Es lo que
encontramos en la revista “Interviú” en su ejemplar nº 395 del mes de noviembre
de 1982, cuyo reportaje lo firma como el Perfecto Conde, en el que trata el
tema de la contaminación en Huelva, para información de todas aquellas gentes
que disfrutamos de tan grandioso litoral, es de obligación moral reproducir
algunos párrafos publicado en esta curiosa revista, que la hemos disfrutados
más viéndola que leyéndola.
“Sabíamos-escribe
el Perfecto Conde- que dos barcos de la naviera Auxtramarse (Auxiliar de
Transportes Marítimos S.A.) el “Niebla” y el “Nerva” el que ponemos la foto en
la portada, zarpan diariamente del puerto de Huelva con flete de suministro por
la empresa “Tioxide España, S.A., que van a desembarcar sobre las aguas de
golfo de Cádiz, no lejos de la costa de la Playa de Mazagón; estos fletes no
son otra cosa que residuos químicos que dicha empresa produce en su factoría
del polo industrial onubense. Tales vertidos se vienen haciendo desde 1976 y
por tratarse, en entre otras cosas, bióxido de titanio y ácido sulfúrico, donde
cabe la posibilidad de que se esté efectuando una importante contaminación de
las aguas que ha sido, y aún es, aunque ya mucho menos, fuente de riqueza para
muchos miles de pescadores del Sudoeste español… durante muchos años-escribe el
periodista de “Interviú”- chequeamos los movimientos de los buques de
Auxtramarsa y llegamos a la conclusión de que zarpaban todos los días, excepto
domingo y festivos, pero incluso los sábados, del muelle Reina Sofía. Ambos
barcos hacia la mar entre las 9´30 de la mañana y las 10,15 horas de cada día y
regresan a su base entre las 21,15 y las 22,15. El mismo chequeo nos permitió
llegar a la certeza de que tanto el “Nerva” como el “Niebla” suelen enfilar el
rumbo de los 210 grados una vez que, a la altura del faro del Picacho, alcanzan
el mar abierto. Informaciones recibidas confidencialmente nos permitieron
establecer la hipótesis de que empleaban alrededor de cuatro horas de
navegación para llegar a un punto del Golfo, situado a unas 35 millas de la
costa de Mazagón, en el empiezan a descargar los desechos químicos que
transportan vertiéndolos, disueltos en agua, directamente al mar”.
Tras una serie de
peripecias, los enviados de “Interviú” se vieron obligados a regresar a tierra
y, tres días más tarde, continuaron el seguimiento, una vez desde una avioneta;
“Nos alejamos de la zona sin perder altura –cuentan- y regresamos luego a un
punto calculado sobre la base y la velocidad del buque vertedor “Niebla”,
cuarenta minutos más tarde. De los tres mil metros del techo a que volábamos se
ofrecía a nuestros pies un espectáculo inusitado: una larga cola estela de
color –probablemente con más de dos kilómetros de longitud- marcaba el paso
contaminante del barco que llevaba los desechos químicos de Tioxide España,
S.A.” Y más adelante dicen que, “Entre todas las contaminaciones del mar, la
más creciente es sin duda la que proviene de la industria químicas. Téngase en
cuenta que, en todo el mundo, se venden más de 70.000 sustancias químicas y
que, solamente en los Estados Unidos, se inventan cada semana seis mil nuevos
productos de los cuales por lo menos un centenar acaba teniendo importancia
comercial… Cerca de cuatro millones de toneladas de residuos químicos ha sido
vertidos sobre un área de 210 millas cuadradas que está situada en torno a las
coordenadas 36 grados 22 minutos de latitud Norte y 6 grados 56 minutos de
longitud Oeste, Es el “cementerio químico” español al que va a parar el bióxido
de titanio, ácido sulfúrico, metales pesados y otros elementos que no ayudan
precisamente a que los pescadores de Punta Umbría, de Isla Cristina o de
Ayamonte tengan el porvenir asegurado”.
En recuadro aparte
y bajo el título: “Bióxido de titanio y ácido sulfúrico, los principales
contaminantes”, la revista “Interviú” explica que: “Según nos ha declarado el
secretario general de Tioxide España, S.A. los vertidos que realizan los barcos
“Niebla” y el” Nerva” contiene “hierro como sulfato ferroso (dependiendo del
mineral utilizado) en la proporción de 35 a 75 gramos por litro ácido sulfúrico
de 160 a 180 gramos por litro y agua de
920 a 960 gramos/litro”.
En la Dirección General del Medio Ambiente,
en la actualidad recogida precisamente por una ecologista, Concha Sáenz, la
única respuesta que obtuvimos sobre este punto fue que “los residuos se
originan y son (sic) de una planta de fabricación de pigmentos de bióxido de
titanio del polígono industrial de Huelva”,
Una muestra de agua
recogida por nosotros veinticuatro horas después de la última descarga y a una
distancia de cinco millas del área de vertidos, al ser analizada en
laboratorio, permitió detectar presencias poco normales de titanio, hierro, manganeso,
níquel, sulfato, etcétera.
La
consecuencia inmediata del vertido de ácido sulfúrico al agua del mar es
sistemáticamente la notable acidificación del medio, fenómeno que puede
provocar la muerte instantánea de algunos organismos del plancton. La presencia
del sulfato de hierro tiene, así mismo, consecuencias negativas para los
organismos acuáticos debido a su transformación en hidróxido férrico insoluble,
provocando importantes bajas en la oxigenación del agua.
Según las
investigaciones realizas en el mar del Norte y en Báltico, zonas en las que
también se vierten abundantes cantidades de residuos similares a los de Huelva,
el bióxido de titanio provoca erosión de aletas natatorias de los peces,
ulceraciones cutáneas y tumores.
Finalmente, la
acumulación de los diversos metales pesados que acompañan a estos residuos (titanio,
Zinc, cromo, níquel, manganeso, cobre, plomo, cadmio, arsénico y mercurio)
acaba teniendo también consecuencias nefastas para la fauna y la flora
marítimas por sus características de concentrarse fácil y selectivamente en los
tejidos. De hecho, y aunque algunos organismos oficiales, y desde luego los
portavoces empresariales implicados, sigan insistiendo en que los vertidos no
representan daño alguno, en las cofradías de todo el litoral onubense saben,
por el testimonio directo y constante de los pescadores, que los efectos se han
empezado a notar hace ya algún tiempo con la reducción de capturas de algunas
especies, y en el hecho que ellos consideran probado de que los propios
utensilios de pesca (redes, etcétera) resultan afectados por la corrosión
química en algunos puntos de la zona”.
José García Díaz.
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