jueves, 5 de mayo de 2022

El misterio de los aviadores franceses.

 



Un misterio, que podía haberlo tratado Iker Jiménez en su programa de Cuarto Milenio. Porque de esta aventura se sacaron río de tinta, que iban de un enfrentamiento con un platillo volante, hasta un combate aéreo contra un avión Mig- 16 soviético, sobre territorio español.

     En donde la prensa nacional, y la internacional quedaron asombrada por el misterioso e insólito accidente aéreo, suceso que nunca encontraron una explicación exacta de lo ocurrido en la provincia de Huelva, donde por suerte no se produjo desgracias personales. Su balance fue solo la pérdida por el Ejército Francés de seis reactores de entrenamiento, con un coste de tres millones de francos nuevos cada uno, unos doscientos dieciséis millones de pesetas en total, y mira por donde un bonariego fue testigo causal de los hechos.

       Resumiendo, los hechos quedan así, seis aviones reactores monoplazas “Mistere IV” franceses, despegan de la base de Cazaux (Burdeos), a las 2 menos cuarto de la tarde del 27 de mayo con destino a Sevilla. Es un vuelo calificado de “turístico”, concedido como premio a la actuación de los pilotos militares en determinados exámenes, Manda la escuadrilla el capitán Guers; el resto de los pilotos son los lugartenientes Turina, Bries, el capitán Bertrand Olivier y el sargento Maistral. Su destino final Sevilla.

                                                           


   El vuelo se presenta apacible. Pero cuando ya creían divisar la Giralda, por un error, los pilotos se encuentran en los alrededores de Huelva. El combustible se acaba. Y optan por la única solución: lanzarse en paracaídas y dejar los aparatos se estrellasen contra el suelo. Así seis reactores “Mistere” franceses caen en tierra de Huelva, en un radio de sesenta kilómetros, donde resultaron ilesos.

   El misterio empieza a surgir porque, aun cuando los pilotos insisten en que no les quedaba queroseno para aproximarse a Sevilla, las autoridades francesas, insisten en que llevaban suficiente, incluso para regresar a Biarritz. La prensa española al dar la noticia del suceso, algunas en un breve artículo decían: “Esta vez lamentamos no elogiar el heroísmo de unos aviadores de Francia que no dudaron en salvarse. La serenidad es también una asignatura. Y la responsabilidad, un deber”.

 Tuvimos que esperar los días 3 y 4 de junio de este año de 1966, cuando el Ministerio Francés de los Ejércitos y el Ministerio Español del Aire hacen públicos sendos comunicados en los que señalan los resultados de las investigaciones llevadas a cabo, para esclarecer el famoso suceso. Los franceses indican que el jefe de la patrulla cometió “cierto número de errores técnicos”, como subestimación inicial de las dificultades de un viaje de navegación sobre un país extranjero, y errores de navegación al final del recorrido, parcialmente explicables por una visibilidad mediana.

  Los hechos se produjeron sobre las 6 y media de la tarde del día 27 de mayo, y a poco corrió por todo Huelva la noticia de que a la altura de Peguerillas había caído un reactor y que su piloto se había salvado arrojándose en paracaídas. En efecto, a seis Kilómetros de la capital, en la finca conocida por “La Media Legua”, cerca de Cardeñas se había estrellado un avión al ser abandonado por su tripulante cuando volaba a unos mil metros. El ocupante, capitán Bertrand Oliver de 27 años, descendió en su paracaídas y hubo de luchar para no tropezar con una conducción eléctrica de alta tensión, cayendo felizmente a unos centenares de metros del aparato que estaba en llamas.

                                                              


  Al lugar del suceso acudieron rápidamente número de la Guardia Civil de Tráfico, Policía Municipal y el Servicio de Extinción de Incendios que, empleando unos doce mil litros de agua, lograron extinguir el incendio. El avión se había partido en dos y su morro estaba hincado unos dos metros en la tierra de labor. La cola se hallaba a unos quince metros del resto. En ella leímos la inscripción “Avions M. Dassaut IV A N.º 303”, otra inscripción con la marca: “Hispano Suiza. Verdon “. El capitán Oliber, que se mostraba muy sereno y tranquilo tras el accidente, permanecía varias horas después junto a los restos del aparato, intentando la recuperación de su equipaje que se encontraba en la parte del avión empotrada en el suelo.

     El segundo, en el paraje conocido como “La Tejita “en el campo de Lepe, dos en el coto de Doñana, uno en Villamanrique de la Condesa cuyo aparato tenía el número 308, y su piloto recogido. Este aparato estuvo dando voltereta sobre una extensión de trecientos metros, sobre los que quedaron esparcidos muchos restos del mismos. Por cierto, el último, donde realmente cayó en el termino de Trigueros, en la finca “La Lobita”, entre el Arroyo Candón y el Dolmen de Soto.

