Corría el año
de 1951, cuando el diario Odiel el día 5 de junio, recogía la curiosa noticia
sobre un monstruo marino capturado por un pesquero, que medía cinco metros y
medio y su peso se calcula en 800 a 1.000 Kilos.
La noticia, como el
pez, es las que entran “pocas en libra”. Ahí es nada capturar un bicho de esta
clase. El hecho es auténtico cierto, (comenta el periodista Antonio Octavio) y
se ha registrado en Huelva. O lo que es lo mismo por gente de “la mar”,
radicada aquí, tripulantes además de un pesquero de nuestra matrícula, el
“Arena del Mar”, del que es armador don Pedro Pelayo.
Colosal la
presa, informa la montaña que representa, los pescadores vulgarizan su nombre
como el de elefante de la mar porque su tamaño se asemeja mucho a la morsa de
los mares árticos. Le faltan, al contrario que aquellas, los dos caninos o
colmillos que se prologan más de medio metro, partiendo de la mandíbula
superior. Y tal vez provenga el nombre –usual entre nuestros marineros- en
razón de su hocico picado casi en forma de trompa.
Aceptado el animal
como elefante marino a los efectos periodísticos, por cuanto que no existe
coincidencia para determinar su especie, ni entre la inmensa variedad de la
fauna marina es posible hallar su exacta definición, quede así constancia
noticiera y aclaremos pronto a los lectores que es rarísimo y extraordinario
ejemplar ha sido subastado en nuestra Lonja de pescados, luego de haber sido
limpiado de despojes; y que dividido en dos mitades, la una de ella quedó para
la venta de nuestro mercado y la otra para destinarla a la exportación.
La información no
la ha servido un azar fortuito; ya que el mismo que nos lleva a la Pescadería
en hora de la media tarde en que el popularismo centro de contratación más
parece una torre de babel; mucha gente para la cotización, cientos de cajas de
gambas; de jureles o sables; brecas y pescadillas; cazones o rapes, corvinas,
pargos y, que se yo, en diversidad tal, que el gusto más exigente y el bolsillo
mejor dispuesto, pueden encontrar amplia satisfacción a poco que se lo
propongas…
Pues bien, Allí
conocemos de la captura extraordinaria. Fue efectuada por la tripulación del
pesquero “Arena del Mar”, dotada de una tripulación de catorce hombres, y del
que es armador don Pedro Pelayo. Sabido sus proporciones son más que
suficientes para atribuirle la condición de monstruo marino, concretamos que su
peso bruto se calculó en una tonelada y en canal limpio dio 550 kilos. Esta
ilustración nos la hace el autor del pasaje el citado señor Pelayo, hombre
amable y atento a la tarea colaboradora con este diario, a nuestras preguntas.
--Además de la
cualidad propia de esa bestia marina, ¿ofrece alguna otra característica
especial?
--Que media
cinco metros y medio y de que su buche se le extrajo gran cantidad de peces
denominados padres. Es ahora cuando un muchacho moreno, curtido por los “por
los soles” y de los aires del mar quien, solicito, intervienen afirmando:
---Lo despojé yo, y
con los peces que le sacamos, llenamos tres cajas que pesaron noventa kilos. La
digestión de este bicho, es decir su “bocadillo”, se lo cortaron los hombres
del pesquero del “Arenas del Mar”, del que es director de pesca Martín
Hernández Montoya, avecinado en Punta Umbría y el patrón de cabotaje Francisco
Sosa Tierra, que lleva un mes en este barco y cinco años de marino en esta
Casa.
Entrevistado
con el señor Sosa Tierra, nos refiere que esta especie suele darse
espontáneamente por las costas de Huelva, Cádiz y contornos próximos, no obstante,
lo cual, en sus cuarenta años de trajín marinero, sólo vio este y otro.
--¿Qué impresión
causó en ustedes la vista de este monstruo marino?
---Figuresé. En
la tripulación provocó la natural inquietud, por cuanto desconocían esta
especie y hasta que no estuvo a bordo no se quedaron tranquilos.
---¿Y su carne cómo
es?
--- Es muy blanca y
sabrosa al paladar. Puedo asegurarlo porque la comimos a poco de ser apresado,
bien muy parecida al pez espada.
Luego entra en el
turno de las preguntas don Carmelo Pelayo, el cual nos aportó otros
interesantes detalles, tales como los de que había sido pescado a la altura de
la Barra de Huelva frente “El Picacho”, y que entró en el aparejo sin que nadie
se apercibiera.
----Pues así
fue. Claro que antes había sido observado en aquellas aguas por otros barcos
nuestros de Huelva, pero nadie pudo pensar que entrara en la red cuando menos
se esperaba.
---¿Se ha dado
alguna otra vez esta clase de pesca?
----De este
tamaño, no; se han apresado algunos “bajamares” que son tiburones de gran
tamaño de cien a doscientos kilos –en Pescadería vimos uno también del último peso-,
pero ninguno como aquél.
----¿Es peligrosa
su captura?
No; y contando
por otra parte como la red es tan fuerte –nos muestras una que está tendida en
el saladero--, no hay el menor que la parta. Luego la operación de izarlo a
bordo, es bien sencilla. Basta con emplear la maquinilla. Si constituyó un
problema su “alojamiento”.
---¿Y eso?
---Porque no cabía
en la bodega, y hubo necesidad de descuartizarle.
Y
como aquí termina la presente historia, real y verdadera, que por otra parte es
ya objeto de los más curiosos comentarios en los medios marineros, dejamos a su
consideración y al “se dice” el resto, mientras el hecho se agiganta de esa
manera propicia que por si demanda todo aquello que se estima extraordinario…
Con la afirmación,
de nuestra parte, de que esta pesca lo ha sido por añadidura, donde por ahora
ya ha reportado cerca de 300 pesetas de beneficio.
José García Díaz.
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