayoría de estos monumentos en sus tiempos primitivos. Y aquí cabe decirle al profano, que quiere estudiar de todo:! Zapatero a tus zapatos!
   Se  nos ha asegurado que la Comisión de Monumentos no conoce todavía el dolmen, ni puede visitarlo por expresa prohibición del dueño, ni ha dado cuenta de ello a la Real Academia de la Historia. Si esto es así valiera más que la Comisión se disolviera y esto cuanto antes, para no hacer el papel destacado que ello representa a pesar de la protección que les dispensan las leyes; pues no queremos suponer que sea por ineptitud o miedo de los señores que la componen.
    A nuestro juicio este monumento debe pasar a la propiedad del Estado, por ser el mejor de Andalucía, y para que pueda ser visitado por todo el mundo sin las cortapisas o caprichos del señor don " Armando Soto".
     Lo que no podemos conceder los técnicos es el nombre de Soto que claramente le ha dado el catedrático alemán, pues los dólmenes tanto españoles como extranjero, solo llevan el nombre de la región o lugar donde se hallan enclavado y donde los construyeron las razas primitivas, de ningún modo el nombre del propietario de las fincas, que quiere buscar en ello un autobombo de su personalidad y lo que es peor si son profano a esta clase de estudios. Así que el dolmen que nos ocupamos, se llamará siempre en los anales prehistóricos como "El dolmen de Candón" o el de "La Lobita" por el nombre de la dehesa o región en que se halla enclavado.
    En defecto de cicerone debía repartirse o venderse una hojita impresa sobre su significado sobre el tiempo y raza que lo construyeron. De lo contrario ocurre a la mayoría de los visitantes que salen de allí con los pies fríos y con la cabeza caliente, sin saber lo que está viendo, como aquel señor, que habiendo pedido un helado, por primera vez, en un casino de Sevilla, al tomárselo de un solo golpe, gritó locamente: !Que me quemo! !Que me quemo!.
    Además el opúsculo del Jesuita Oben-Mayer no sirve para el público normal.
     Otra cosa haremos notar, que debido a los caprichos y rarezas que se ha tenido después del descubrimiento del dolmen, parece que le rodea un silencio sepulcral, no obstante la popularidad que merece, pues nadie se ocupa de ello, como justo desdén a la idiosincrasia y al poder cumpliendo sobre ello la paradójica sentencia: "Si el sabio no aprueba, malo. Si el necio aplaude, peor".


   Por don Cristóbal Jurado Carrillo.   

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