lunes, 31 de agosto de 2026

El curioso caso de una ballena.

                                                                               


              Corría el día 18 de mayo de 1912, cuando entró de nuevo otro cetáceo despistado por la ría cerca de la barra de Huelva. La pobre ballena se encontraba perseguida, sin el menor descanso por los cazadores profesionales de estos animales, que la emprendieron a tiros con el cetacéo, el cual con una maniobra desapareció por la mañana del lugar en donde la dejaron los pescadores.

      La noticia corrió por toda la población, y lugares de los alrededores mediante, las informaciones que mantenían los dos periódicos rivales como eran “La Provincia” y el “Diario de Huelva”, donde quedaban en apuesta, quien daban las mejores informaciones, sobre este acontecimiento, que permaneció para el recuerdo durante muchos años. También era sabido que no faltaron vecinos locales que, cogieron el tren con destino a la capital, para probar suerte al dirigirse al puerto y contemplar semejante monstruo marino, ya que era el comentario en aquellos días por toda la capital, pero que nadie ha llegado a verla, excepto un vigía de la barra y un carabinero.

     En el día citado 18 de mayo, los dos diarios coincidía con la misma noticia sobre la cuestión de horario que. “a la hora de cerrar esta edición llega a nosotros la noticia de haber aparecido en las inmediaciones de la barra una ballena de unos 20 metros.  Un remolcador de la Junta del Puerto ha salido a la mar con objeto de recogerla y conducirla al puerto”.

      El día siguiente, uno de los diarios se atreve publicar el siguiente artículo titulado “El timo de la ballena.” “Que como vino se fue. No ha querido más divertirnos”. Manteniendo ambos periódicos una guerra envidiosa e informativa, motivado todo porque las informaciones sobre la ballena, apareció por las calles de Huelva de boca a oreja, ya metida la tarde cuando comenzaban el cierre de estos dos enemigos diario. Que incluso bromeaban publicando uno de ello que no era una ballena, ni un ballenato, ni un tiburón peregrino, era un submarino alemán, que por fallo técnico había venido a pedir auxilio mecánico a este puerto.

        En el otro decía que, nuestro diario el deseo primero es de informar al público sobre la noticia que, circulada ayer, sobre la ballena aparecida en la barra, que nos obligaron a investigar la fuente fidedigna sobre la aparición de este animalito, por lo cual deducimos lo siguiente:

         En la tarde de ayer sobre las 6 de la tarde, el vigía de la barra y los carabineros de guardia en aquellos lugares, advirtieron un animal monstruoso que se encontraba a poca distancia de la barra y que en sus movimientos levantaba grandes cantidades de agua revuelta con arena.

           Inmediatamente el vigía telefoneó de la aparición a las oficinas de Obras del Puerto, por donde gran número de señores de ésta se dispusieron a emprender un “viajecito” con objeto de contemplar de cerca y en su salsa al “extraño visitante”, que sin “anunciar su llegada previamente”, había aparecido.

         Pronto estuvieron los preparativos y como no se encontraron “balleneros con experiencias”, con los excursionistas marcharon “dos ordenanzas de Obras del Puerto” “un camarero del Casino de Huelva y “un lanchero”.

   ¿Instrumentos para la pesca? Un bote y un cabo algo estropeado, por cierto.

      Una vez en la playa pudo los improvisados visitantes admirar el cetáceo. Los improvisados pescadores, consiguieron atarle un cabo a la cola. Los momentos eran solemnes.

                                                                         


  

     Una, dos, tres…. El vapor de la máquina avante y cuando todo el mundo creía que el “bicharraco” venía “tranquila y plácidamente” para camino de Huelva, viese con decepción que el cabo se escapaba y el animal quedaba en el mismo sitio “indiferente” a todo, motivado por la influencia del oleaje.

      Horas después del regreso de los excursionistas, se prepara la segunda expedición, a bordo del vapor Rábida, que ya era más técnicas por los miembros que la componía don Guillermo Duclós, el ingeniero señor Morales, el inspector provincial de Sanidad, el presidente de la Diputación y el de la Junta de Obras del Puerto, etc. Al llegar cerca del cetáceo advirtieron que estaba muerto y pensaron en sacarlo de su líquido sarcófago, pero el enorme peso de la ballena les impidió toda maniobra, aunque también de que su corrupción natural, inminente por el calor que hacía, produjera sus lógicos efectos y creara una atmosfera nauseabunda e irrespirable, a consecuencia de la cual se originara la espantosa epidemia de la “peste verde”.

     Pero un miembro del grupo recomendó, el inspector de Sanidad que después de la observación mantenida sobre el animal, afirmó que este no ofrece peligro para la salud pública, entonces que la remolquen si quieren, pero ya mi responsabilidad está salvada.

        Se decidió, por fin, soltar el remolque, quedando el cetáceo amarrado de la boya nº 6. Mientras otros lamentaban en esos momentos, que las gentes del pueblo pudieran satisfacer su curiosidad y más de uno expresó su opinión de que debería aprovecharse por lo mismo el esqueleto del cetáceo.

     El presidente de la Diputación, don Manuel Molini Lancha también se mostró de los más entusiasmado con la idea expuesta sobre la conservación del esqueleto para que estos sirvieran de estudios a los alumnos del Instituto.

       Lo mejor que produjo la ballena, fue que el negocio siempre es dinero cuando se produce un espectáculo de esta categoría, lo que motivó que este animal fuera sacada del agua mediante varias grúas mecánicas. Así, en el Parque del Muelle, en la zona de la derecha, según se entra por la plaza XII de octubre, le pusieron una lona a una alambrada que ya existía desde tiempo atrás. Se podía pasar al interior previo pago de una “perra gorda”. Testigos presenciales dicen que a aquel improvisado recinto acudió media Huelva, y muchos forasteros de los pueblos cercanos y que la citada ballena “un reguero de líquido y aceite”, cosa muy cierta ya que se desperdició 500 kilos de aceite en el tiempo que estuvo flotando y durante su exhibición en el muelle. No obstante, la sociedad explotadora de los productos del cetáceo consiguió extraer 4.200 kilos que lo vendieron con la mayor facilidad, ya que muy apreciado para la fabricación de jabones y como combustible para las lámparas.

       Dejando también constancias por medio de uno de estos diarios, cuando casi 15 días después hacía mención de otra curiosa noticia el día 30 de mayo, “cuando los viajeros llegados a bordo del vapor “Onuba” dieron cuenta de haberse cruzado el buque, a la altura del cabo San Vicente, con una enorme ballena.

      Según cuentan fueron despertados por la marinería, sobre las primeras horas de la mañana, y cuando pidieron explicación sobre las causas pudieron observar el enorme cetáceo que nadaba tranquilamente a corta distancia del buque, dejando un espectáculo digno de ser contemplado.

José García Díaz.

     

 

  

      

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