Dentro de poco
tiempo, según la revista de Agricultura y Economía, lo citaba en su portada el
jueves 10 de enero de 1984, para la liberación del mercado del trigo. La
Administración ya tiene elaborado el proyecto de Ley, por el que se establecerá
un nuevo marco de la producción y comercialización del Decreto Ley de
ordenación triguera de agosto de 1937.
Este proyecto de
Ley es muy probable que sea aprobada por el Consejo de Ministro, para que sea
remitida lo antes posible al Congreso para su tramitación inmediata, antes del
mes de junio para que sea aplicada al comenzar la campaña de recolección de los
trigales en el campo.
Sobre esta
liberación del mercado del trigo se ha producido en las últimas campañas una
gran preocupación, sobre todo en los medios cerealistas, donde lo dominan los
pequeños agricultores.
Hay mucho miedo a esta liberación y las cosas habría que
situarlas en su punto. La aprobación de la Ley en el Congreso y, dentro quizá
de pocas semanas en el Consejo de Ministros, en principio no debe variar mucho
las cosas. El SEMPA (Servicio Nacional de Producto Agrarios), dejará de ser
comprador único del trigo pudiendo actuar, cosa que bajo cuerda ya se está
haciendo en estas pasadas campañas, el conjunto de almacenistas del cereal, si
bien permanece este organismo con el fin de salvaguardar los intereses del
productor a unos precios de garantía.
La liberación
del mercado del trigo es algo que se debe y se quiere hacer de una forma
progresiva, tratando de defender los intereses de los agricultores. Por ello,
más que la Ley en sí, lo importante es el desarrollo que se haga del conjunto
de actuaciones complementarias y sobre todo la elaboración en este año de 1984
de un plan nacional de almacenamientos en el que los agricultores organizados
tengan el mayor control de los mercados, parece inaplazable esta adecuación de
la regulación del trigo al resto de las producciones cerealistas.
En un lenguaje
práctico, el agricultor cerealista deberá comenzar a pensar que en el SEMPA va
a seguir existiendo a los solos efectos de comprar todo lo que se les ofrezca a
los precios de garantía. Pero la filosofía de la Administración será la de
intentar que el mercado funcione a unas cotizaciones superiores. Para ello, el
agricultor deberá participar de una forma más activa, deberá intentar
organizarse con una fuerza superior a la actual con el fin de que no tenga por
qué acudir a vender un grano al SENPA, salvo quizá en situaciones muy
excedentarias. En definitiva, se ha de intentar que funcione el mercado, pero
contando con unos agricultores con capacidad de almacenamiento.
La mayoría de los locales de mi edad, fuimos testigos visibles de como los agricultores locales entregaban el trigo, en el "silo" o "almacén triguero", alojado en la calle del Camino del Cementerio, en su izquierda, frente la casa de Felipe Martínez, cuyo propietario era don Alfredo Saiz.
En este año citado de 1984, es cuando el trigo cosechado, pasa como destino a los "almacenes de cereales" de la Cooperativa Agrícola Santa María Salomé, que son los que exponemos en foto, que fueron agrandado dentro de sus necesidades.
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La ordenación
triguera actual, aunque en los últimos años se ha modificado con el fin de dar
más juego al mercado, data de la Ley del año de 1937. Este Decreto-Ley se produjo
y era consecuencias del momento, entre las que destacarían las siguiente: existencias
de una situación deficitaria, especulación por los intermediarios, grandes
oscilaciones de precios, período de guerra, necesidad de apoyo a los pequeños
cerealistas que, en línea generales estaban en la zona nacional, El Gobierno,
dadas las dificultades del momento, trató de conseguir y lo logró, el que el
Servicio Nacional del Trigo controlarse al máximo toda la producción.
Sin embargo, esta
compleja situación fue variando a lo largo de los años y ya en la década de los
años de 1960 del siglo pasado, se había tenidos momentos excedentarios, lejos
de la presión de los años 30 o los 40 que fueron mucho peor.
El proteccionismo
establecido para el agricultor cerealista dio lugar a un aumento sensible de
las superficies de siembra. Paralelamente, el productor se sentía protegido en
el aspecto comercial por la actuación del SEMPA. Se puede decir que el
agricultor ha pasado más de cuarenta años viviendo a la sombra del SENPA. Ellos
han sido en muchos aspectos positivos para el sector, en cuanto le aseguraban
unos niveles de ingresos sin mayores problemas. Pero, esta misma circunstancia
ha sido también un freno ahora que los agricultores se organizasen como hubiera
sido necesario para haber tenido en 1984 una red comercial propia y fuerte y
sin dependencias excesivas de cualquier comerciante.
Las
circunstancias económicas han variado, nos encontramos en una economía de un
cercano mercado, con la CEE por donde se impone un cambio progresivo en el
modelo de comercio para el trigo, producto al que también hay que normalizarlos.
(V.M.C.).
José García Díaz.