lunes, 6 de abril de 2026

La liberación del precio del trigo.

 

                                               


               

 

      Dentro de poco tiempo, según la revista de Agricultura y Economía, lo citaba en su portada el jueves 10 de enero de 1984, para la liberación del mercado del trigo. La Administración ya tiene elaborado el proyecto de Ley, por el que se establecerá un nuevo marco de la producción y comercialización del Decreto Ley de ordenación triguera de agosto de 1937.

     Este proyecto de Ley es muy probable que sea aprobada por el Consejo de Ministro, para que sea remitida lo antes posible al Congreso para su tramitación inmediata, antes del mes de junio para que sea aplicada al comenzar la campaña de recolección de los trigales en el campo.

      Sobre esta liberación del mercado del trigo se ha producido en las últimas campañas una gran preocupación, sobre todo en los medios cerealistas, donde lo dominan los pequeños agricultores.

Hay mucho miedo a esta liberación y las cosas habría que situarlas en su punto. La aprobación de la Ley en el Congreso y, dentro quizá de pocas semanas en el Consejo de Ministros, en principio no debe variar mucho las cosas. El SEMPA (Servicio Nacional de Producto Agrarios), dejará de ser comprador único del trigo pudiendo actuar, cosa que bajo cuerda ya se está haciendo en estas pasadas campañas, el conjunto de almacenistas del cereal, si bien permanece este organismo con el fin de salvaguardar los intereses del productor a unos precios de garantía.

          La liberación del mercado del trigo es algo que se debe y se quiere hacer de una forma progresiva, tratando de defender los intereses de los agricultores. Por ello, más que la Ley en sí, lo importante es el desarrollo que se haga del conjunto de actuaciones complementarias y sobre todo la elaboración en este año de 1984 de un plan nacional de almacenamientos en el que los agricultores organizados tengan el mayor control de los mercados, parece inaplazable esta adecuación de la regulación del trigo al resto de las producciones cerealistas.

   En un lenguaje práctico, el agricultor cerealista deberá comenzar a pensar que en el SEMPA va a seguir existiendo a los solos efectos de comprar todo lo que se les ofrezca a los precios de garantía. Pero la filosofía de la Administración será la de intentar que el mercado funcione a unas cotizaciones superiores. Para ello, el agricultor deberá participar de una forma más activa, deberá intentar organizarse con una fuerza superior a la actual con el fin de que no tenga por qué acudir a vender un grano al SENPA, salvo quizá en situaciones muy excedentarias. En definitiva, se ha de intentar que funcione el mercado, pero contando con unos agricultores con capacidad de almacenamiento.

                                           


                    La mayoría de los locales de mi edad, fuimos testigos visibles de como los agricultores locales entregaban el trigo, en el "silo" o "almacén triguero", alojado en la calle del Camino del Cementerio, en su izquierda, frente la casa de Felipe Martínez, cuyo propietario era don Alfredo Saiz.

      En este año citado de 1984, es cuando el trigo cosechado, pasa como destino a los "almacenes de cereales" de la Cooperativa Agrícola Santa María Salomé, que son los que exponemos en foto, que fueron agrandado dentro de sus necesidades.

                                  -------------------------------------------------------

    La ordenación triguera actual, aunque en los últimos años se ha modificado con el fin de dar más juego al mercado, data de la Ley del año de 1937. Este Decreto-Ley se produjo y era consecuencias del momento, entre las que destacarían las siguiente: existencias de una situación deficitaria, especulación por los intermediarios, grandes oscilaciones de precios, período de guerra, necesidad de apoyo a los pequeños cerealistas que, en línea generales estaban en la zona nacional, El Gobierno, dadas las dificultades del momento, trató de conseguir y lo logró, el que el Servicio Nacional del Trigo controlarse al máximo toda la producción.

   Sin embargo, esta compleja situación fue variando a lo largo de los años y ya en la década de los años de 1960 del siglo pasado, se había tenidos momentos excedentarios, lejos de la presión de los años 30 o los 40 que fueron mucho peor.

     El proteccionismo establecido para el agricultor cerealista dio lugar a un aumento sensible de las superficies de siembra. Paralelamente, el productor se sentía protegido en el aspecto comercial por la actuación del SEMPA. Se puede decir que el agricultor ha pasado más de cuarenta años viviendo a la sombra del SENPA. Ellos han sido en muchos aspectos positivos para el sector, en cuanto le aseguraban unos niveles de ingresos sin mayores problemas. Pero, esta misma circunstancia ha sido también un freno ahora que los agricultores se organizasen como hubiera sido necesario para haber tenido en 1984 una red comercial propia y fuerte y sin dependencias excesivas de cualquier comerciante.

     Las circunstancias económicas han variado, nos encontramos en una economía de un cercano mercado, con la CEE por donde se impone un cambio progresivo en el modelo de comercio para el trigo, producto al que también hay que normalizarlos. (V.M.C.).

José García Díaz.