         Este fue observado, desde muy cerca por varios vecinos de Bonares, entre ellos esa tarde se encontraba arando la tierra cerca del Río Tinto, Ramón el Carrero que sintió la fuerte explosión, parecida según el a la ocurrida años antes en el polvorín de Niebla.

    La mula, asustada provocó que dejara de labrar y recoger los aparejos, para venirse lo más pronto para el pueblo, por no encontrarse cómodo como era contemplar aquella cantidad de humo raro y el mal olor que le parecía que desprendía.

                                                          


  La rareza del caso, comentada por varios diarios de grandes tiradas en aquellos días mantuvieron la misma explicación cuando se fueron obteniendo detalles. Afirmando que no se trató de accidentes simultáneos, sino abandono de los aparatos por sus pilotos al encontrarse todos sin combustible y sin el adecuado aeropuerto donde aterrizar. Entones hicieron funcionar sus sillones catapultas.

     Al día siguiente de los sucesos, quedaron totalmente localizados los seis aviones franceses siniestrados, uno cercano de Huelva, otro en Lepe, un tercero en el término de Trigueros, dos en el Coto de Doñana, y el sexto, en Villamanrique de la Condesa. Y lo mejor de las suertes es que los aviones no cayeron  sobre ninguna población.

  Los aparatos, según comunicado francés, iban perfectamente equipados con más de mil Kilos de carburantes en reserva. No se comprende como la escuadrilla perdió contacto con tierra y se despistó.

  A poco rato del accidente en Peguerilla, llegaron al lugar del suceso el Gobernador civil de la provincia don Hernán Pérez Cubillas; el coronel Diego Daza Ramírez, hasta hace poco jefe de la Comandancia de la Guardia Civil de Huelva, que se encontraba en nuestra ciudad; el comandante jefe de Huelva don José Sansón Merino; el cónsul general de Francia en Sevilla, que se hallaba con ellos; el representante consular en Huelva; el delegado provincial de Información y Turismo don Daniel Regalado Aznar y otras autoridades.

   De Sevilla se había dispuesto, al parecer, la salida de dos helicópteros que recogerían a los pilotos en los lugares en que se encontraban, pero como al caer la tarde no habían llegado, el señor Olivier fue trasladado a Huelva donde tras comprobar los médicos que no padecía lesión alguna y después de agradecer las ayudas ofrecidas por nuestra primera autoridad civil, quedó a cargo de su Consulado.

                                                     


    Asimismo, posteriormente fueron llegando los restantes pilotos, que habían caído uno en Lepe, dos en Almonte, en lugar próximo a la aldea del Rocío donde en esos momentos llegaban de Huelva, Sevilla y Cádiz las hermandades que durante tres días van a rendir su anual culto a la Blanca Paloma en la mundialmente romería. Un quinto aparato cayó en Villablanca, cerca de la frontera portuguesa y el sexto, en el condado de Niebla y San Juan del Puerto.

   El jefe de la escuadrilla era el capitán Guers, uno de los pilotos recogidos en Almonte. En Lepe cayó el sargento Jean Charles Maistret, de 28 años. Los otros protagonistas de la rara aventura eran los tenientes Turino, de Brie y Perene.

  El suceso, por lo insólito, está muy comentado que la providencia por parte de la Virgen del Rocío, le han librado de la muerte a estos jóvenes militares, dejando el suceso sólo en una sensible baja material bélico.

     A primeras horas de la noche tomaron tierra sobre el césped del Estadio Municipal de Deportes dos helicópteros de la Base de Morón, desplazados hasta Huelva para recoger a los pilotos de los aviones accidentados.

   Con relación a los múltiples accidentes de aviación ocurrido en Huelva, podemos decir que, desde Sevilla, nos informa que con la escuadrilla francesa viajaba un séptimo avión de diferentes características que un poco adelantado sobre los restantes tomó tierra sin novedad en las pistas del aeropuerto de San Pablo. Donde los seis pilotos de los aparatos siniestrados fueron evacuados a Sevilla, quedando alojados en la Base Aérea de Tablada. Allí han prestado las primeras declaraciones a los equipos de información que investigan las causas de los siniestros.

       El cónsul general de Francia en Sevilla don Edouard D.Blampre estaba en contacto con los seis pilotos, pero se han negado a hacer declaración alguna, alegando que la causa estaba siendo informada por el Ejército del Aire español.

   Pocas gentes se creyeron la versión oficial, que se publicó por parte de las autoridades, ahí hubo algo raro que aun perdura hasta el día de hoy.

 José García Díaz.

 

 

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