viernes, 30 de enero de 2026

El declive del ladrillo de Bonares.

 

                                                       


        

      Entre ello fue sin duda, el cierre de una de sus fábricas más emblemática como fue la “Pedro Barriga”, alojada en la actual barriada conocida como el “Nuevo Arenal”.

    Entrando en conflictividad laboral en los primeros días del mes de febrero del año de 1983, para pasar el jueves 19, formar una concentración en la puerta del Ayuntamiento, con el fin de dar a conocer la situación de la empresa, a la que, se sumaron trabajadores de las otras fábricas de cerámicas locales, cómo la de Santa Justa y la de los hermanos Beltrán, por donde se llegó a concentrar alrededor de 200 personas.

   La situación de la citada empresa en aquellos días, bajo información disponible que mantenía el Sindicato de Comisiones Obreras, es la siguiente, dentro de la cual exponemos: desde hace más de dos años, no se le paga a los trabajadores la totalidad de los salarios estipulados en el convenio del sector de la Cerámica, con lo que se le debían por aquellos días a cada trabajador, en concepto de atrasos una cantidad de cerca de 400,000 pesetas, más las dos semanas completas; lo que dio lugar a que los trabajadores temiendo que la deuda siguiera engordando, decidieron por mayoría en los últimos días llevar a cabo una acción de protesta, que fue contestada, por parte de la empresa, con la suspensión de empleo y sueldo de 9 trabajadores durante 60 días; lo que denuncia la totalidad de la plantilla compuesta por 36 trabajadores. Por ello, han solicitado una huelga legal, para los días de hoy y mañana, contando además con los días 1, 2 y 3 del mes de marzo; asimismo está prevista una manifestación en el pueblo para mañana día 24 a las 6 de la tarde, que dará comienzo en la plaza del Ayuntamiento y recorrerá las principales calles del pueblo. (Esta marcha quedó en parte deslucida, debido a que, en aquellos días, había a unos contratiempos motivados por las relaciones de enfrentamientos, entre los miembros de la Hermandad de la Santa Patrona, contra varias monjas, que se alojaban en la Ermita, debido a que marcaron discrepancia entre ambas partes, que para muchos vecinos era más importante que la partida puesta por los ladrilleros).

       “La situación –dice Comisiones Obreras, dentro de un comunicado dirigido a varios periódicos de esta Provincia – que esta empresa es cada día es más tensa y delicada ya que en numerosas ocasiones y por medio de la Delegación Provincial de Trabajo, han pretendido llegar a un acuerdo de solución, dando toda clases de facilidades a la empresa; pero ésta, después, nunca ha cumplido con los compromisos adquiridos llegando incluso a una situación de agresión.

      Entendemos que las soluciones a los problemas deben de buscarse por la vía del entendimiento, y no a base de cacicada propias de otros tiempos”.

     Tres días después de esta publicación en los diarios provinciales, el señor Antonio Barriga Pérez, propietario de esta empresa de su nombre, saliendo al paso de esta información por parte de Comisiones Obreras había publicado, facilitando varias aclaraciones respecto al conflicto laboral aludido. En la nota que ha enviado a los periódicos que, en principio, es sorprendente dado que alude a la empresa “Pedro Barriga”, cuando el cambio de titularidad se produjo, y fue aceptado por los trabajadores, hace más de cinco años, salvo que los citados trabajadores, o sus representantes, pretenden retrotraer los efectos de la huelga al año de 1978. Señala igualmente que no se ajustan a la realidad las informaciones sobre la cantidad que se dice deberse de atrasos, que no hayan cobrado las dos últimas semanas, que la huelga tenga por motivo el impago de los atrasos y que toda la plantilla haya secundado la mencionada huelga. “La empresa de mi propiedad -dice la nota- sufre la misma crisis que ha obligado a cerrar a más de la mitad de las empresas de la provincia, crisis agravada por la actitud de parte de los trabajadores en no aceptar unas tablas de rendimiento que al menos justificaran los salarios que se abonan, no obstante, lo cual, a pesar de haber tenido que soportar múltiple demandas, muchas infundadas, se ha seguido manteniendo el nivel de empleo, aunque como se ha dicho, con las lógicas dificultades motivadas por la recesión del mercado”.

   Concluye el escrito señalando que, a pesar de la huelga, que no ha sido secundada por la mitad de la plantilla, la fábrica sigue funcionando normalmente, destacando que resulta sospechoso que se declaren en huelga cuando se han impuesto unas sanciones y no antes, lo que induce a pensar que no es precisamente la causa económica el motivo determinante de la huelga.

       El resultado fue, que meses después la fábrica cerró, y los trabajadores quedaron en la calle, en la más completa de las ruinas, donde nos les quedó que esperar casi un año para percibir del Fondo de Garantía Salarial, donde le ayudaron a cobrar las deudas salariales y el despido, para que algunos de ellos se integraran a las labores de recolección y siembra de las fresas que comenzaban a despuntar por aquellos días.

                                                       


                  

             En la foto de arriba, es una de las más antiguas que refleja la vida local industrial, es del año de 1922, conocida como el “Horno de Pepe Vitón” fábrica de ladrillos y canales, donde apreciamos al dueño abuelo de los hermanos Beltrán, el guarda jurado con la escopeta, apodado el “Mazantini” y el que tiene en la mano el formero para hacer ladrillos Antonio “Priano”.

     Se encontraba alojada, en la calle Santa Justa en lo que actualmente es la cochera de Agustín el Maestro.

           Mientras en la foto de portada, tenemos a dos vecinos locales ejerciendo una labor histórica centenaria en la vida laboral de este pueblo, era Felipe Martínez, (abuelo del actual Felipe, el auxiliar de este Ayuntamiento), acompañado de su hermano Joselito, elaborando el singular y conocido ladrillo como los “bastos o clásicos” de toda la vida, de la manera más sencilla y antigua que se conocía para su elaboración, que era la simple mezcla amasada a mano entre barro y agua para dejarlo macerar un tiempo, antes de pasarlo al formero de madera, que mantenía una longitud de 25 centímetros por otra de 13 ancho, para luego dejarlo secar al sol un tiempo, antes de pasarlo a cocerlo artesanalmente en el horno de leña, para luego sacarlos en óptimas  condiciones metalizados, manteniendo un peso aproximado de dos kilos y medios, este sistema perduró hasta los años 60 del siglo pasado.

    Mientras, ya hacía años que algunos avispados empresarios locales, habían apostado por introducir en sus fábricas, las conocidas prensas mecánicas eléctricas, que vino a revolucionar la fabricación de los ladrillos, aumentando su producción y calidad, además de permitir el trabajo de otras variedades del producto, como era los conocidos, los gafas, finos, dobles etcétera. Pero lo más curioso que presentaba esta nueva actividad, era que los cuatros prensas locales, estaban atendida en su trabajo, por “mujeres jóvenes locales”, desde que se instaló la primera de ella, según algunos viejos ladrilleros sobre el año de 1947, todo un logro en la vida local de este pueblo, que tanto le debemos con los años a la vida del ladrillo.

José García Díaz.

 

 


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